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lunes, 29 de noviembre de 2021

E.M. Forster, La mansión: Última voluntad

Howards end

Club de relectura en esta ocasión, todos los novelantes habían leído ya alguna vez La mansión, de E.M. Forster. Un clásico al que encontramos nuevos aspectos que comentar tras haber vuelto a leerlo décadas después.

¿Decimonónica?

“Es una novela decimonónica. La propuse porque me gusta mucho y no he terminado esta relectura porque la estoy disfrutando una vez más”

“¿Decimonónica? A mí no me lo parece”

“Bueno, me parece decimonónica en el sentido de que es de desarrollo lento, no tiene muchos personajes pero los que tiene los conoces muy bien y siguen una línea lógica razonable. Ahora me vais a decir que Mr. Wilcox no”

“No, pero entra dentro de lo que corresponde a su clase social”

“Yo la había leído hace 30 años, y la he redescubierto ahora. Ha habido bastantes cosas que me han llamado la atención. Había dos desenlaces posibles, la ruptura absoluta o la sumisión, que era lo menos probable, pero sí razonable. Hace la cuadratura del círculo para que Margaret se pueda quedar con la casa porque Charles era el heredero. El choque de trenes se veía venir”

“En literatura eso suele ocurrir, cambias las premisas para que haya más interés”

“A mí lo que más me interesó es que describe las cosas con mucha intensidad. Se le nota que era de Oxford”

“No sé si de Oxford o de Cambridge, en cualquier caso era Oxbridge, de la élite”

“Es un estilo elegante, un poco lento. Va desarrollando poco a poco, se toma su tiempo para explicarlo, te da pistas sobre lo que va a pasar, pero son muy condicionales. Ves que la relación con Bast va a ser importante, pero no cómo acabará”

“Hay varias cosas bien descritas. La enemistad un poco forzada entre Helen y Mr. Wilcox. La postura horrorosa de este, o la de Tibby, aún más infame”

¿Conflicto de clases?

“Hay varias ideas flotando. Una es el conflicto de clases, bueno, en realidad queda todo dentro de la clase media”

“Bueno, es el país más clasista de Europa y lo sigue siendo. No sé si la sociedad más injusta. Esa diferencia de clases lo impregna todo en esta novela, cuando Bast muere surge incluso la idea de la propiedad”

“Esa idea es una constante, pero es hábil para hacerlo explotar solo al final. Teniendo en cuenta que hablamos de un suceso ocurrido en una propiedad privada al veredicto se le hubiera podido dar la vuelta”

“El conflicto, más que entre clases, lo veo entre burgueses capitalistas y rentistas”

“Sí, los rentistas muestran complejo de inferioridad. Esto se ve por cómo se dejan seducir la principio, lo que pasa es que luego surgen las incompatibilidades. Otro tema de la novela es el surgimiento de la modernidad, de las urbes como Londres”

“Sí, se describen con mucho detalle los viajes en coche”

“Para ellos, era el summun de la modernidad. En este tiempo surge la idea de cuánto durará ese ritmo trepidante. Y no solo no ha llegado sino que cada vez se hace más acelerado, han surgido factores nuevos que precipitarán más el ritmo”

“Yo no veo claro que esta aceleración sea sostenible”

“Me ha sorprendido que fuera publicada en 1910 porque hay muchas referencias a Alemania en tono de preguerra pero aún faltaba para la Guerra Mundial”

“Pero ya se mascaba en el ambiente, esas cosas se ven venir”

Crítica al capitalismo

“La mujer que cuida Howards End dice que Mistress Wilcox debería haberse casado con un soldado, es un comentario de rechazo al burgués”

“Sí, hay mucha crítica al capitalismo. Y cuando el propio Míster Wilcox se hace responsable de sus acciones se produce su hundimiento psicológico”

“En un principio, las protagonistas sienten fascinación pero enseguida se produce el choque”

“Sí, yo tengo marcada esa frase de Helen “porque nuestra vida es grande y la suya es pequeña”, me fascinó cuando leí esta novela siendo adolescente. En esta lectura he visto más cosas. Me ha sorprendido que se consideren socialistas”

“Bueno, sí pero es un socialismo fabiano”

“Sí, es evidente que no se trata de marxismo, sé que el socialismo surgió ya en los inicios de la revolución industrial, pero me ha sorprendido de todos modos. Y lo que me ha sorprendido d es que no se haya hecho referencia al grupo de Bloomsbury. En esta lectura, habiendo ya leído a Virginia Woolf, detecto puntos en común, como la fascinación por las matriarcas, con esa sabiduría esencial que da la maternidad, ese poder creador… Hay mucha semejanza entre Mistress Wilcox y Mistress Ramsay”

“Sí, yo decía que me parece una novela decimonónica, pero también veo lo que dices”

“Tuvo que ser un periodo fascinante” 

“Quizá, pero no dio lugar a tantas buenas novelas, aunque tengo que reconocer que esta me gusta”

“Ya, sabemos lo que opinas sobre la Woolf, lo comentaste en la tertulia de Al faro, pero sigo pensando que fue un periodo estimulante, y además con Forster no puedo ser objetiva por lo mucho que me ha guiado con Aspectos de la novela, con eso me quedo”


lunes, 14 de octubre de 2013

Sobre el 8 de octubre: Sentimientos o razón

Y este mes, después de Galdós, vuelve a la palestra otro autor del siglo XIX. Pero esta vez inglés. Tiempos difíciles, de Dickens, no decepcionó. Al contrario. Todo el mundo considero que leer el libro había sido una delicia. Vamos con los comentarios.

¿Personajes planos?
“Es un autor muy clásico, muchos lo han considerado un ejemplo de cómo se ha de escribir. Incluso Forster, que es un autor muy diferente, admitió que está entre los más grandes”
“¿Y qué comentarios hacía Forster?”
 “Decía que Dickens partía de personajes planos, reflejo de estereotipos. Pero, a pesar de ser planos, es tan grande su maestría que consigue dotarlos de vida”
“Y es verdad que uno les coge cariño a esos personajes”
“Los malvados resultan muy graciosos de tan exageradamente malos que llegan a ser”
“Y cuando describe sus penurias, las de los malvados, como la señora Sparsit, por ejemplo, llega a ser muy divertido; es muy disfrutable”
“Y la novela acaba bien, como todas las de Dickens. En ese sentido considero que el autor es muy ingenuo”
“Sí, el final feliz era la marca de la casa”
“Pero ¿la novela acaba bien de verdad? Los personajes de Blackpool o de Rachael son profundamente patéticos y cuando narra sus penurias es como para estremecerse”
“El tema de cómo Blackpool es el más perjudicado por querer quedar al margen de los conflictos está muy bien tratado. Es un gran acierto del autor reflejarlo de la manera en que lo hace”
¿Novela de tesis?
“El autor hace una aproximación irónica al tema que quiere tratar. Creo que es un gran acierto por su parte”
“Sí, es cierto que parece que defienda una idea cuando en realidad sugiere que la idea correcta es la contraria”
“Todo el libro es una crítica contra el positivismo y contra las teorías económicas que imperaban en su época, que no eran otras que las del capitalismo más salvaje”
“Y es por eso que hay muchas cosas que se pueden aplicar perfectamente a la época actual. Empezando por el título, mucho de lo que cuenta está volviendo a ser actual”
“Dickens refleja la vida de gente muy resabiada, muy desconfiada porque la vida le ha tratado muy mal”
“Al principio me desconcertó, no es el Dickens al que estoy acostumbrada. ¿Una novelas de tesis? Para mí era un escritor que se dedica a narrar por el simple placer de narrar”
“El caso es que sus novelas más famosas son las menos sofisticadas. La que a mi juicio es la mejor, Casa desolada, es casi desconocida”
“Y fijaos en lo bien que describía el autor los debates políticos y a los oradores”
“Eso se debe a que Dickens, como periodista, hizo crónica política”
¿Un estilo no depurado?
“Yo creo que el autor no depuraba, las situaciones se repiten mucho, lo que ha contado en un episodio vuelve a contarlo en el siguiente”
“Es que publicaba sus novelas a plazos. Repetía las situaciones por si alguien se había perdido un episodio”
“Desde luego, plan no parece haber. Los personajes aparecen y desaparecen, por ejemplo Sisi Juppe parece que va a ser la protagonista y desaparece durante un montón de páginas. Y hay algún otro ejemplo como ese”
“Bueno, pero en conjunto es una gran novela”
“Sin duda”

martes, 16 de febrero de 2010

Sobre el 9 de febrero: Zadie Smith


Dientes blancos, de Zadie Smith, en la balanza: “No profundiza”, “No me lo creo”, “Los personajes están poco elaborados”, “No me resulta creíble”. Cuánto rigor se gastan los novelantes al juzgar a una escritora multipremiada, la gran esperanza de la literatura anglosajona, ¿no? Más pesas en este platillo: “Escribe fuegos artificiales y eso despista de los aspectos esenciales, hay mucho humo”, “Está bien que mezcle comedia y drama, pero el comienzo no me gusta, no me parece que refleje la mentalidad de un suicida, yo creo que se mete en un berenjenal”.
¿Y en el otro platillo?: “Escribe extremadamente bien, tiene una facilidad increíble”, “Es ingeniosa, es ocurrente”, “Hace piruetas argumentales muy bien”. En un foro tan severo, cuántas veces se han escuchado halagos como ésos. No hace falta revisar las entradas: muy pocas, quizá ninguna. Y pocas veces un escritor ha dividido tanto a los novelantes. No es la primera vez que se anima la discusión, no faltaba más, esto es un club de lectura. Pero esta vez el debate no surgió entre novelantes, sino en cada uno de ellos: todos de acuerdo en todo, incluso en no saber qué pensar, balanceando, cada uno de ellos alternando reproche y halago.
“No basta con escribir bien, hay que tener cosas que contar”, “Tener algo que decir es lo realmente difícil”. ¿La juventud de la autora como disculpa? “Como se nota que no ha tenido dificultades en la vida, que no sufrido dramas, no sabe reflejar la amargura porque no la ha sufrido”. Sin embargo, “cuando escribió Los Buddenbrook, Thomas Mann también tenía 25 años, y es la memoria de un adolescente cargado de vivencias”
A pesar de errores apuntados, “en un tanque, los soldados no se pueden estar mirando unos a otros, no hay sitio”, fue reconocida su habilidad para sortear los agujeros de la experiencia, “ambientando los capítulos dedicados a la guerra fuera de la conflagración armada”. Y su osadía: “El final está bien trabajado, arriesga mucho y constantemente parece a punto de caer en el abismo, pero no cae”. Y los hallazgos de la novela: “El retrato de los Chalfen es uno de los hallazgos del libro y el otro es recuperar a Dickens”. “Pues no lo cita como influencia, ella se reconoce deudora de Forster, pero es verdad que no encontré semejanzas de estilo con él”. “Porque su influencia es otra, seguro que se ha leído a Dickens enterito”.
Y así, Zadie Smith “sacó a la literatura inglesa de la muerte en que había caído con escritores como Forster o Woolf, la sacó del exceso de introspección, su novela es una reivindicación de un tipo de literatura que había muerto; de todos los atrevimientos de esta escritora, me parece el mejor”, porque “con ella la literatura volvió a la calle, pero de un modo amable, hay escritores de su generación que son más punzantes y es más fácil que vendiera por ser más amable, ella no acusa”.
Quizá ayudara a las ventas el circo mediático que se montó alrededor de su primera novela (“los derechos de edición fueron subastados con gran revuelo cuando todavía no estaba escrita”) y los premios literarios, “con el peso que tienen en Inglaterra”, seguramente también. Pero después de aquel bombazo, ¿qué? “Hay carreras literarias ideales, como Faulkner o Bellow, cuyos primeros escritos apenas leyó nadie. En cambio, Zadie Smith empezó en la luna” y “la presión, la ha bloqueado, ella misma lo ha reconocido”. “Está bien que haga confesiones sobre su labor de escritora”, “aunque no sean de gran profundidad”. “Ya puede escribir artículos, ya, con tres libros en diez años, algo tiene que escribir”. ¿Usar seudónimo? “No lo creo, mucho ego aquí, demasiado para usar seudónimo”. ¿Mucho ego? No parece que Zadie Smith nos esté haciendo caso (“Menos saraos y más escribir”) y se haya centrado en “encontrar su voz”: su último proyecto, una recopilación de relatos de revelaciones literarias como ella, El libro de los otros. ¿Y el tuyo, cuándo?

Todavía más sobre Zadie Smith
  • "Nombres propios", por Pablo Martínez Zarracina, en El norte de Castilla. Crítica de la recopilación de relatos coordinada por Zadie Smith, que Salamandra acaba de publicar aquí.