miércoles, 8 de diciembre de 2010

14 de diciembre: Existencialismo en la Roma imperial


Con Calígula os proponemos una amplia reflexión sobre el absurdo (utilizado hasta las últimas consecuencias: “todo está permitido”, ¿única expresión de la libertad coherente?), un único mensaje: “Los hombres mueren y nos son felices” y una única meta: poseer lo imposible.

La lógica del deseo humano llevada al límite conlleva el deseo posible de lo imposible. El deseo del imposible aparece en esta obra como una forma de error basado en la creencia de que es posible:

»Calígula: De repente me ha venido una necesidad de imposible… Por lo tanto necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, o cualquier otra cosa que, por demencial que parezca, no sea de este mundo…

»Calígula: Se trata de realizar lo que no es posible, o mejor dicho, de hacer posible lo que no lo es…

»Calígula: Voy a hacerme cargo de un reino en el que imperará lo imposible…

»Calígula: El poder brinda la oportunidad de lo imposible. A partir de hoy, y en lo sucesivo, mi libertad dejará de tener límites….

»Calígula: Cuando lo imposible reine por fin en este mundo, cuando tenga la luna en mis manos…, entonces por fin los hombres no morirán y serán felices…
Esta obra de Albert Camus refleja la preocupación del autor por el sentido de la vida: ¿vivir para morir? ¿Es la muerte el motivo de fondo de la reflexión sobre el absurdo?
»Calígula: Si me resulta fácil matar es porque no me resulta difícil morir.
La seguridad frente a la lógica: lógica del deseo y deseo del imposible (la luna):

»Calígula: La lógica, Calígula, hay que perseverar en la lógica. El poder hasta el final, el abandono hasta el final.

»Calígula: De sobra sé que me matarán, pero todavía no he agotado lo que puede mantenerme vivo. Por eso quiero la luna.

»Quereas: Tengo ganas de vivir y de ser feliz. Creo que ninguna de estas dos cosas es posible si se lleva el absurdo hasta sus últimas consecuencias… Para ser lógico debería matar o poseer.

»Quereas: Creo que hay actos mejores y peores.

»Calígula: En cambio, para mí todos son equivalentes.

»Quereas: Lo sé, Cayo, por eso mismo no te odio. Pero eres un estorbo y por tanto tienes que desaparecer.

Calígula asume lúcidamente la arbitrariedad como la lógica profunda del poder:

»Quereas: No es la primera vez que un hombre dispone en Roma de un poder sin límites, pero sí es la primera vez que lo utiliza sin límites, hasta el punto de negar el hombre y el mundo”.

La crueldad de Calígula no se recrea en el dolor de las víctimas, sino en el propio poder de producirlo.

La importancia del espejo: ¿simbolismo?, ¿monstruo o demonio?

El suicidio como problema filosófico: ¿una razón para vivir puede ser una excelente razón para morir?

Para acabar, os dejamos con una reflexión de Jordi Mascaró (La reconstrucción de la tragedia, 2004) acerca de esta obra: “Calígula coge la palabra de aquellos que le rodean, los obliga a la lógica, iguala todo lo que hay a su alrededor mediante el rechazo y la rabia de destrucción a que lo lleva su pasión por vivir.
Su error es negar a los hombres. No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo. Es por este motivo que Calígula elimina a todos aquellos que viven en el mundo que le rodea y, fiel a su lógica, hace lo que sea para armar en su contra a aquellos que acabarán matándolo. Calígula es la historia de un suicidio magno. Infiel al hombre, por fidelidad a sí mismo, Calígula consiente morir una vez ha comprendido que ningún ser humano puede salvarse solo y que no se puede ser libre contra los otros hombres.”

