viernes, 29 de octubre de 2010

Sobre el 14 de octubre: Haruki Murakami


Con Murakami, Japón parece más cercano, pero no tanto porque lo vivamos, dado que “hay muchas referencias que se escapan”, como porque, a base de crear universos, deja pequeño este planeta: sus personajes emprenden viajes sin retorno, transitando “mundos paralelos que, ocasionalmente, se conectan”. No obstante, en nuestra excursión por los universos de Murakami, recalamos en Japón y recordamos a otros autores, como Mishima, y su fervor nacionalista, o Soseki, y sus libros estéticos, que nos recomendó la novelante que siempre quiere volver a Japón: “No me importa que no cuente grandes historias. Cuando los termino, en lugar de sentirme decepcionada, echo de menos el lugar donde he estado.” También hablamos de las traducciones del japonés, a veces “tan literales que quedan muy raras”, y del propio Murakami: “Lleva una vida muy ordenada y placentera, sólo escribe unas horas y el resto de su vida lo dedica al ocio, pero de una manera muy ordenada. Considera que la literatura es tóxica, que supone vaivenes emocionales y debe llevar una vida sanísima porque tiene entre manos una bomba de relojería. Escribir exige una forma física de atleta.” Pero vayamos al grano, a Kafka en la orilla:

Mundos paralelos
“Lo mejor de Murakami son los universos que crea. No me parece el mejor escritor del mundo. Sus personajes no están particularmente elaborados, pero que sea capaz de liarte, sobre todo a una persona como yo, no aficionada a la fantasía… Es que lo que te cuenta te lo crees. Estoy a gusto en sus novelas, a McEwan no me lo creo, escribe muy bien pero no me lo creo. Murakami, en cambio, explica algo inverosímil y me lo creo más”
“Te presenta como natural y verosímil algo que sabes que no lo es”
“Pero no resuelve, no cierra. Son 600 páginas y podrían ser 6.000 porque va inventando sin dar soluciones”
“Algo tienen sus historias que te atrapan”

Kafka en la orilla
“Kafka en la orilla sería la exposición más amplia del mundo de Murakami, la más representativa”
“¿Por qué el título?”
“Por la canción y por el cuadro”
“Pasa con más libros, es muy dado a poner títulos de canciones”
“¿No remite al escritor?”
“Yo creo que no, que se refiere al protagonista”

Soledad y muerte
“Una característica de su obra es la soledad”
“Es el único tema que he encontrado”
“Sus personajes, más que escapar, se dirigen a aquellos sitios que más miedo les dan porque pueden encontrar las claves que buscan”
“¿Pero las encuentran?”
“Sí, y acaban siendo adultos”
“Yo sí que veo escapismo, la biblioteca es un útero”
“Acabar en una biblioteca es una consecuencia lógica en una personalidad solitaria”
“Sus personajes son individualistas pero sin indiferencia a lo que le rodea, es un individualismo práctico”
“Se sienten diferentes, es algo muy japonés”
“Hay muchas referencias al pasado bélico, porque ha marcado mucho a la sociedad japonesa, está muy presente incluso en los jóvenes”
“Sienten obsesión por la muerte, en cualquier libro de un autor japonés hay muerte en cada página”
“Resulta clave que lea Las mil y una noches, un libro con el que se detiene la muerte”

Japón cercano
“En el libro hay muchas referencias explícitas de la cultura occidental”
“Se le critica en Japón por occidentalizado, es un súper ventas pero la crítica siempre lo ha considerado así, apenas ha recibido premios en su país”
“Pues yo veo muchas barreras en este libro, creo que hay muchas referencias que no pillo”
“Sí. Tras haber estado en Japón, se cogen muchas más referencias en una relectura”
“En lo de Johnnie Walken hay una de esas referencias que se nos escapan”
“Pues a mí me parece que, como construcción imaginativa, está muy lograda”

