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martes, 2 de febrero de 2010

9 de febrero: London calling


Whitbread, Guardian, Commonwealth Writers… Recibió incontables premios al mejor escritor novel y quedó finalista de muchos otros. Pero es que Zadie Smith ya era una sensación antes de publicar su primera novela. Si lo que dice la Wikipedia es verdad, “Dientes blancos se dio a conocer en el mercado literario en 1997, mucho antes de que estuviera acabada, los retazos literarios que llegaban a los editores despertaron un inusitado interés para una primera novela aún no terminada”. Una vez publicada, crítica y público fueron unánimes, la encumbraron. Times Literary Supplement: “Su falta de narcisismo, unida a su habilidad para fundir en una sola pieza la historia y los sentimientos, el intelecto y la intimidad, señalan a Zadie Smith como una escritora de enorme proyección.” Le Monde: “La sorpresa no es tanto su talento de escritora, ni su dominio en la progresión del relato, como su increíble capacidad para captar la naturaleza humana.” Y, por último, una crítica que consideramos especialmente significativa, pues la realiza uno de los secundarios de la novela, Salman Rushdie: “Un debut que asombra por su consistencia, divertido y serio a la vez; la voz tiene auténtico timbre literario. Dientes blancos me encantó y me impresionó.”

La quema de ejemplares de Los versos satánicos en los suburbios de Londres sin duda marcó la niñez de quien iba a convertirse en autora de la novela que comentaremos en la próxima sesión de Novelantes. Zadie Smith utiliza aquel episodio para reflejar la radicalización de uno de sus jóvenes protagonistas, pero el adolescente Millat no contaba con encontrarse, al llegar a casa, una ira aún más terrible que la suya, la de su madre, Alsana:

Cuando Millat llegó a casa aquella noche, en el jardín de atrás ardía una gran hoguera. Todos sus tesoros, acumulados durante cuatro años —álbumes, pósters, camisetas de edición especial, programas de cine coleccionados durante más de dos años, bonitas zapatillas Air Max, ejemplares 20-75 de 2000 AD Magazine, foto firmada de Chuck D., una copia buscadísima de Hey Young World de Slick Rick, El guardián entre el centeno, su guitarra, El Padrino I y II, Malas calles, La ley de la calle, Tarde de perros y Shaft en África—, todo había ardido en la pira funeraria, que ahora era un montón de cenizas humeantes del que emanaban gases de plástico que irritaban los ojos, ya llenos de lágrimas.
—Todo el mundo necesita una lección —había dicho Alsana horas antes, al encender el fósforo, con un nudo en la garganta—. Y si él anda por ahí quemando las cosas de los demás, también tiene que perder algo sagrado. Todo el mundo recibe su merecido, antes o después.
Zadie Smith, Dientes blancos

Más sobre Zadie Smith:
  • "Estoy aprendiendo qué tipo de escritora soy", de Zadie Smith, en El País. La escritora cuenta las sensaciones que le produjo acabar su última novela hasta el momento, Sobre la belleza. El A fondo da acceso a algunos documentos más, pocos, publicados en el diario, entre ellos, una larga entrevista.

  • Página web sobre la serie White Teeth. En 2002, Channel 4 convirtió la novela en una serie de televisión. En la página web de la cadena están colgados los capítulos aunque parece haber algún problema de reproducción (en inglés).

  • Página web de Zadie Smith. Sitio sobre la autora en la red Literati, parece dar acceso a un e-mail personal de Zadie Smith (en inglés).

lunes, 18 de enero de 2010

Sobre el 12 de enero: Salman Rushdie


Continuando la tradición de que la sesión de Novelantes se asemeje a la novela comentada, la dedicada a La encantadora de Florencia fue dispersa como pocas. ¿Tuvo la culpa “el divagante de los novelantes”? En realidad, todos divagaron, como Rushdie, ese “profesor de historia un poco loco”.
Careció de hilo conductor la sesión dedicada una novela en la que “la falta de un hilo cronológico dificulta la lectura”. Hay un cuentista con pico de oro, por eso fue considerada una especie de Las mil y una noches, pero no convenció “un narrador que duda, que no acaba de ser omnisciente”. Porque Rushdie plantea “intriga en todas direcciones pero el resultado es decepcionante”, la trama se resiente: “Alarga demasiado el misterio, hubiera sido mejor para la dinámica del libro se resolviera antes.”
El resultado de esa batidora de historia y personajes que Rushdie pone en marcha fue indigesta para todos los que la leyeron: “La mezcla de imaginación e historia no me convence, no me convence la vena fantasiosa.” “A mí lo que me resultó indigesto fue la conjugación de ambos mundos, porque la descripción del ambiente oriental es rica, divertida, mientras que la recreación de occidente es ortopédica. En la bibliografía, la mayoría de títulos se refieren a historia de occidente, ahí se ha tenido que documentar más y se nota.”
Un novelante se quedó en el camino, con apenas 40 páginas leídas, desmotivado por las declaraciones del autor: “En una entrevista indica que quería que se conocieran personajes históricos que coincidieron en el tiempo pero nunca llegaron a encontrarse y eso me quitó las ganas de leerla”; sin embargo, otro, que se había enfadado en una conferencia de Richard Ford, “me pareció un paleto”, se vio deslumbrado por Rushdie, “todo lo que decía era interesante”, y, no obstante, también le decepcionó La encantadora de Florencia. A ver si no vamos a poder volver a “El valor de la paraula”… ¿Es malo que un escritor hable tanto de su propia obra?