martes, 30 de noviembre de 2010

Sobre el 9 de noviembre: Patricia Highsmith


No ocurrió. La novelante que propuso comentar a Patricia Highsmith temía que la sesión fuera una de ésas devorada por la personalidad del autor, pero, esta vez, fue el personaje el que se comió al escritor. Ripley, “un personaje redondo para hacer películas” —la última, con Matt Damon, “el mejor Ripley” pero no la mejor película—, se convirtió en el protagonista del día, ese Ripley joven, que se inicia en el crimen en la novela que comentábamos: A pleno sol (así se tradujo aquí el título original, por influencia de la peli de Clément). ¿O acaso Ripley y Highsmith vienen a ser lo mismo? Ésa fue la primera idea que se planteó:

Ambigüedad
“Veo una identificación clara entre Tom Ripley y Patricia Highsmith.”
“Siente una clara simpatía por Ripley, muestra ambigüedad al retratarlo.”
“No muestra objetividad.”
“Es que ella no juzga, Dostoievski sí lo hace.”
“Ripley es un trasunto de lo que nos atormenta, muestra el conflicto de Highsmith, que por múltiples razones se encuentra en conflicto con la sociedad, pero no es tonta y sabe lo que representa Ripley.”

¿Amor despechado o falta de identidad?
“El asesinato de Dickie tiene un móvil pasional, es un amor despechado.”
“No estoy de acuerdo, no veo un móvil pasional, yo creo que los crímenes tienen que ver con su necesidad de suplantar identidades debido a que él le falta la suya propia. Es un personaje que pierde a sus padres cuando aún es un niño, vive sin orígenes, está hueco.”
“Yo no creo que no tenga identidad, sino que no le gusta y sus crímenes tienen un móvil sexual.”
“A mí no me parece que haya un móvil sexual pero sí que estoy de acuerdo con que se siente hueco y no se gusta.”
“Al revés que él, Dickie logra el amor de los demás sin esfuerzo, mantiene relaciones cálidas con todo el mundo sin proponérselo.”

Perversidad
“El patriarca Greenleaf me parece un personaje particularmente logrado, un idiota con éxito social, cuya propia estupidez le lleva al extremo de provocar la muerte de su propio hijo, pues, es él quien envía a Ripley a buscarlo. Highsmith muestra una gran perversidad.”
“En el retrato incompleto que hace de Ripley resulta magistral.”
“Los personajes nunca son atrapados del todo, como en la vida misma.”
“Ripley es un personaje con el que no puedes identificarte.”
“Es que no es necesario identificarse con él. Lo que retrata Highsmith es una sociedad enferma.”

Desazón y éxtasis
“Al cometer los asesinatos, Ripley siempre muestra un estado de gran desazón, síntomas físicos que muestran cómo sufre esa situación extrema. Como justificación de los crímenes, animaliza a las víctimas. Después de matar, entra en éxtasis, su mundo queda momentáneamente purificado.”
“Highsmith describe muy detalladamente cómo se producen los crímenes, incluye los asesinatos en un clima de cotidianidad.”
“Todo surge de manera muy natural.”
“Consigue un clima inquietante, desazonador.”
“En su momento, aportó originalidad a la novela negra, porque puso el foco en el asesino en vez de en el investigador.”

Sinceridad e ingenio
“Se podría decir que Ripley asesina porque le molesta la normalidad.”
“Rompe los tabús. En ese sentido, relaciono esta novela con Kierkegaard. En Temor y temblor recuerda la prueba a la que es sometido Abraham cuando Dios le pide matar a su hijo Isaac. Explora esos momentos de suspensión ética, que también vive Ripley. Muestra cómo la máxima prueba de amor a Dios es romper los tabús.”
“Fue una mujer muy rara y sus obras lo prueban, es un caso de escritor que, sin escribir particularmente bien, logra dotar de gran fuerza a sus personajes; en este sentido está emparentada con Dostoievski, se nota que le gusta mucho. Se le podría considerar su reverso.”
“Su estilo es despojado, me llamó mucho la atención.”
“Lo que llamas despojado tiene que ver con la carencia de figuras retóricas, para las que no estaba dotada, no tiene ninguna capacidad para las metáforas. Te atrapa por su sinceridad y por su ingenio, su enorme inteligencia.”