Prosa envolvente
“El tipo de prosa, los ambientes, la atmósfera, la fantasía de la historia que cuenta… todo eso produce muchas sensaciones”
“Es muy visual”
“Tiene mucho interés en los detalles, como cuando se detiene a describir el estado de los niños en el bosque”
“Su forma de escribir me ha llegado”
“Su prosa es envolvente, es muy hábil narrando, aunque no es un virtuoso”
“A mí no me parece que ponga cuidado al escribir”
“Aspira a otra cosa, a crear mundos”

Kafka, otra vez
“Eso lo sitúa cerca de Kafka, lo que importa en Kafka no son las frases bonitas sino los mundos que crea. Con el título podría estar haciéndole un homenaje”
“Yo no tengo esa sensación, porque Kafka me causa una gran angustia y esta novela, en cambio, es una ensoñación”
“Tanto en Kafka como en esta novela los personajes están atados a un destino”

martes, 28 de septiembre de 2010

14 de octubre: Japón cercano


¿Por qué novela habéis empezado a leer Murakami? Si, como le sucede a algunos novelantes, fue Tokio Blues vuestro primer contacto con el archifamoso autor japonés, os estáis equivocando... Dadle una oportunidad aKafka en la orilla, según la novelante que la ha propuesto para octubre, no os arrepentiréis: "Yo de Murakami me leería hasta la lista de la compra; soy uno de esos lectores 'rendidos y encantados' de los que hablaba hace años Rodrigo Fresán en Babelia. Y a mucha honra. Porque yo no leí por primera vez a Murakami porque estuviera de moda (que no lo estaba), porque fuera un éxito de ventas (que no lo era aún) o porque me chiflara el sushi (que no me chifla). No, señor. Leí Kafka en la orilla porque a mi mejor amigo le encantan los gatos y la portada de la novela me 'llamó a gritos' en una librería cuando buscaba un regalo para él. Y lo leí a pesar de que estoy totalmente en contra de que los gatos hablen y de que llueva cualquier cosa que no sea agua. A continuación, seguí leyendo todas y cada una de sus obras traducidas al inglés/español. Estadísticamente, mi amigo y yo no tenemos mucho peso; pero eso no me ha impedido recomendar siempre que se me ha preguntado que se empiece la lectura de este autor justamente por Kafka en la orilla, la novela que me parece más accesible y seductora, siendo al mismo tiempo una de las más redondas y conseguidas. Mis sondeos indican que quienes han comenzado por Norwegian Wood (traducida con el horrible título de Tokio blues) no han seguido leyendo a Murakami (me temo que no tengo datos sobre los lectores que han empezado por otras novelas, mi sondeo deja mucho que desear).
Ya sé que estoy divagando mucho; va a ser mejor que os leais la crítica de Fresán, que dice justo lo que yo quiero decir, pero bien. Fresán formula brillantemente la distinción intuitiva que los lectores de Murakami hacemos entre sus novelas. Por una parte tenemos 'los bosques de senderos claramente trazados por la fuerza avasalladora de amores correspondidos o no' (como Norwegian Wood o Al sur de la frontera, al oeste del Sol) y, por otra, 'los bosques impredecibles y salvajes en los que hay que abrirse paso a golpe de machete, sin ayuda de brújula alguna, y en los que puede suceder cualquier cosa' (como La caza del carnero salvaje o Dance Dance Dance). A esta última categoría pertenecería la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (mi preferida), así como la sorprendente y altamente desconcertante (que en una obra de Murakami ya es rizar el rizo) El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, que es prácticamente una novela de ciencia-ficción. Para Fresán, Kafka en la orilla sería 'lo mejor de ambos modelos'. Me quedo con su definición de esta novela: 'un libro extraño -un mundo nuevo- que divierte, emociona, da miedo, hace reír, intriga y, por último pero no en último lugar, desconcierta. No se le puede pedir más a una novela.' Lo dicho."
A medida que mis músculos se endurecían como el metal, me iba convirtiendo en una persona callada. Intentaba evitar que las emociones se me traslucieran en el rostro, me entrenaba para ser capaz de impedir que profesores y compañeros de clase adivinasen qué estaba pensando. Pronto entraría en el cruel y agresivo mundo de los adultos y tendría que sobrevivir en él yo solo. Debería ser más fuerte que nadie.
Al mirarme al espejo descubría en mis ojos la frialdad de los ojos de un lagarto, veía cómo mi rostro se había vuelto más duro e inexpresivo. Pensándolo bien, hacía tanto tiempo que no me reía que ni recordaba cuándo había sido la última vez. Ni siquiera sonreía. Ni a los demás ni a mí mismo.

