
“Bueno, qué, ¿os ha gustado más de lo que pensabais?” Respuesta unánime afirmativa y contundente. “Me compré la edición en inglés, que era más barata, porque tenía miedo de que no me gustara.” A pesar de todos los temores, nos gustó “¿Y os compraréis el segundo?” Respuesta unánime afirmativa y contundente. “¡Dicen que es mejor que el primero!”
¿Qué tendrá Los hombres que no amaban a las mujeres que nos ha enganchado tanto? No lo descubrimos. “A mí me sacó de quicio en ocasiones, cuando Bloomkvist describe por ejemplo los programas que utiliza, parece que le esté haciendo un favor al programador, y llegué a perder la paciencia con tantos sandwich y cafés”. Ya, pero… “Ni estilísticamente ni en otros aspectos me convence, le encuentro muchas pegas, la veo forzada en general, poco trabajada, quiso meter demasiadas cosas. Partió de una idea general intentando dar lecciones de periodismo, denunciar la violencia de género, criticar el Estado sueco… Y lo mete todo sin cuidado. Le he encontrado muchos defectos, pero engancha”. “Es innegable que domina la típica técnica de los bestsellers de engancharte con un tema, dejarlo por otro hasta que alcanza punto culminante y volver al anterior. A mí me desespera, pero aquí está bien llevado.”
¿Serán los personajes? “El gran personaje es Salander, está muy bien dibujado”. “Sí, porque Bloomkvist, no sé cuánto tiene tanto tiempo de investigar, entre tanto tomar café y follar… De todas maneras, a mí no me lo parece tan bien dibujado el personaje de Salander, no me parece pillado por los pelos lo que tiene que ver con su actividad de hacker, pero sí todo del final, cuando se va a Suiza, hablando no sé cuántos idiomas, me parece una ida de la olla.”
Discutimos la inclusión en el género negro de la novela, hubo ciertas discrepancias. “Para mí no se corresponde con el género negro codificado que tengo en la cabeza, la veo rollo Miss Marple o Sherlock Holmes”. “No esto de acuerdo. Hay mucha denuncia en esta novela, y no sólo de la economía, también del supuesto Estado del bienestar sueco, como lo que cuenta del asistente social y la denuncia social es típica de la novela negra, en este sentido, está emparentada con Chandler y Hammet. A mí me parece una novela negra, de manual, pero actualizada.” Efectivamente, estuvimos de acuerdo en que Stieg Larsson dio en el clavo, supo actualizar el género: “Denuncia económica, denuncia social, hackers, una mujer que se rebela contra el sistema…”
Aunque como saben todos los aficionados al género, no fue el primero. La novela negra que más se lee en el mundo es la nórdica. Hablamos del origen del fenómeno, una pareja de escritores suecos, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que popularizaron el género en el país a mediados de los años 60. Pero ¿y los motivos? “La visión que da Larsson es angustiosa, yo no creo que la vida en Suecia sea como lo que refleja, no creo que sea un retrato fiel. Es una denuncia, pero que viene de una sociedad mucho más combativa, no quiero ni pensar qué pasaría si se ambientara en Italia o España. A mí me parece irónico que esté de moda el género en un país con uno de los menores índices de asesinatos del mundo”. Ya, “pero de los más altos de suicidio, algo pasa en Suecia”.
Todavía más sobre Larsson y el auge de la novela negra nórdica en:
- “Diez nórdicos imprescindibles: el fenómeno de la novela policíaca”, de Juan Carlos Rodríguez, en El Economista. El origen del fenómeno y algunos motivos.