martes, 2 de noviembre de 2010

9 de noviembre: Enemigo íntimo


Hija de divorciados, su madre le confesó que durante su embarazo había tratado de abortar bebiendo aguarrás. Lesbiana, solitaria, amante de los gatos (dedicó su novela Spider a su gato) y de los ¡caracoles!, en sus primeros años, su libro de cabecera fue La mente humana, de Karl Menninger, un tratado sobre alteraciones de la psique. "La autora que escribe sobre los hombres como una araña escribiría sobre las moscas" es la frase más repetida sobre su literatura en las contraportadas.
Si nos dejamos llevar por lo que sobre Patricia Highsmith ha llegado a decirse, la sesión que le dedicaremos será una de ésas devoradas por la personalidad del autor. Caracoles aparte, Highsmith demostró tanta generosidad respecto a su arte, que esperamos corresponderle con la misma moneda. La escritora inicia así su ensayo, Suspense, cómo se escribe una novela de intriga: "Al escribir un libro, a la primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte durante todo el tiempo que te lleve escribir el libro, más adelante también divertirás a los editores y a los lectores". Y con esta idea lo finaliza: "Termino este libro con la sensación de que me he olvidado de algo, de algo de vital importancia. Así es. Es la individualidad, es el gozo de escribir, que en realidad no puede describirse, no puede captarse con palabras y transmitirse a otra persona para que lo comparta o utilice. Es el extraño poder que tiene el trabajo de transformar una habitación, cualquier habitación, en algo muy especial para un escritor que ha trabajado en ella, y que en ella ha sudado y maldecido y tal vez conocido unos pocos minutos de triunfo y satisfacción". El gozo de escribir, en definitiva. Y de leerla: aquí os dejamos con su criatura Tom Ripley:

—Marge, tienes que comprender que no estoy enamorado de ti—dijo Tom frente al espejo e imitando la voz de Dickie, más aguda al hacer énfasis en una palabra, y con aquella especie de ruido gutural, al terminar las frases, que podía resultar agradable o molesto, íntimo o distanciado, según el humor de Dickie—. ¡Marge, ya basta!

Tom se volvió bruscamente y levantó las manos en el aire, como si agarrase la garganta de la muchacha. La zarandeó, apretándola mientras ella iba desplomándose lentamente, hasta quedar tendida en el suelo, como un saco vacío. Tom jadeaba. Se secó la frente tal como lo hacía Dickie, buscó su pañuelo, y, al no encontrarlo, sacó uno de Dickie del primer cajón de la cómoda, luego siguió con su actuación delante del espejo. Entreabrió la boca y observó que hasta sus labios se parecían a los de Dickie cuando éste se hallaba sin aliento después de nadar.

—Ya sabes por qué he tenido que hacerlo —dijo, sin dejar de jadear y dirigiéndose a Marge, pese a estar contemplándose a sí mismo en el espejo. —Te estabas interponiendo entre Tom y yo... ¡Te equivocas, no se trata de eso! ¡Pero sí hay un lazo entre nosotros!

Dio media vuelta y, sorteando el cadáver imaginario, se acercó sigilosamente a la ventana. Más allá de la curva de la carretera, podían verse los escalones que subían hasta el domicilio de Marge. Dickie no estaba allí ni en los tramos de carretera visibles desde la ventana.

"Tal vez estén durmiendo juntos", pensó Tom, sintiendo un nudo de asco en la garganta. Se imaginó el acto, torpe, chapucero, dejando insatisfecho a Dickie y maravilloso para Marge. Se dijo que a la muchacha le agradaría hasta que Dickie la torturase. Se acercó rápidamente al ropero y sacó un sombrero de la estantería de arriba. Era un pequeño sombrero tirolés, adornado con una pluma verde y blanca. Se lo encasquetó airosamente, sorprendiéndose al comprobar lo mucho que se parecía a Dickie con la parte superior de la cabeza oculta bajo el sombrero. De hecho, lo único que les diferenciaba era que su pelo era más oscuro. Por lo demás, la nariz… al menos su forma en general... la mandíbula enjuta, las cejas si les daba la expresión apropiada...