Pero no siempre podía salvaguardar ese apacible aislamiento. En ocasiones, el alto muro que debía protegerme se desmoronaba sin más. No sucedía con frecuencia, pero a veces ocurría. Antes de que pudiera darme cuenta, la pared había desaparecido y yo estaba expuesto completamente desnudo al mundo. En esas ocasiones me sentía confuso. Terriblemente confuso. Además, allí había una profecía. Allí había una profecía semejante a las aguas negras.
Haruki Murakami, Kafka en la orilla
Más sobre Murakami en:
  • "Juguemos en el bosque", por Rodrigo Fresán, en El País. Critica de la novela en Babelia a cargo de Rodrigo Fresán.
  • Web de Murakami. ¿Os gustaría escuchar piezas de música a las que Murakami se refiere en sus novelas? Aunque está en inglés, sólo por el diseño, la entre hipnótica y rayante melodía de fondo y algunas chocantes secciones vale la pena la visita a su web.
  • Sección dedicada a Murakami en la web de Tusquets. Contenido, poco, pero el diseño, es, ciertamente, pasmoso.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Sobre el 14 de septiembre: Ian McEwan


Las marcas de rotulador fluorescente resultaron insuficientes para argumentar las conclusiones expresadas sobre Sábado, la novela de Ian McEwan a la que hemos consagrado septiembre. Y el caso es que, como se comenta en la entrada anterior, hubo un montón de temas de los que ni llegamos a hablar: “Muy curiosamente no hablamos del partido de squash a pesar del paralelismo que yo creo que tiene con el tema de la manifestación antibélica.”

Aprendiz de neurocirujano
“Al principio me entusiasmó. Las 150 primeras páginas parecen escritas en estado de gracia”
“En la segunda lectura me ha gustado menos, porque ya sabía dónde estaba lo interesante”
“Todo fluye”
“Es sorprendente su dominio de la neurocirugía. Joseph Conrad escribe sobre el mar, pero había sido marino”
“Estuvo dos años presenciando el trabajo de un neurocirujano”
“Sigue el modelo literario de Ulises y Mrs. Dalloway: el relato de un día”
“Es un escritor muy profesional, con mucho oficio, pero no me ha gustado, está bien escrita, pero hay docenas de novelas cada año mejor escritas que no se publican”
Ciencia vs. literatura
“Es una novela de tesis, aporta una visión del mundo, toda la trama está a su servicio para justificarla. Está repleta de mensajes maniqueos. Uno de ellos sería la confrontación ciencia vs. literatura: adaptados y no adaptados a esta sociedad. A los de letras se los presenta como unos amargados”
“El papel de la ciencia me parece similar al de las novelas de ciencia ficción, cómo se emplea para analizar de forma crítica a la sociedad”
“Es significativo que el protagonista tenga una madre con Alzheimer, es una manera de expresar la impotencia de la ciencia”
“En esta novela hay muy pocas cosas casuales”
“La lectura del poema que ablanda a Baxter es lo que más resbala en la novela”
“Resbala desde el punto de vista de la verosimilitud, pero encaja en el plan de la obra”
“Es una apuesta filosófica, se hace un inventario de ideologías fracasadas frente a las que se opone el conocimiento científico: el perfecto burgués va criticando las diversas utopías, todo el libro es una diatriba contra las utopías”
Perowne y la erótica de la propiedad
“Es una novela muy neutral en el lenguaje, pero muy dura en el fondo”
“Retrata un modelo de felicidad que contiene un elemento de propiedad. El nombre del protagonista no es casual: Perowne expresa la erótica de la propiedad, sólo hay que ver cómo habla de su Mercedes S500”
“La familia Perowne reúne todos los conocimientos de la civilización occidental: derecho, ciencia, lírica y música”
“Como sucedió en su día con Shólojov o Mann, McEwan es un escritor del sistema, encarna lo mejor que produce una sociedad”
“Es un escritor de derechas. Las opiniones que expresa en entrevistas son un trasunto de lo que expresa Perowne en la novela”
“La derecha más civilizada y la más peligrosa, más Blair que Thatcher”
“El personaje de Baxter es el engranaje que da cuerda a la novela. Supone introducir la lucha de clases”
“Es el modo de expresar la imposibilidad de sacar a las clases inferiores de su sufrimiento, no podemos eliminarlo, pero sí mitigarlo”

