sábado, 1 de marzo de 2008

11 de marzo: ¿A qué sabe el amor?


En Gabriela, clavo y canela, Amado nos muestra multitud de personajes pero siempre intentando reflejar el "alma" brasileña (encarnada aquí por Gabriela y Nacib). Es el retrato de un Brasil que se está enriqueciendo con el cacao (muy distinto del Brasil sertanero y pobre de Tieta de Agreste).

En la trama se entrelazan un romance con complicaciones posteriores y una peculiar lucha por el poder en Ilheus.

(Gracias por el comentario, Fran).

Aquí tenéis los fragmentos prometidos. Por si la referencia a las "medias negras" suscitara alguna duda perversa, de ellas se hablará largo y tendido, prometido, es uno de los momentazos de la novela:

Chico Pereza y Pico Fino iban de mesa en mesa por el bar lleno, sirviendo a unos y a otros, pescando de vez en cuando un detalle de las conversaciones (…) Nacib maldecía a la vieja Filomena. Precisamente en un día de esos, con tantas novedades y semejantes acontecimientos, le había agarrado la idea de irse, dejándolo sin cocinera. Yendo de mesa en mesa, participando de las conversaciones, bebiendo con los amigos, el árabe Nacib no podía entregarse por completo al placer de los comentarios (…) Historias como aquella de amores ilícitos y venganza mortal con detalles tan suculentos ¡Medias negras, Dios mío! no sucedían todos los días. Y él estaba obligado a salir dentro de poco tiempo en busca de cocinera, en medio de los retirantes llegados al mercado de esclavos.

Aquel día el viejo estaba satisfecho y conversador. Finalmente el sol había reaparecido, el viejo plantador lo sentía en la espalda curvada, en las manos huesudas, dentro del corazón también. A los ochenta y dos años de edad, aquel sol de la mañana era su diversión. Su mejor alegría. En la época de las lluvias sentíase desdichado, se quedaba en la sala de visitas sentado en su silla austriaca atendiendo gente (…) Pero cuando hacia sol, a las diez de la mañana, estuviera con quien estuviese, se disculpaba, tomaba su bastón y se venía a la plaza. Se sentaba en un banco del jardín, donde no tardaba en aparecer alguien para hacerle compañía. Sus ojos se paseaban por la plaza, se detenían en el edificio de la Intendencia. El “coronel” Ramiro Bastos contemplaba todo aquello como si fuese propiedad suya. Y en cierta forma lo era un poco, pues él y los suyos gobernaban Ilheus desde hacía muchos años.

Jorge Amado, Gabriela, clavo y canela

Más sobre Jorge Amado en:
  • Sede de la Fundación Casa de Jorge Amado, con retratos que le hizo su mujer, Zélia Gattai, y extensos comentarios de cada una de sus obras, incluyendo el contexto en que las escribió (en inglés, francés y portugués)
  • Especial Jorge Amado con motivo de su fallecimiento, con fragmentos de Gabriela, clavo y canela y un apartado sobre el autor y las telenovelas brasileñas (!)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, pues yo creo que es difícil tragarse un libro de más de 500 páginas y que a nadie se le ocurra ni un sólo comentario. De manera que ahí van unos cuantos; este es un libro muy exuberante, incluso excesivo, y también con unas pretensiones didácticas y edificantes muy en consonancia con la ideología comunista de su autor. El tema es el progreso, un progreso que, de alguna manera, arrolla a todos los que obstaculizan su avance; desde el viejo Ramiro Bastos hasta la más que simbólica muerte del "chef de cuisine" extranjerizante y amariconado a manos de un maleante??? o lo que sea introducido por Amado en la parte final del libro a modo de "deus ex machina". No deja de resultar sorprendente que, después de tanta retórica, de tanta minuciosidad, Amado acabe su libro de cualquier manera utilizando un recurso tan poco trabajado. Veletri

Anónimo dijo...

bueno, que Amado no es el mejor escritor de su tiempo es evidente pero al menos tiene un buen sentido del ritmo y es entretenido, alguno diría que no pero siempre hay gente contraria, lastima que en esta novela en concreto acabe siendo un poco moralista, lo cual influye en como trata la figura de Gabriela

caro dijo...

Estoy de acuerdo, qué lástima que, después de tanto poema y tanto cuento, el libro acabe de cualquier manera