—¿Qué diablos estás haciendo? Tom se volvió rápidamente. Dickie estaba en la puerta. Tom comprendió que debía de haber estado en la verja al asomarse él momentos antes, por eso no le había visto.


Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley

Más sobre Highsmith en:

viernes, 29 de octubre de 2010

Sobre el 14 de octubre: Haruki Murakami


Con Murakami, Japón parece más cercano, pero no tanto porque lo vivamos, dado que “hay muchas referencias que se escapan”, como porque, a base de crear universos, deja pequeño este planeta: sus personajes emprenden viajes sin retorno, transitando “mundos paralelos que, ocasionalmente, se conectan”. No obstante, en nuestra excursión por los universos de Murakami, recalamos en Japón y recordamos a otros autores, como Mishima, y su fervor nacionalista, o Soseki, y sus libros estéticos, que nos recomendó la novelante que siempre quiere volver a Japón: “No me importa que no cuente grandes historias. Cuando los termino, en lugar de sentirme decepcionada, echo de menos el lugar donde he estado.” También hablamos de las traducciones del japonés, a veces “tan literales que quedan muy raras”, y del propio Murakami: “Lleva una vida muy ordenada y placentera, sólo escribe unas horas y el resto de su vida lo dedica al ocio, pero de una manera muy ordenada. Considera que la literatura es tóxica, que supone vaivenes emocionales y debe llevar una vida sanísima porque tiene entre manos una bomba de relojería. Escribir exige una forma física de atleta.” Pero vayamos al grano, a Kafka en la orilla:

Mundos paralelos
“Lo mejor de Murakami son los universos que crea. No me parece el mejor escritor del mundo. Sus personajes no están particularmente elaborados, pero que sea capaz de liarte, sobre todo a una persona como yo, no aficionada a la fantasía… Es que lo que te cuenta te lo crees. Estoy a gusto en sus novelas, a McEwan no me lo creo, escribe muy bien pero no me lo creo. Murakami, en cambio, explica algo inverosímil y me lo creo más”
“Te presenta como natural y verosímil algo que sabes que no lo es”
“Pero no resuelve, no cierra. Son 600 páginas y podrían ser 6.000 porque va inventando sin dar soluciones”
“Algo tienen sus historias que te atrapan”

Kafka en la orilla
Kafka en la orilla sería la exposición más amplia del mundo de Murakami, la más representativa”
“¿Por qué el título?”
“Por la canción y por el cuadro”
“Pasa con más libros, es muy dado a poner títulos de canciones”
“¿No remite al escritor?”
“Yo creo que no, que se refiere al protagonista”

Soledad y muerte
“Una característica de su obra es la soledad”
“Es el único tema que he encontrado”
“Sus personajes, más que escapar, se dirigen a aquellos sitios que más miedo les dan porque pueden encontrar las claves que buscan”
“¿Pero las encuentran?”
“Sí, y acaban siendo adultos”
“Yo sí que veo escapismo, la biblioteca es un útero”
“Acabar en una biblioteca es una consecuencia lógica en una personalidad solitaria”
“Sus personajes son individualistas pero sin indiferencia a lo que le rodea, es un individualismo práctico”
“Se sienten diferentes, es algo muy japonés”
“Hay muchas referencias al pasado bélico, porque ha marcado mucho a la sociedad japonesa, está muy presente incluso en los jóvenes”
“Sienten obsesión por la muerte, en cualquier libro de un autor japonés hay muerte en cada página”
“Resulta clave que lea Las mil y una noches, un libro con el que se detiene la muerte”

Japón cercano
“En el libro hay muchas referencias explícitas de la cultura occidental”
“Se le critica en Japón por occidentalizado, es un súper ventas pero la crítica siempre lo ha considerado así, apenas ha recibido premios en su país”
“Pues yo veo muchas barreras en este libro, creo que hay muchas referencias que no pillo”
“Sí. Tras haber estado en Japón, se cogen muchas más referencias en una relectura”
“En lo de Johnnie Walken hay una de esas referencias que se nos escapan”
“Pues a mí me parece que, como construcción imaginativa, está muy lograda”