Una jornada de opiniones contundentes frente a las cuales el novelante que propuso la novela planteó “releer en contra de nuestras conclusiones para comprobar que se puede leer de otra manera, de la manera contraria”.

jueves, 9 de septiembre de 2010

14 de septiembre: Londres, otra vez


Tras el descanso vacacional, ánimo, siempre nos quedarán los fines de semana. Empezamos el curso con Sábado, de Ian McEwan. Con vosotros, el novelante que la propuso: "Este mes tenemos a un escritor educado, fino con las formas y, sin embargo, con un montón de opiniones polémicas que no se corta a la hora de exponer. ¿Es de derechas? Pues yo diría que un poco... pero, chicos, ¡que bien redacta! Se atreve a decir que no le interesa la vida de los marinos tal como la explica Conrad, habla mal del estilo literario de Henry James y clasifica Madame Bovary como cuento para adultos, todo ello muy objetable.
A McEwan le interesa la vida de alguien apegado al suelo, realista, y se mete a describir operaciones de neurocirugía como si hubiese estado presente. Y le salen textos muy creíbles, pero para mí lo mejor de su prosa está en la simple descripción de la vida cotidiana. Como muestra, propondría que viésemos como fluye el primer párrafo de la novela, entrelazando sentimientos con acciones objetivas".
Al despertar, horas antes del alba, Henry Perowne, neurocirujano, descubre que ya está en danza, aparta las mantas de su postura sedente y se levanta. No sabe con certeza el momento exacto en que ha despertado, pero tampoco le importa. Nunca ha hecho algo así, pero no se alarma y ni siquiera se sorprende un poco, porque el movimiento de sus miembros es ágil y placentero y nota una fuerza insólita en la espalda y las piernas. De pie y desnudo junto a la cama —siempre duerme desnudo—, siente su plena estatura, la respiración paciente de su mujer y el aire invernal del dormitorio en la piel. Lo cual también es una sensación placentera. El reloj de la mesilla marca las tres cuarenta. No sabe qué está haciendo levantado: no necesita aliviar la vejiga, no le perturba un sueño, tampoco un elemento del día anterior ni el estado del mundo. Es como si, ahí en la oscuridad, saliendo de la nada se hubiese materializado entero, completo, sin impedimentos. No está cansado, a pesar de la hora o de los trabajos de la víspera, ni le turba la conciencia ningún caso reciente. De hecho, está despabilado, tiene la mente en blanco y le embarga un júbilo inexplicable. Sin una decisión tomada, sin que le mueva un propósito, se dirige hacia la más cercana de las tres ventanas del dormitorio y siente su paso tan fácil y liviano que sospecha al instante que está soñando o sonámbulo. Si es así, sufrirá una decepción. Los sueños no le interesan; que esto sea real es una posibilidad más enjundiosa. Y sabe seguro que es totalmente él mismo, y sabe que está despierto: conocer la diferencia entre esto y despertar, conocer las fronteras, es la esencia de la cordura.

Ian McEwan, Sábado

Más sobre McEwan en:

lunes, 30 de agosto de 2010

Sobre el 13 de julio: Naguib Mahfuz


Dependencia, apareamiento y ataque-fuga. Son las reacciones emocionales básicas que se producen dentro de los grupos, descritas por el psicoanalista Wilfred Bion y a cuya cita acudió un novelante para teorizar sobre un fenómeno que acababa de presenciar en la reunión de julio. ¿Sería el calor, el cambio de sede? No nos extenderemos al respecto porque nos iríamos de tema: la sesión de julio fue suficientemente dispersa, basten estas notas para recoger lo muy poco que del libro del día —Entre dos palacios, de Naguib Mahfuz— allí se trató.

Personajes
“Es una novela con muchos personajes, pero el protagonista es Kamal. El autor parece identificarse con él, pues nació en 1910 y, en el momento en que se inicia la novela, tendría más o menos la misma edad”
“Es el personaje que habla más claro, el que más dice lo que piensa”
“El autor lo mira con simpatía”
“La novela refleja tres tipos de árabe: oriental, occidental y desorientado entre oriente y occidente. Este último sería Kamal”
Política e historia
“La novela se desarrolla trazando un paralelismo entre la familia protagonista y sus vicisitudes, y la historia del país entero, en un momento esencial del Egipto moderno. Las referencias históricas y políticas son constantes”
“Y bien engarzadas”
“Se nota que cuando más se emociona el autor es al hablar del nacionalismo”
Religión
“Dios no aparece en la novela”
“Pero los personajes continuamente lo invocan”
“Es difícil determinar lo que piensa el autor respecto a la religión, parece que se proteja por temor de que se le considere infiel”
“Parece que fue apartado de su puesto en el Ministerio de Asuntos Religiosos por no ser religioso”
“A mí me parece convincente en la descripción de lo religioso, con distancia pero emotividad”
“Al Islam lo mira con simpatía, la religión es su cultura y la mira con simpatía”
Obra
“El callejón de los milagros es muy diferente, hay más miseria y sordidez”
“Principio y fin también es más sórdido, y más violento. Está mejor estructurado, es como un mecanismo de relojería”
Argumento
“Es un libro que avanza muy lento”
“Narrativamente, imita a los autores del siglo XIX, Balzac, Zola, Dickens…”
“Tiene una estructura que desorienta, la tragedia no se va tejiendo en la trama, crees que va a surgir dentro de la familia y en realidad la provoca un hecho externo, la ocupación extranjera”
“Cuesta leer porque hay muchos giros en la narración, no se sigue el esquema occidental de mostrar a todos los personajes principales en relación con un único problema. Es deslavazada”
“Quizá sea por lo que comentábamos al hablar de Maalouf, sobre el modo de narrar árabe, que no se articula, como el occidental, siguiendo el esquema planteamiento, nudo y desenlace”
“De todos modos, la inconsistencia del argumento es aparente, se va desarrollando a lo largo de la trilogía”

¿A qué esperáis para leerla completa?

martes, 6 de julio de 2010

13 de julio: Callejeando


Si nos situáramos en El Cairo de la primera mitad del siglo XX y habláramos del menor de siete hermanos, hijo de funcionario, que acabará trabajando en el Ministerio de Asuntos Religiosos, después de haber estudiado la historia de su país y a los filósofos occidentales, quizá podríamos estar hablando de un personaje de la Trilogía del Cairo, pero no, estamos hablando de su autor: Naguib Mahfuz. Ha sido considerado el padre de las letras árabes, para unos por obra y gracia de la concesión del Nobel de literatura en 1988, para otros porque fue el primer escritor árabe que, en vez de escribir en árabe clásico, limitó éste al narrador dejando para los personajes el árabe coloquial, matiz que, por desgracia, no podemos apreciar en las traducciones. Entre dos palacios es el primer libro de una trilogía impuesta por la industria editorial de su tiempo, ya que, al negarse a publicar un libro de mas de 900 páginas por miedo a no venderlo, el editor le propuso a Mahfuz hacer una trilogía aprovechando las dos grandes elipsis temporales que la dividen, y éste aceptó, dando a cada libro el nombre de una calle de El Cairo: Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera. La trilogía fue un gran éxito de ventas y crítica, no en vano, cuando la academia sueca de dio el Nobel a Mahfuz, la consideraron “una demostración del arte árabe, el cual posee validez universal”. Entre mezquitas, tiendas y burdeles, disfrutemos callejeando por El Cairo, acompañando a la familia de Ahmad Abd-el Gawwad, a quien vemos, en este fragmento, imponiendo su ferrea ley:
El señor clavó en ella una mirada penetrante hasta que la mujer bajó la vista con sumisión, mientras él volvía a un estado de irritación y tristeza tal que condensó toda la ira en su pecho. Empezó a golpearse las costillas con el deseo de respirar o de buscar ayuda, luego gritó con voz tempestuosa:
— ¡Sabemos todo eso! ¡He aquí un novio que se presenta a pedir la mano de tu hija! ¡Déjame oír tu opinión!