martes, 5 de enero de 2010

12 de enero: Entre oriente y occidente



La visita de Salman Rushdie a Barcelona, dentro del ciclo El valor de la paraula, nos ha animado a proponer su más reciente novela como novedad-puente hasta el próximo cartel. Dedicaremos a La encantadora de Florencia la reunión de enero de Novelantes en la que se programará el calendario de lecturas de este año (con los nombres que se han barajado, Highsmith, McEwan, Zadie Smith, Kureishi, Canetti, Cormac McCarthy, y descubrimientos pendientes como Jeff Noon, creemos que será un cartel provechoso, aunque, a pesar de que el título de la entrada pueda llevar a pensar otra cosa, de oriente nada, es del todo occidental, anglosajón que te matas, vamos, habrá que poner algún remedio).
La novelante más fanática de Rushdie recoge en su blog un resumen, y algunas entradas en forma de one apple a day, sobre la jugosa jornada vivida con el escritor: “Rushdie comentó que siempre había querido escribir sobre Maquiavelo y que le llamaba la atención que todas las referencias a esta figura fueran tan negativas. Con su habitual sentido del humor, añadió que eso le hizo sentirse más cercano a esta figura y pensar que si escribía algo positivo sobre él, quizá dentro de 400 años alguien le haría a él el mismo favor. Pero al comenzar con la novela vio que no estaba preparado para escribirla, que necesitaba documentarse, y por ello se dedicó a leer sobre el Renacimiento italiano, el reinado del emperador Akbar, etc., mientras escribía novelas más contemporáneas (‘novelas que parecían salidas de los periódicos’). Todo un contraste. Con sus lecturas llegó a la conclusión de que cualquier cosa que pudiera inventar sobre esa época sería ‘suave’ en comparación con la realidad, tan extraña. Cuando descubrió que la historia le permitía incluir al conde Drácula en su novela, se sintió totalmente en la gloria. Sobre su capacidad para contar historias, Rushdie comentó que ‘todos contamos historias’, alegando que los humanos somos los únicos animales que nos contamos historias para entendernos los unos a los otros y destacando la gran importancia de contar tu propia historia a la persona adecuada y que esa persona la entienda (una necesidad que describió como universal). Por eso, el personaje del viajero de su última novela, The Enchantress of Florence, arriesga su vida para contar su historia a la persona que debe escucharla, el emperador Akbar. Curiosamente, Rushdie desveló que este personaje, verdadero hilo conductor de la novela, fue una incorporación posterior, no estaba contemplado inicialmente. También habló de cómo ‘proyectó retrospectivamente’ la leyenda de la esposa hindú de Akbar, Jodhabai, que en realidad nunca existió, haciendo que tampoco fuese real en esa época, convirtiéndola en una esposa imaginaria (Rushdie hizo al respecto las bromitas esperables de alguien que se ha casado varias veces).”

Cerca del final de su largo reinado, muchos años después de los tiempos del charlatán Mogor dell'Amore, el anciano emperador recordó con nostalgia aquel raro asunto de la carta de la reina de Inglaterra y pidió que se la enseñaran otra vez. Cuando se la llevaron y se la tradujo un intérprete distinto, gran parte del texto original había desaparecido. El documento conservado, como se descubrió, no incluía alusión alguna a su infalibilidad ni a la del papa, ni solicitaba una alianza contra enemigos comunes. De hecho, no era más que una simple petición de buenas condiciones comerciales para los mercaderes ingleses, acompañada de unas cuantas expresiones de respeto formularias. Cuando el emperador conoció la verdad, comprendió de nuevo lo audaz que era el hechicero con quien se había topado aquella lejana mañana después del sueño del cuervo. Sin embargo, para entonces, saberlo ya no le servía de nada, salvo para recordarle lo que nunca debería haber olvidado: que la brujería no requiere pociones, espíritus familiares ni varitas mágicas. Con un pico de oro, el uso del lenguaje permite encantamientos de sobra.

Salman Rushdie, La encantadora de Florencia

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