Prosa envolvente
“El tipo de prosa, los ambientes, la atmósfera, la fantasía de la historia que cuenta… todo eso produce muchas sensaciones”
“Es muy visual”
“Tiene mucho interés en los detalles, como cuando se detiene a describir el estado de los niños en el bosque”
“Su forma de escribir me ha llegado”
“Su prosa es envolvente, es muy hábil narrando, aunque no es un virtuoso”
“A mí no me parece que ponga cuidado al escribir”
“Aspira a otra cosa, a crear mundos”

Kafka, otra vez
“Eso lo sitúa cerca de Kafka, lo que importa en Kafka no son las frases bonitas sino los mundos que crea. Con el título podría estar haciéndole un homenaje”
“Yo no tengo esa sensación, porque Kafka me causa una gran angustia y esta novela, en cambio, es una ensoñación”
“Tanto en Kafka como en esta novela los personajes están atados a un destino”

martes, 28 de septiembre de 2010

14 de octubre: Japón cercano


¿Por qué novela habéis empezado a leer Murakami? Si, como le sucede a algunos novelantes, fue Tokio Blues vuestro primer contacto con el archifamoso autor japonés, os estáis equivocando... Dadle una oportunidad aKafka en la orilla, según la novelante que la ha propuesto para octubre, no os arrepentiréis: "Yo de Murakami me leería hasta la lista de la compra; soy uno de esos lectores 'rendidos y encantados' de los que hablaba hace años Rodrigo Fresán en Babelia. Y a mucha honra. Porque yo no leí por primera vez a Murakami porque estuviera de moda (que no lo estaba), porque fuera un éxito de ventas (que no lo era aún) o porque me chiflara el sushi (que no me chifla). No, señor. Leí Kafka en la orilla porque a mi mejor amigo le encantan los gatos y la portada de la novela me 'llamó a gritos' en una librería cuando buscaba un regalo para él. Y lo leí a pesar de que estoy totalmente en contra de que los gatos hablen y de que llueva cualquier cosa que no sea agua. A continuación, seguí leyendo todas y cada una de sus obras traducidas al inglés/español. Estadísticamente, mi amigo y yo no tenemos mucho peso; pero eso no me ha impedido recomendar siempre que se me ha preguntado que se empiece la lectura de este autor justamente por Kafka en la orilla, la novela que me parece más accesible y seductora, siendo al mismo tiempo una de las más redondas y conseguidas. Mis sondeos indican que quienes han comenzado por Norwegian Wood (traducida con el horrible título de Tokio blues) no han seguido leyendo a Murakami (me temo que no tengo datos sobre los lectores que han empezado por otras novelas, mi sondeo deja mucho que desear).
Ya sé que estoy divagando mucho; va a ser mejor que os leais la crítica de Fresán, que dice justo lo que yo quiero decir, pero bien. Fresán formula brillantemente la distinción intuitiva que los lectores de Murakami hacemos entre sus novelas. Por una parte tenemos 'los bosques de senderos claramente trazados por la fuerza avasalladora de amores correspondidos o no' (como Norwegian Wood o Al sur de la frontera, al oeste del Sol) y, por otra, 'los bosques impredecibles y salvajes en los que hay que abrirse paso a golpe de machete, sin ayuda de brújula alguna, y en los que puede suceder cualquier cosa' (como La caza del carnero salvaje o Dance Dance Dance). A esta última categoría pertenecería la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (mi preferida), así como la sorprendente y altamente desconcertante (que en una obra de Murakami ya es rizar el rizo) El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, que es prácticamente una novela de ciencia-ficción. Para Fresán, Kafka en la orilla sería 'lo mejor de ambos modelos'. Me quedo con su definición de esta novela: 'un libro extraño -un mundo nuevo- que divierte, emociona, da miedo, hace reír, intriga y, por último pero no en último lugar, desconcierta. No se le puede pedir más a una novela.' Lo dicho."
A medida que mis músculos se endurecían como el metal, me iba convirtiendo en una persona callada. Intentaba evitar que las emociones se me traslucieran en el rostro, me entrenaba para ser capaz de impedir que profesores y compañeros de clase adivinasen qué estaba pensando. Pronto entraría en el cruel y agresivo mundo de los adultos y tendría que sobrevivir en él yo solo. Debería ser más fuerte que nadie.
Al mirarme al espejo descubría en mis ojos la frialdad de los ojos de un lagarto, veía cómo mi rostro se había vuelto más duro e inexpresivo. Pensándolo bien, hacía tanto tiempo que no me reía que ni recordaba cuándo había sido la última vez. Ni siquiera sonreía. Ni a los demás ni a mí mismo.