Ella sintió que su pregunta la llevaba hacia un pozo sin fondo y dijo, sin vacilar, mientras extendía las palmas de las manos con calma:

—Mi opinión es la tuya, señor, no tengo otra.
—Si es como tú dices —rugió—, no habrías venido a hablarme del tema.

—Sólo te he hablado, señor, para informarte de la seriedad del asunto —dijo con acento apasionado y temeroso—, ya que mi deber me obliga a informarte de todo lo que se relaciona, de cerca o de lejos, con tu casa.
Él movió la cabeza, furioso, diciendo:

—¿Quién sabe? ¡Dios! ¿Quién sabe? Tú no eres más que una mujer y todas las mujeres sois tontas. El matrimonio, especialmente, os hace perder la cabeza. Quizá tú...

—Señor, ¡Dios me libre de que pienses así de mí! —le interrumpió ella con voz trémula—. Jadiga es tan hija mía, de mi carne y de mi sangre, como tuya... Su suerte me parte el corazón. En cuanto a Aisha, está aún en la primavera de la vida y no le perjudicará esperar hasta que Dios ayude a su hermana.
Él empezó a atusarse el espeso bigote con gesto nervioso y, de repente, se levantó preguntando, como si se acordara de algo:
—¿Lo sabe Jadiga?
—Sí, señor. Sacudió la mano colérico mientras chillaba:
—¿Cómo pide este oficial la mano de Aisha a pesar de que nadie la ha visto?
—Te he dicho, señor, que seguramente oyeron hablar de ella —replicó con vehemencia, a la vez que le temblaba el corazón.
—Pero él trabaja en la comisaría de el-Gamaliyya, es decir, en nuestro barrio; es como si formara parte de su gente.
—Jamás los ojos de un hombre se han posado sobre ninguna de mis hijas desde que dejaron la escuela siendo aún muy pequeñas —dijo la madre presa de una gran excitación.

Él dio una palmada y le gritó:

—¡Calma..., calma! ¿Crees que yo dudo de eso, buena mujer? Si lo hiciera el asesinato mismo me sabría a poco. Yo sólo hablo de lo que se le podría pasar por las mientes a algunos que no nos conocen. “Jamás los ojos de un hombre se han posado sobre ninguna de mis hijas.” ¡Bravo! ¿Habrías querido que se posaran sobre ellas? ¡Loca disparatada! Yo repito lo que habrán propagado las lenguas desvergonzadas de la gente. Cierto... Es el oficial del barrio, recorre nuestras calles de la mañana a la noche, y no sería de extrañar que alguien pensara en la posibilidad de que haya visto a una de las dos chicas, cuando sepan que se casa con ella. No me gusta, no quiero entregar mi hija a nadie si eso va a levantar sospechas sobre mi reputación; es más, sólo llevaré a mi hija a la casa de un hombre cuando me demuestre que lo primero que lo ha impulsado a casarse con ella es su deseo sincero de emparentar conmigo..., conmigo..., conmigo..., “Jamás los ojos de un hombre se han posado sobre ninguna de mis hijas.» ¡Bendito sea Dios, bendito sea Dios, Amina!
La madre lo escuchó sin decir palabra y se hizo el silencio en la habitación. Luego el hombre se levantó, lo cual anunciaba que se iba a vestir y a prepararse para volver a la tienda. Ella se apresuró a levantarse mientras el señor sacaba los brazos de la galabiyya y la alzaba para quitársela, pero se detuvo antes de que el escote le traspasara la barbilla y dijo con la prenda arremangada por encima del hombro como la melena de un león:
—¿El señorito Fahmi no ha medido la trascendencia de la petición que le ha formulado su amigo? —Luego, moviendo la cabeza con pena—: La gente me envidia por tener tres hijos varones y la verdad es que sólo tengo hembras..., cinco hembras.
Naguib Mahfuz, Entre dos palacios
Más sobre Mahfuz en:

