domingo, 13 de febrero de 2011

Cambios en el cartel


En esta entrada extraordinaria anunciamos un cambio en el cartel. Estamos teniendo ciertas dificultades para conseguir Recordatorio de Ramón Cuesta, no está en bibliotecas y no lo encontramos en librerías, así que mientras nos llega el ejemplar que tenemos encargado, nos quedamos con Jean Paul Sartre: vamos a leer Las palabras, para comentarla en marzo, y retrasamos a abril la reunión dedicada a Luis Piñer.
Además, queremos presentaros el nuevo cartel de Novelantes: es la imagen que acompaña esta entrada. Nuestro barquito de papel ha encontrado un ola sobre la que navegar. Lo encontraréis aquí en formato pdf, para que lo dejéis en vuestra biblioteca, en vuestra librería, en la panadería..., donde queráis, a ver si conseguimos arrastrar a las masas a nuestra mesa en el Nostromo.

martes, 1 de febrero de 2011

8 de febrero: Vendetta


“Ha habido y continúa habiendo dos ideas radicalmente contrarias acerca de la literatura. Una, antigua, un tanto ingenua, creía que la literatura, como el resto de las artes, era capaz de producir milagros para el mundo; la otra idea, moderna, por consiguiente en modo alguno ingenua, que la literatura y el arte no sirven a nadie excepto a sí mismas. En estas dos ideas, la verdad y la no verdad se encuentran mezcladas. No obstante, como hombre del arte que soy, yo me inclino a creer en milagros.” Ismaíl Kadaré comenzó su intervención en la ceremonia de entrega de los Príncipe de Asturias de 2009 con una frase cargada de significado teniendo en cuenta que la pronuncia un escritor que ha debido lidiar casi toda su vida con una dictadura y constituye un raro caso de disidente que publicó su (vasta) obra dentro de las fronteras del Estado que hábilmente ataca. En la novela que comentaremos, Abril quebrado, nos descubre el kanun, un código ancestral albanés basado en la venganza.

De reojo, observaba la extensión de paisaje que la ventana estrecha recortaba. Afuera reinaba marzo, medio sonriente, medio helado, con esa peligrosa luz alpina que le es propia. Después vendría abril, o más bien su primera mitad. Gjorg sintió un vacío en el lado izquierdo de su pecho. Abril, desde ahora, se le mezclaba con un dolor azulado… Sí, abril siempre la había dado esa impresión, un mes que parecía inacabado. Abril del amor, como decían las canciones. Su mes de abril quebrado… Y, a pesar de todo, era mejor así, pensaba, sin saber exactamente qué quería decir “así”: si se refería al hecho de haber vengado a su hermano o al momento en que lo había hecho.
Sólo hacía media hora que le habían concedido la tregua de treinta días y ya se había acostumbrado a la idea de que su vida estaba dividida en dos partes. Ahora, incluso, tenía la impresión de que siempre había estado así, partida en dos trozos: uno largo de veintiséis años, lento hasta el aburrimiento, hecho de veintiséis meses de marzo y veintiséis meses de abril y, además, con inviernos y veranos, y otro corto, de cuatro semanas, impetuoso, fogoso, como un alud, con una mitad de marzo y una mitad de abril, como dos ramas rotas, brillantes de escarcha.

Ismaíl Kadaré, Abril quebrado

Más sobre Kadaré en:
  • Memoria y presente: Ismaíl Kadaré, por Juan Manuel Ojembarrena en Proyecto Aula. El profesor Juan Manuel Ojembarrena abre su estudio sobre el autor con un resumen de la historia de Albania y realiza un recorrido por la obra de Kadaré ordenada no por el orden cronológico de publicación sino continuando, de manera aproximada, la línea de temporalidad de la historia albanesa.
  • La cólera de Aquiles, por Ismaíl Kadaré en Kosmopolis. Los problemas de traducción de la Ilíada llevan a una reflexión sobre la naturaleza belicosa del hombre y su incapacidad de comprender el hondo mensaje de Homero, en el discurso pronunciado por Ismaíl Kadaré en el Kosmopolis celebrado en Barcelona en 2004.
  • Reseña de Abril Despedaçado, en IMDb. ¿Cómo logra Walter Salles adaptar Abril quebrado a Brasil?