Pero no siempre podía salvaguardar ese apacible aislamiento. En ocasiones, el alto muro que debía protegerme se desmoronaba sin más. No sucedía con frecuencia, pero a veces ocurría. Antes de que pudiera darme cuenta, la pared había desaparecido y yo estaba expuesto completamente desnudo al mundo. En esas ocasiones me sentía confuso. Terriblemente confuso. Además, allí había una profecía. Allí había una profecía semejante a las aguas negras.
Haruki Murakami, Kafka en la orilla
Más sobre Murakami en:
  • "Juguemos en el bosque", por Rodrigo Fresán, en El País. Critica de la novela en Babelia a cargo de Rodrigo Fresán.
  • Web de Murakami. ¿Os gustaría escuchar piezas de música a las que Murakami se refiere en sus novelas? Aunque está en inglés, sólo por el diseño, la entre hipnótica y rayante melodía de fondo y algunas chocantes secciones vale la pena la visita a su web.
  • Sección dedicada a Murakami en la web de Tusquets. Contenido, poco, pero el diseño, es, ciertamente, pasmoso.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Sobre el 14 de septiembre: Ian McEwan


Las marcas de rotulador fluorescente resultaron insuficientes para argumentar las conclusiones expresadas sobre Sábado, la novela de Ian McEwan a la que hemos consagrado septiembre. Y el caso es que, como se comenta en la entrada anterior, hubo un montón de temas de los que ni llegamos a hablar: “Muy curiosamente no hablamos del partido de squash a pesar del paralelismo que yo creo que tiene con el tema de la manifestación antibélica.”

Aprendiz de neurocirujano
“Al principio me entusiasmó. Las 150 primeras páginas parecen escritas en estado de gracia”
“En la segunda lectura me ha gustado menos, porque ya sabía dónde estaba lo interesante”
“Todo fluye”
“Es sorprendente su dominio de la neurocirugía. Joseph Conrad escribe sobre el mar, pero había sido marino”
“Estuvo dos años presenciando el trabajo de un neurocirujano”
“Sigue el modelo literario de Ulises y Mrs. Dalloway: el relato de un día”
“Es un escritor muy profesional, con mucho oficio, pero no me ha gustado, está bien escrita, pero hay docenas de novelas cada año mejor escritas que no se publican”
Ciencia vs. literatura
“Es una novela de tesis, aporta una visión del mundo, toda la trama está a su servicio para justificarla. Está repleta de mensajes maniqueos. Uno de ellos sería la confrontación ciencia vs. literatura: adaptados y no adaptados a esta sociedad. A los de letras se los presenta como unos amargados”
“El papel de la ciencia me parece similar al de las novelas de ciencia ficción, cómo se emplea para analizar de forma crítica a la sociedad”
“Es significativo que el protagonista tenga una madre con Alzheimer, es una manera de expresar la impotencia de la ciencia”
“En esta novela hay muy pocas cosas casuales”
“La lectura del poema que ablanda a Baxter es lo que más resbala en la novela”
“Resbala desde el punto de vista de la verosimilitud, pero encaja en el plan de la obra”
“Es una apuesta filosófica, se hace un inventario de ideologías fracasadas frente a las que se opone el conocimiento científico: el perfecto burgués va criticando las diversas utopías, todo el libro es una diatriba contra las utopías”
Perowne y la erótica de la propiedad
“Es una novela muy neutral en el lenguaje, pero muy dura en el fondo”
“Retrata un modelo de felicidad que contiene un elemento de propiedad. El nombre del protagonista no es casual: Perowne expresa la erótica de la propiedad, sólo hay que ver cómo habla de su Mercedes S500”
“La familia Perowne reúne todos los conocimientos de la civilización occidental: derecho, ciencia, lírica y música”
“Como sucedió en su día con Shólojov o Mann, McEwan es un escritor del sistema, encarna lo mejor que produce una sociedad”
“Es un escritor de derechas. Las opiniones que expresa en entrevistas son un trasunto de lo que expresa Perowne en la novela”
“La derecha más civilizada y la más peligrosa, más Blair que Thatcher”
“El personaje de Baxter es el engranaje que da cuerda a la novela. Supone introducir la lucha de clases”
“Es el modo de expresar la imposibilidad de sacar a las clases inferiores de su sufrimiento, no podemos eliminarlo, pero sí mitigarlo”