miércoles, 16 de junio de 2010

Sobre el 8 de junio: Cormac McCarthy


Una novela sentenciosa, de ideología conservadora, repleta de contradicciones, con momentos ininteligibles e imágenes chuscas (“Miró al cielo. Un solitario copo grisáceo que cayera de un tamiz. Lo atrapó en la palma de su mano y lo vio expirar como la postrera hostia de la cristiandad”), pero cómo conmueve y cómo engancha: como el Hombre y el Hijo, todos queríamos llegar al mar, al sur, huir del frío, pero al llegar resulta que el mar no es azul y todo sigue igual.

Es la conclusión a la que llegamos sobre La carretera. Pero comenzamos leyendo el final: “Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio.”

El final
“¿Qué significa ese final?”.
“Quiere decir que el mundo existió antes y después del hombre, que puede seguir sin él”.
“Después de la catástrofe, el mundo puede ser mejor o una repetición, yo estoy por lo segundo”, “Yo no creo que apunte en esa dirección, sino que el final es esperanzador”, “Sí, yo no lo veo tan pesimista”.
Cosmovisión
“He leído No es país para viejos y es muy similar, pesimista, apocalíptica; es como si el mundo que retrata en esa novela lleve al de La carretera, el autor parte de la misma cosmovisión”.
“No se hace alusión a la catástrofe, seguramente eso obedece a que quiere dejar abiertos más significados alegóricos para la situación, podría llegar a pensarse que se trata de un castigo bíblico a una humanidad degenerada, a su degradación moral”.
“Es una novela tan imbuida en la religión que no es extraño que la destacase Harold Bloom. Además de crítico, también es un teórico de las religiones y ha estudiado lo que considera la religión estadounidense. Es una sociedad en la que la religión está en todas partes de modo que ha llegado a desarrollar una religión propia, gnosticista: cada americano cree que acoge una chispa de divinidad”.
Estilo y punto de vista
“El estilo es preciso, puntillista, muestra un vocabulario muy rico, estoy seguro de que consulta todos los diccionarios habidos y por haber, de sinónimos, especializados… es imposible que alguien guarde en la cabeza todo eso”.
“Me choca que el narrador parece una cámara, ¿cómo puede ser que en una novela moderna haya un narrador omnisciente?”, “A mí no me disgusta que haya narrador omnisciente”, “Eso explicaría las novelas que propones”, “Pues para mí resulta muy extraño el narrador omnisciente en una novela actual, me molesta la falta de pulcritud respecto al punto de vista”, “Es que no es una novela moderna, como todas las novelas relevantes de las últimas décadas, es antigua en su esquema narrativo. Las tres o cuatro mejores novelas de este siglo parecen haberse saltado las décadas de los 20 y 30 del pasado”.
“Los diálogos son crudos, no transmiten”, “Parecen oraciones, rezos”, “Es cierto, el ‘vale’ convertido en un amén”.
“Pero ¿os ha conmovido? Yo estoy en contra de la ideología que se respira, yo creo que lo que cuenta la novela no pasaría, el ser humano ha vivido sin religión y esto no sucedía. Pero me ha conmovido”.
Personajes
“Lo peor no es el mundo apocalíptico sino aquello en que los hombres se convierten en él”.
“Pero aún quedan quienes muestran resistencia a caer, que mantienen una lucha moral por mantenerse fuera de la barbarie”.
“Los que tienen el fuego, el fuego es la moral, los principios”.
“Lo más destacable de la novela me parece la relación paterno-filial, la salvación es la familia, el padre muere porque es parte del mundo antiguo, el hijo se salva, es heredero de aquello que se perdió”.
“Es una promesa de buena nueva, un niño que no se ve afectado por la barbarie a su alrededor, si su alma se mantiene pura, es posible un renacimiento del mundo”.