
“Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia”. El título de la novela que comentamos queda explicado en esta cita, inicio de Las Catilinarias de Cicerón. Perfectamente podría haberla declamado una novelante asqueada por Nothomb: “No me gusta cómo escribe. Me desagradó desde el segundo párrafo. No caigo en sus provocaciones. Además, desde el principio ves lo que va a pasar, aunque el final me gustó más de lo que pensaba.”
Hasta cuándo abusarás, Nothomb, de nuestra paciencia. A la carga contra la escritora se sumó otro novelante que, sin embargo, había expresado al principio un convencido “me ha gustado”. En realidad, ambos estaban destinados a encontrarse, habían coincidido en su valoración del final: “Cuando leí la contra, temí que no pudiera mantener la tensión con ese argumento, pero está bien llevado, el final te lo esperas y a la vez no te lo esperas.”
Al convertirse en un combate, la reunión sirvió para demostrar que estamos ante una escritora que desconcierta y divide. “Tiene gracia para escribir, se adscribe a la escuela francesa de siempre, su prosa es clara, rápida y esperpéntica. Tiene una visión muy irónica de la vida y una gran capacidad para llevar las cosas al límite. En sus novelas se observa diversidad de argumentos, pero siempre son de conflicto.” Y tanto, logra que consideres un asesinato “una acción de misericordia, higiénica”, y para la novelante asqueada, hasta se quedó corta: “Yo me hubiera cargado a más gente, al protagonista, por ejemplo, ¡qué pesado!”
Es la típica novela en la que “no puedes fiarte del narrador”. “Es cierto, no profundiza pero creo que tampoco lo intenta y no hay ningún personaje al que agarrarse, pero es que tampoco se lo plantea”. “Es demasiado brillante, parece que odie corregir.”
“A mí no me parece tan brillante. Es muy inteligente, pero también vaga. Veo destellos, como en la visita de Claire, cuando el protagonista se da cuenta de que es viejo”. “Pues para mí falla en esos momentos serios, los encuentro menos brillantes. Prefiero otros, como cuando reflexiona sobre el tiempo o el autoconocimiento”. “A mí es eso lo que me parece fácil”. “Pero a mí me gusta que juegue conmigo, a provocarme revirtiendo tópicos: vejez es sabiduría, el tiempo pasa volando…”
Nothomb, número uno de ventas en Francia, por encima de vacas sagradas de ochenta y noventa años: “Su éxito refleja el momento social. Tiene éxito pero no está al nivel de esas vacas sagradas. Escribe porque se divierte. Busca la comercialidad.” Alguien recordó que Stephen King decía de Joyce que con semejante capacidad, ser tan poco productivo… menuda lástima. Con Nothomb sucede precisamente lo que tanto desea King para las vacas sagradas: “Ha encontrado una fórmula, hoy en día cuando te haces millonario…”