jueves, 27 de enero de 2011

Sobre el 11 de enero: Vargas Llosa


Dos nuevos novelantes (¡bienvenidos!) nos trajo Vargas Llosa. Claro que creían venir a una conferencia y se encontraron con nosotros… Fue sólo uno más de los despropósitos que acumuló la sesión más loca que recordamos: una camarera despistada, unos clientes aprovechados, novelantes atemorizados por la imprevista reaparición de la dueña del Valentina en nuestra nueva base de operaciones… Y, mientras tanto, los bocatas no llegaban y la sesión no arrancaba. Hablamos mucho de lo raro que era el día y un poquito sobre La tía Julia y el escribidor, que, en realidad, pocos habíamos leído:

Folletines y parábolas

“No la he acabado, me ha confundido. Se le nota demasiado que lo escribe para divertir y entonces no me divierte”

“La única explicación que le veo es que confronta los folletines de Camacho con su propia historia, que es folletinesca: se casa con su tía, con su prima, su padre lo persigue con un revolver… Engarzar el folletín de su vida con los de Pedro Camacho me parece un gran hallazgo, sólo eso justifica ya la novela, lo que no entiendo es por qué se empeña en contar su vida de forma tan aburrida, la parte de Varguitas es muy plana, sobre todo al final, yo creo que es algo buscado, pero no sé por qué”

“Nunca llegas a entender el porqué de su enamoramiento de la tía Julia”

“Es que no lo explica, los personajes son muy planos en esa parte. Los únicos que me gustan, aparte de Camacho, son los Genaros”

“Y en la otra parte, la de los folletines, son tan esperpénticos… No te crees nada en la novela”

“No tiene nada de profundidad”

“A mí me parece una parábola sobre la literatura, una reflexión sobre su naturaleza, enfrenta la alta literatura y la literatura popular. El autor de los folletines habla de Balzac y luego él mismo realiza en sus seriales saltos de personajes, un recurso propio de la alta literatura, al que acuden el mismo Balzac o Faulkner… Pero, claro, trasladado a los folletines es otra cosa”

Universo Vargas Llosa

“Quizá tenía unas cuantas historias ya escritas folletinescas y le apeteció hilarlas, pero, para mí gusto, se le va la mano, debería haber puesto menos historias, la historia de su vida queda demasiado alargada”

“No he leído este libro, pero los oigo hablar y voy relacionando lo que conozco del universo de Vargas Llosa con lo que dicen. En su juventud escribió folletines para sus compañeros de la academia militar, como cuenta en La ciudad y los perros. La estructura de historias paralelas la ha empleado muy habitualmente, en Conversación en la catedral, por ejemplo, que está muy bien estructurada. En La guerra del fin del mundo también lo hace o en La fiesta del chivo, que cuenta la historia de Trujillo a la vez que la de una chica que resulta ser la hija del primer ministro caído en desgracia con el dictador. Travesuras de la niña mala está menos conseguido, intenta contar una historia de 80 años en una breve novela y los personajes resultan estar vacíos”

“Igual que en esta novela”

viernes, 21 de enero de 2011

Cartel 2011 o la loca historia de los bocatas perdidos y la conferencia que nunca existió


El debate generado en comentarios a la última entrada de este blog (esperamos no haberlo provocado involuntariamente por errores de la copista) ha hecho pasar desapercibido el nuevo cartel, que lleva unos días ahí colgado en su sitio acostumbrado, al margen derecho de la página.

En la sesión más loca de novelantes que se recuerda, la dedicada a Vargas Llosa el 11 de enero (el resumen, en unos días), ultimamos nuestro calendario de lecturas: en el 2011 recorremos América de norte y sur y hacemos un par de incursiones en Rusia. No está mal, pero suena a poco tras los viajes del año pasado; sin duda volveremos a Asia el año que viene. Junto a rusos y americanos, cubrimos la cuota patria con Luis Piñer, volvemos a la Francia existencialista, recalamos en Albania con Kadaré, nos relajamos tras el verano con un divertimento alemán (?¿?) íntegramente construido a base de e-mails y acabamos el año con palabras mayores:
  • 11 de enero De Nobel: La tía Julia y el escribidor, Vargas Llosa
  • 8 de febrero Vendetta: Abril quebrado, Ismaíl Kadaré
  • 8 de marzo Herida abierta: Recordatorio de Ramón Cuesta, Luis Piñer
  • 12 de abril Memorias de niñez: Las palabras, Jean-Paul Sartre
  • 10 de mayo Tolstoi no ha muerto: Vida y destino, Vasili Grossman
  • 14 de junio Forjando el futuro: Viaje al corazón de la tormenta, Will Eisner
  • 12 de julio Historias del sur: El ruido y la furia, William Faulkner
  • 13 de septiembre Tienes un e-mail: Contra el viento del norte, Daniel Glattauer
  • 11 de octubre Líos de familia: Los hermanos Karamazov, Dostoievski
  • 8 de noviembre Triángulo amoroso: El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • 13 de diciembre NY 50s: El legado de Humboldt, Saul Bellow

domingo, 9 de enero de 2011

Sobre el 14 de diciembre: Albert Camus


Con “la obra de teatro más importante de Camus, la más representada, incluso en la actualidad”, despedimos el año. “Adscrita al ciclo de piezas del absurdo, con El extranjero y El mito de Sísifo”, Calígula fue mimada por Camus (“la empezó en 1937 y fue retocándola con los años”) y elegida por la novelante que la propuso porque le pareció que “daría lugar a debate”. Veámoslo:

¿Loco?
“Leída tiene otro aire, cazas más cosas, en la representación que vi lo que me quedó más claro es la locura de Calígula”
“Resulta más simpático que otros personajes”
“Sí, cuando habla de la luna”
“O en la representación como Venus”
“Pero en todo momento mantiene la lucidez, no es el Calígula de Suetonio”
“Es un personaje poliédrico”
“No lo representa como un loco”
“Estoy de acuerdo, pero creo que Camus se pierde por el camino”

¿Crítica o drama?
“Su idea es criticar la sociedad cómoda, del bienestar”
“Yo no creo que haya crítica social, habla de absolutos”
“Sí, es un drama existencial”
“Aunque hay una crítica de refilón a la moral convencional reflejada en el choque entre los patricios y Calígula”
“Se trata de una pieza que da lugar a muchas interpretaciones”
“Pero el gran tema es la arbitrariedad, el todo vale: para Calígula el hombre vive sin poder ser feliz y finalmente muere, todo es arbitrario”
“Da igual que lo llame la luna o el amor, nada es posible”
“Acude a un silogismo lógico para justificar una ejecución, es la razón llevada a sus últimas consecuencias”
“Asume el nihilismo y pretende extenderlo. Si os fijáis en la obra aparece repetidamente la palabra ‘nada’, desde la primeras líneas, en francés el más sonoro ‘rien”
“Pero es una obra ambigua, fue escrita en varias fases. Aunque la escribió antes, la remató después de la II Guerra Mundial y se nota en las frases finales cuando Calígula viene a decir matar no es el camino, la libertad que yo buscaba no era la correcta…”
“¿Calígula podría llegar a confundirse con Hitler?”
“De ninguna manera, Calígula habla de sí mismo diciendo que no provoca guerras. Tampoco es racista. Lo que quiere es rebelarse contra la propia existencia humana”

La voz de Camus
“Quereas podría considerarse la voz de Camus, un contrapeso ético”
“Representa la réplica frente a Calígula, su valor es replicar, algo muy camusiano: es valeroso quien considera mejor morir que vivir bajo el miedo”
“Se refería a Argelia y España, cómo hay hombres capaces de sacrificar su vida por una idea”
“En la correspondencia con René Char confiesa estar harto de París y sus intelectuales”
“Ante la guerra de Argelia estuvo del lado del Gobierno francés, lo que no aceptó fue la violencia policial. La violencia es lo que nunca aceptó, ni siquiera la de los que lucharon contra los nazis. En la guerra de Argelia se puso del lado del FLN, aunque criticó sus acciones cuando consideró que no eran justas”
“Es una postura que se malentendió y el origen de la pelotera que tuvo con Sartre”
“Las disputas con Sartre eran de otro orden, referentes al comunismo. Según Sartre, quienes no estaban con el comunismo eran perros de la burguesía”
“Sin embargo, a la muerte de Camus, escribió un obituario en el que reconoció todos sus meritos, más allá de las diferencias ideológicas”

miércoles, 5 de enero de 2011

11 de enero: De Nobel


“Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras. […] Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia. […] La literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”
Lectura, escritura y literatura fueron los tres ejes con los que vertebró Vargas Llosa su
discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de 2010, titulado “Elogio de la lectura y la ficción”. Entremedias, valoraciones políticas, recuerdos familiares y agradecimientos que llevaron a que su discurso fuera reseñado en prensa como el del Nobel “que lloró y que hizo llorar”.
Tras tantas quinielas perdidas y tantos años de carrera, ni él mismo esperaba ya ese reconocimiento. Nobel o no, nosotros lo sentimos muy cerca, pisó las mismas calles que nosotros en un tiempo en que “la dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas”, casi todos lo hemos leído y estudiado (por devoción u obligación, que para algo ha estado en todos los programas de bachillerato) y ahora lo celebramos leyendo una de sus novelas más divertidas: La tía Julia y el escribidor. Para ilustrar esta entrada, no acudimos, sin embargo, a un fragmento de las locas historias del escribidor, sino a la paralela autobiográfica: el momento en que Varguitas acude al teatro a ver la obra que, décadas después, recuerda en su discurso en Estocolmo, La muerte de un viajante:

El magno programa de ese domingo (en el que, creo, se decidió estelarmente buena parte de mi futuro) comenzó bajo los mejores auspicios. Había pocas ocasiones, en la Lima de los años cincuenta, de ver teatro de calidad, y la compañía argentina de Francisco Petrone trajo una serie de obras modernas, que no se habían dado en el Perú. Nancy recogió a la tía Julia donde la tía Olga y ambas se vinieron al centro en taxi. Javier y yo las esperábamos en la puerta del Teatro Segura. Javier, que en esas cosas solía excederse, había comprado un palco, que resultó el único ocupado, de modo que fuimos un centro de observación casi tan visible como el escenario. Con mi mala conciencia, supuse que varios parientes y conocidos nos verían y maliciarían. Pero apenas comenzó la función, se esfumaron esos temores. Representaban La muerte de un viajante, de Arthur Miller, y era la primera pieza que yo veía de carácter no tradicional, irrespetuosa de las convenciones de tiempo y espacio. Mi entusiasmo y excitación fueron tales que, en el entreacto, comencé a hablar hasta por los codos, haciendo un elogio fogoso de la obra, comentando sus personajes, su técnica, sus ideas, y luego, mientras comíamos embutidos y tomábamos cerveza negra en el Rincón Toni de la Colmena, seguí haciéndolo de una manera tan absorbente que Javier, después, me amonestó: “Parecías una lora a la que le hubieran dado yohimbina”. Mi prima Nancy, a quien mis veleidades literarias siempre le habían parecido una extravagancia semejante a la que tenía el tío Eduardo —un viejecito hermano del abuelo, juez jubilado que se dedicaba al infrecuente pasatiempo de coleccionar arañas—, después de oírme perorar tanto sobre la obra que acabábamos de ver, sospechó que mis inclinaciones podían tener mal fin: “Te estás volviendo locumbeta, flaco”.
Mario Vargas Llosa, La tía Julia y el escribidor
Más sobre Vargas Llosa en:

miércoles, 8 de diciembre de 2010

14 de diciembre: Existencialismo en la Roma imperial


Con Calígula os proponemos una amplia reflexión sobre el absurdo (utilizado hasta las últimas consecuencias: “todo está permitido”, ¿única expresión de la libertad coherente?), un único mensaje: “Los hombres mueren y nos son felices” y una única meta: poseer lo imposible.

La lógica del deseo humano llevada al límite conlleva el deseo posible de lo imposible. El deseo del imposible aparece en esta obra como una forma de error basado en la creencia de que es posible:

»Calígula: De repente me ha venido una necesidad de imposible… Por lo tanto necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, o cualquier otra cosa que, por demencial que parezca, no sea de este mundo…

»Calígula: Se trata de realizar lo que no es posible, o mejor dicho, de hacer posible lo que no lo es…

»Calígula: Voy a hacerme cargo de un reino en el que imperará lo imposible…

»Calígula: El poder brinda la oportunidad de lo imposible. A partir de hoy, y en lo sucesivo, mi libertad dejará de tener límites….

»Calígula: Cuando lo imposible reine por fin en este mundo, cuando tenga la luna en mis manos…, entonces por fin los hombres no morirán y serán felices…
Esta obra de Albert Camus refleja la preocupación del autor por el sentido de la vida: ¿vivir para morir? ¿Es la muerte el motivo de fondo de la reflexión sobre el absurdo?
»Calígula: Si me resulta fácil matar es porque no me resulta difícil morir.
La seguridad frente a la lógica: lógica del deseo y deseo del imposible (la luna):

»Calígula: La lógica, Calígula, hay que perseverar en la lógica. El poder hasta el final, el abandono hasta el final.

»Calígula: De sobra sé que me matarán, pero todavía no he agotado lo que puede mantenerme vivo. Por eso quiero la luna.

»Quereas: Tengo ganas de vivir y de ser feliz. Creo que ninguna de estas dos cosas es posible si se lleva el absurdo hasta sus últimas consecuencias… Para ser lógico debería matar o poseer.

»Quereas: Creo que hay actos mejores y peores.

»Calígula: En cambio, para mí todos son equivalentes.

»Quereas: Lo sé, Cayo, por eso mismo no te odio. Pero eres un estorbo y por tanto tienes que desaparecer.

Calígula asume lúcidamente la arbitrariedad como la lógica profunda del poder:

»Quereas: No es la primera vez que un hombre dispone en Roma de un poder sin límites, pero sí es la primera vez que lo utiliza sin límites, hasta el punto de negar el hombre y el mundo”.

La crueldad de Calígula no se recrea en el dolor de las víctimas, sino en el propio poder de producirlo.

La importancia del espejo: ¿simbolismo?, ¿monstruo o demonio?

El suicidio como problema filosófico: ¿una razón para vivir puede ser una excelente razón para morir?

Para acabar, os dejamos con una reflexión de Jordi Mascaró (La reconstrucción de la tragedia, 2004) acerca de esta obra: “Calígula coge la palabra de aquellos que le rodean, los obliga a la lógica, iguala todo lo que hay a su alrededor mediante el rechazo y la rabia de destrucción a que lo lleva su pasión por vivir.
Su error es negar a los hombres. No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo. Es por este motivo que Calígula elimina a todos aquellos que viven en el mundo que le rodea y, fiel a su lógica, hace lo que sea para armar en su contra a aquellos que acabarán matándolo. Calígula es la historia de un suicidio magno. Infiel al hombre, por fidelidad a sí mismo, Calígula consiente morir una vez ha comprendido que ningún ser humano puede salvarse solo y que no se puede ser libre contra los otros hombres.”