Una jornada de opiniones contundentes frente a las cuales el novelante que propuso la novela planteó “releer en contra de nuestras conclusiones para comprobar que se puede leer de otra manera, de la manera contraria”.

jueves, 9 de septiembre de 2010

14 de septiembre: Londres, otra vez


Tras el descanso vacacional, ánimo, siempre nos quedarán los fines de semana. Empezamos el curso con Sábado, de Ian McEwan. Con vosotros, el novelante que la propuso: "Este mes tenemos a un escritor educado, fino con las formas y, sin embargo, con un montón de opiniones polémicas que no se corta a la hora de exponer. ¿Es de derechas? Pues yo diría que un poco... pero, chicos, ¡que bien redacta! Se atreve a decir que no le interesa la vida de los marinos tal como la explica Conrad, habla mal del estilo literario de Henry James y clasifica Madame Bovary como cuento para adultos, todo ello muy objetable.
A McEwan le interesa la vida de alguien apegado al suelo, realista, y se mete a describir operaciones de neurocirugía como si hubiese estado presente. Y le salen textos muy creíbles, pero para mí lo mejor de su prosa está en la simple descripción de la vida cotidiana. Como muestra, propondría que viésemos como fluye el primer párrafo de la novela, entrelazando sentimientos con acciones objetivas".
Al despertar, horas antes del alba, Henry Perowne, neurocirujano, descubre que ya está en danza, aparta las mantas de su postura sedente y se levanta. No sabe con certeza el momento exacto en que ha despertado, pero tampoco le importa. Nunca ha hecho algo así, pero no se alarma y ni siquiera se sorprende un poco, porque el movimiento de sus miembros es ágil y placentero y nota una fuerza insólita en la espalda y las piernas. De pie y desnudo junto a la cama —siempre duerme desnudo—, siente su plena estatura, la respiración paciente de su mujer y el aire invernal del dormitorio en la piel. Lo cual también es una sensación placentera. El reloj de la mesilla marca las tres cuarenta. No sabe qué está haciendo levantado: no necesita aliviar la vejiga, no le perturba un sueño, tampoco un elemento del día anterior ni el estado del mundo. Es como si, ahí en la oscuridad, saliendo de la nada se hubiese materializado entero, completo, sin impedimentos. No está cansado, a pesar de la hora o de los trabajos de la víspera, ni le turba la conciencia ningún caso reciente. De hecho, está despabilado, tiene la mente en blanco y le embarga un júbilo inexplicable. Sin una decisión tomada, sin que le mueva un propósito, se dirige hacia la más cercana de las tres ventanas del dormitorio y siente su paso tan fácil y liviano que sospecha al instante que está soñando o sonámbulo. Si es así, sufrirá una decepción. Los sueños no le interesan; que esto sea real es una posibilidad más enjundiosa. Y sabe seguro que es totalmente él mismo, y sabe que está despierto: conocer la diferencia entre esto y despertar, conocer las fronteras, es la esencia de la cordura.

Ian McEwan, Sábado

Más sobre McEwan en: