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lunes, 29 de noviembre de 2021

E.M. Forster, La mansión: Última voluntad

Howards end

Club de relectura en esta ocasión, todos los novelantes habían leído ya alguna vez La mansión, de E.M. Forster. Un clásico al que encontramos nuevos aspectos que comentar tras haber vuelto a leerlo décadas después.

¿Decimonónica?

“Es una novela decimonónica. La propuse porque me gusta mucho y no he terminado esta relectura porque la estoy disfrutando una vez más”

“¿Decimonónica? A mí no me lo parece”

“Bueno, me parece decimonónica en el sentido de que es de desarrollo lento, no tiene muchos personajes pero los que tiene los conoces muy bien y siguen una línea lógica razonable. Ahora me vais a decir que Mr. Wilcox no”

“No, pero entra dentro de lo que corresponde a su clase social”

“Yo la había leído hace 30 años, y la he redescubierto ahora. Ha habido bastantes cosas que me han llamado la atención. Había dos desenlaces posibles, la ruptura absoluta o la sumisión, que era lo menos probable, pero sí razonable. Hace la cuadratura del círculo para que Margaret se pueda quedar con la casa porque Charles era el heredero. El choque de trenes se veía venir”

“En literatura eso suele ocurrir, cambias las premisas para que haya más interés”

“A mí lo que más me interesó es que describe las cosas con mucha intensidad. Se le nota que era de Oxford”

“No sé si de Oxford o de Cambridge, en cualquier caso era Oxbridge, de la élite”

“Es un estilo elegante, un poco lento. Va desarrollando poco a poco, se toma su tiempo para explicarlo, te da pistas sobre lo que va a pasar, pero son muy condicionales. Ves que la relación con Bast va a ser importante, pero no cómo acabará”

“Hay varias cosas bien descritas. La enemistad un poco forzada entre Helen y Mr. Wilcox. La postura horrorosa de este, o la de Tibby, aún más infame”

¿Conflicto de clases?

“Hay varias ideas flotando. Una es el conflicto de clases, bueno, en realidad queda todo dentro de la clase media”

“Bueno, es el país más clasista de Europa y lo sigue siendo. No sé si la sociedad más injusta. Esa diferencia de clases lo impregna todo en esta novela, cuando Bast muere surge incluso la idea de la propiedad”

“Esa idea es una constante, pero es hábil para hacerlo explotar solo al final. Teniendo en cuenta que hablamos de un suceso ocurrido en una propiedad privada al veredicto se le hubiera podido dar la vuelta”

“El conflicto, más que entre clases, lo veo entre burgueses capitalistas y rentistas”

“Sí, los rentistas muestran complejo de inferioridad. Esto se ve por cómo se dejan seducir la principio, lo que pasa es que luego surgen las incompatibilidades. Otro tema de la novela es el surgimiento de la modernidad, de las urbes como Londres”

“Sí, se describen con mucho detalle los viajes en coche”

“Para ellos, era el summun de la modernidad. En este tiempo surge la idea de cuánto durará ese ritmo trepidante. Y no solo no ha llegado sino que cada vez se hace más acelerado, han surgido factores nuevos que precipitarán más el ritmo”

“Yo no veo claro que esta aceleración sea sostenible”

“Me ha sorprendido que fuera publicada en 1910 porque hay muchas referencias a Alemania en tono de preguerra pero aún faltaba para la Guerra Mundial”

“Pero ya se mascaba en el ambiente, esas cosas se ven venir”

Crítica al capitalismo

“La mujer que cuida Howards End dice que Mistress Wilcox debería haberse casado con un soldado, es un comentario de rechazo al burgués”

“Sí, hay mucha crítica al capitalismo. Y cuando el propio Míster Wilcox se hace responsable de sus acciones se produce su hundimiento psicológico”

“En un principio, las protagonistas sienten fascinación pero enseguida se produce el choque”

“Sí, yo tengo marcada esa frase de Helen “porque nuestra vida es grande y la suya es pequeña”, me fascinó cuando leí esta novela siendo adolescente. En esta lectura he visto más cosas. Me ha sorprendido que se consideren socialistas”

“Bueno, sí pero es un socialismo fabiano”

“Sí, es evidente que no se trata de marxismo, sé que el socialismo surgió ya en los inicios de la revolución industrial, pero me ha sorprendido de todos modos. Y lo que me ha sorprendido d es que no se haya hecho referencia al grupo de Bloomsbury. En esta lectura, habiendo ya leído a Virginia Woolf, detecto puntos en común, como la fascinación por las matriarcas, con esa sabiduría esencial que da la maternidad, ese poder creador… Hay mucha semejanza entre Mistress Wilcox y Mistress Ramsay”

“Sí, yo decía que me parece una novela decimonónica, pero también veo lo que dices”

“Tuvo que ser un periodo fascinante” 

“Quizá, pero no dio lugar a tantas buenas novelas, aunque tengo que reconocer que esta me gusta”

“Ya, sabemos lo que opinas sobre la Woolf, lo comentaste en la tertulia de Al faro, pero sigo pensando que fue un periodo estimulante, y además con Forster no puedo ser objetiva por lo mucho que me ha guiado con Aspectos de la novela, con eso me quedo”


lunes, 30 de agosto de 2021

Annie Ernaux, Los años: Memoria colectiva

Les annes, Annie Ernaux
Corrió el riesgo y ganó. La novelante que propuso Los años, de Annie Ernaux, se alegró al comprobar que había acertado: “Hay gente que le echa mucho para atrás que haya tantas referencias culturales francesas, qué bien que no sea el caso, qué interesante lo del yo huidizo y lo de recorrido sentimental y biografía enmarcada en lo colectivo.” Es lo que tiene proponer retos tan estimulantes... ¡Objetivo cumplido!

¿Autobiografía, novela?

“Se repite pero no es una crítica, yo lo veo como una historia de los sentimientos, un ensayo”

“Cuanto más se acerca a la actualidad más me ha ido gustando, cuando habla de su infancia me parece incluso peor escrito”

“Cuando es pequeña su única referencia para hablar de política es lo que oye en torno a la mesa. Y después de sus años de activismo político, vuelven las comidas familiares, pero esta vez como anfitriona. Esas sobremesas de matriarca me recordaban la de Al faro, de Virginia Wolf, que yo creo que tomó como referencia”

“Yo pensaba que iba a ser muy pesado de leer y al final lo he leído en dos días. Es muy literario, lo veo un cruce entre la nouveau roman y Marcel Proust. Lo iba pensando y al final acaba mencionándolo”

“Me iba identificando con el libro, incluso lo que contaba de los años 50, aunque no lo viviera. Me han llamado la atención los autores que se estudiaban en el bachillerato, es curioso el currículum, Racine, Molière… Lo siento todo muy reconocible, muy cercano. Y escribe bastante bien, no es que sea un estilo deslumbrante, pero se lee con mucha fluidez y lo he sentido más próximo de lo que pensaba. Te hace pensar que se repite porque se desarrolla a partir de fotos y eso da la sensación de repetición, pero va progresando. Es una biografía proyectada en lo colectivo, una manera de enmarcar la historia de Francia a través de una vida”

“Sí, es lo que decía, una historia de los sentimientos, contada por un yo huidizo. Cuando habla sobre literatura se siente más el yo”

“Pero yo sí que creo que es una novela. Se inscribe en la nouveau roman. Ahora mismo me viene a la mente La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec, son novelas deliberadamente antiliterarias. Se juzgan por otro baremo, se alejan de la narrativa tradicional”

“A mí me ha parecido muy francesa y me ha costado seguir algunas referencias”

“Las referencias políticas podrían ser universales. Hay que llegar a lo universal a través de lo local, es la manera, normalmente. Como siempre he estado conectado con Francia, las referencias me son todas muy familiares. Se podría hacer un recorrido sentimental por este libro a través de Youtube. Hoy en día es fácil”

“Estoy segura de que desde joven ha hecho un diario muy detallado. Aparte de tener un carácter muy definido, debe de tener la base material de un diario extenso”

“Sí, un diario y muchos recuerdos”

“A mí me gustaría recuperar lo que decíais de historia de los sentimientos, recorrido sentimental y biografía enmarcada en lo colectivo, porque ella misma plantea su trabajo como un palimpsesto, en la misma obra reflexiona sobre cómo lleva toda la vida planeando cómo hacerla”

Revolución, involución

“Hay notas personalísimas, con las que me he sentido identificada, como cuando dice que de quien muere que más sientes perder es la voz, porque la pierdes, dice recordar la silueta de su madre, las expresiones, pero le duele perder la voz. A mí también me ha pasado. En lo político, lo que más me ha llamado la atención es que diga que la revolución francesa es la madre de todas las revoluciones. Lo tienen muy presente”

“Es que es así, es un país con una gran capacidad de respuesta. The Economist, la biblia del neoliberalismo, lo tacha de anticuado, dice que tiene que acabar con su sistema de pensiones, la semana de 35 horas… Pero el auténtico problema de Francia no es ese, sino Le Pen y la minoría de población que no se integra”

“Se dice que parte del problema radica en el sistema educativo, que es muy admirado pero está en discusión por no haber sabido integrar las minorías. Acabo de leer una novela, Marx y la muñeca, escrita por Maryam Madjidi, una iraní que emigró a Francia con sus padres y lo vivió en sus carnes. En el libro lo relata y critica el sistema educativo francés, son solo dos páginas, pero demoledoras y escritas desde la experiencia y la autoridad. Hoy en día se dedica a la integración de minorías, sabe de lo que habla”

“En Estados Unidos están aprobando leyes para evitar que llegue a los colegios la critical race theory, que explica que el racismo es sistémico en el país, desde la llegada de los primeros esclavos en 1619. Allí se trataría de puro racismo”

“Otra cosa que me ha llamado mucho la atención es la reflexión sobre el feminismo. Cómo las jóvenes de los años 80 y 90 lo ven como algo superado y a las pioneras, como viejas locas. Esa figura también está en El cuento de la criada, la protagonista no puede evitar ver así a su madre, no entiende su lucha. Yo viví aquellas décadas y también sentí el retroceso. Diría que ahora ha quedado superado, pero la autora ya no llega a narrarlo”

“Yo creo que está más en peligro que nunca”

“Sí, pero el peligro viene de fuera, la lucha está más viva que nunca, de hecho ese peligro externo es una reacción”

“Es un universal cultural. En culturas primitivas la diferencia entre hombres y mujeres es menor, pero a medida que avanza, lo que hacen las mujeres está menos valorado que lo que hacen los hombres, y cuando lo que hacen las mujeres lo empiezan a hacer los hombres, esa actividad deja de tener una consideración negativa pero no llega a alcanzar una consideración positiva, queda neutra”

“En ese relato de la historia francesa tienen un papel muy destacado los líderes”

“Sí, Francia es un país presidencialista, también Estado Unidos lo es y en sus novelas y películas no dejan de salir sus presidentes y no nos llama tanto la atención”

“No me llama tanto la atención que hable de los presidentes, sino cómo habla de ellos, lo que cuenta es cómo se van avejentando, es un tratamiento muy personal de esas figuras, no es tan político como sentimental, como decíais”

Allô, qui est à l'appareil? 

“Lo que es indiscutible es el trabajo que hay detrás, la reflexión, la fórmula que sigue para escribir la autobiografía a partir de fotografías, esa elección de la tercera persona, es un yo que se observa: ¿Un yo… cómo lo llamabais?”

“Un yo huidizo, que viene y se va, una falsa tercera persona”

“Justo, un yo huidizo, la elección de la tercera persona está muy meditada, ella misma lo cuenta. Y la encuentro muy acertada para narrar a partir de fotos de ella misma como si fuera otro. Pero antes de las fotos hay una lista de referencias sueltas, que me costó seguir”

“Sí, reconozco que es un libro que tardé en coger por cómo empieza”

“A mí también me pasó. Después de las fotos, al final, hay una lista parecida. Y me dejó intrigada lo que incluye, la única nota personal es la mirada de su gata cuando la sacrificó. Mira que ha contado otras muertes que ha sentido, pero elige acabar con la mirada de la gata, me parece curioso que esa sea la única nota personal de la lista”

“Se nota que nunca has tenido un gato si te llama eso la atención”

“Sí que he tenido pero nunca he debido sacrificarlos, quizá sea eso lo que la lleva a destacarlo, es una muerte de la que se siente responsable”


lunes, 25 de mayo de 2020

El pabellón número 6, Antón Chéjov: Rusia eterna

Esperábamos una gran tertulia y no quedamos defraudados. Siendo un relato corto, El pabellón número 6, de Antón Chéjov, dio de sí bastante más que la mayoría de novelas que hemos comentado los Novelantes.

La influencia de un autor
“Escogí El pabellón número 6 por su evidente calidad y porque no era muy largo. Hay que tener en cuenta que Chéjov era el lector más leído en la Rusia de su época, y además yo creo que es el autor que más ha influido en la literatura del siglo XX. Su influencia es muy clara, por ejemplo, en Raymond Carver”
“Yo no menospreciaría la influencia de otros escritores, como Dickens, por ejemplo”
“Pues precisamente a Dickens lo olvidaron, por desgracia, demasiado pronto, al contrario que a muchos autores, como Virginia Wolf”
“Bueno, sin querer entrar en la polémica, yo me quedaría un poco al margen y preguntaría por qué ha influido tanto Chéjov en la literatura posterior”
“Porque ponía el acento en lo cotidiano y porque sus personajes son, perdón por la expresión, insignificantes, personajes sin características especiales, hombres y mujeres comunes y corrientes”
“Chéjov es un autor que publicó muchísimo pero la mayoría de las veces con seudónimo por lo que no sabemos el numero exacto de cuentos que publicó, aunque, en todo caso, eran muchísimos. Muchas veces firmaba como Antonsha Chejomté”
“También fueron muy importantes sus obras de teatro, que se basaban en una nueva concepción acerca de cómo debían ser los diálogos entre los personajes. En realidad su teatro resultaba tan innovador que para poder representarlo adecuadamente hubo que elaborar nuevas técnicas de interpretación”
“Sí, en sus obras teatrales externamente parece no pasar nada, pero en el interior de los personajes pueden intuirse multitud de tensiones”

Dándole vueltas al cuento del mes
“En el cuento de hoy se habla mucho de la locura”
“Es importante saber que Chéjov era médico y en muchos aspectos sus descripciones son médicas o reflejan cosas que él había visto o experimentado”
“Lo que más me ha gustado del cuento es el estilo. La manera de presentar el pabellón, por ejemplo, es genial. Parece que vayas acompañando al escritor desde el exterior del edificio hasta donde están “los locos”, como cierra la descripción”
“Para mí también merece la pena remarcar la oposición que en el cuento se traza entre los dos médicos que aparecen en él: por un lado está el oportunista, por el otro tenemos al estoico”
“Más que de estoicismo hablaría de abulia, abulia que lleva al menos hipócrita a caer en desgracia, por culpa de su propia inacción”
“Bueno, es que ese médico se hace amigo de un loco, lo cual para su época era muy grave”
“Un loco que por otra parte es una persona muy lúcida”
“Y todo el pueblo lo acaba rechazando por su acercamiento a los locos”
“Sí, es tremendo lo que cuenta”
“A mí me parece algo natural, propio de la época, de la locura se huye, por temor de verse contagiado, el pueblo no entiende el acercamiento del médico al loco y lo aísla también”
“Otra oposición que destaca con gran fuerza en el cuento es cuando se compara la religiosidad del loco con el ateísmo del médico”
“Es curioso que en una obra tan corta haya tanta profundidad y todo este tan bien trabado”

Chéjov y los otros escritores rusos
“Lo que a mí me gusta de las historias de Chéjov es que son válidas para cualquier sociedad”
“Chéjov no tenía grandes teorías, como Dostoievski o Tolstoi, y eso, contra lo que pudiera parecer, resulta, en su caso, una ventaja”
“Aparte de los cuentos Chéjov tiene algunos libros casi periodísticos como por ejemplo La isla de Sajalin, uno de sus mejores libros, donde explica la vida cotidiana de los deportados a esa isla, es un texto muy intenso pero que desgraciadamente no se encuentra en ninguna parte”
“Chéjov no escribía novelas, quizá una de las pocas que se pueda citar sea Una jornada de caza, que no destaca por su calidad. Lo suyo era el relato corto”
“Como el que hemos leído este mes”

lunes, 19 de marzo de 2018

El paseo, de Robert Walser: Miniatura

Por fin la lectura del mes trajo consigo una saludable división de opiniones, todos nos sentimos más o menos desorientados por El paseo, de Robert Walser, pero a algunos les importó más que a otros.

Irónico o insensato
“Me ha parecido un libro irónico”
“A mí, muy exagerado, inflado, insensato”
“Yo diría que es un Kafka desenfadado”
“Yo no lo veo ni surrealista, las situaciones que describe no lo son, es él, que las infla”
“Es también subversivo, irónico y subversivo. Por ejemplo, el cartel que describe de la hospedería, es una crítica de la moral burguesa”
“Para entenderlo hay que tener un sentido del humor que yo no tengo”
“Pues ofrece algunas pautas, justo a continuación de lo de la hospedería te encuentras una justificación del libro, que podría considerarse toda una teoría artística y literaria, cuando dice que no escribe para quienes están ansiosos de sensaciones y novedades sino para quienes disfrutan de la belleza de las repeticiones”
“Desde luego, justificarse lo hace mucho a lo largo del libro”
“Sí, todo el rato, el mismo paseo, todo el rato lo está justificando, en su paso por Hacienda se justifica con el funcionario… Es todo el libro así”
“Son justificaciones de escritor que lleva una vida disipada, que no sabe ganarse la vida”
“Forman parte de ese desenfado que decía”
“Si te doy la razón, se nota que se lo pasaba bien cuando escribía, pero a mí como lector no me entusiasma”
“Tú quieres una trama”
“Sí, soy de esos que dice que son como niños, ávidos de sensaciones”

Tono desenfado, fondo trágico
“El tono es desenfadado pero el fondo es trágico, esa vida de estrecheces que relata lo es, de artista que no encuentra su sitio en la sociedad, aunque la cuente como la cuenta, y al final confiesa que es desgraciado por un amor que no supo conservar, ¡y cómo se ensombrece todo cuando lo cuenta!”
“El protagonista es un inadaptado, un Aussenseiter
“La historia te parece más triste porque sabes que el autor acabó en un psiquiátrico. Dicen de él que fue el escritor que quiso desaparecer. ¿Sabéis que murió durante un paseo? Salió a pasear un día de nevada y lo encontraron muerto”
“Hoy en día es un escritor reputado, un tótem de la literatura alemana, no tan conocido como Thomas Mann, tampoco tuvo tanta producción. Su novela más famosa creo que es Jacob von Gunten
“Por aquí no es muy conocido, me ha extrañado ver que el libro ha alcanzado tantas ediciones”
“Es una edición muy cuidada, con una muy buena contra. Si la hubiera leído en la librería, seguro que me hubiera llamado la atención”
“Los pies de la portada, del paseante, son los de Walser, es una foto suya, curioso, ¿verdad? Y triste”

¿No lo entiendes? Yo tampoco
“A mí me ha costado años entrar. Lo tenía desde hace años y solo había leído unas pocas líneas y no me animaba a seguir. Ahora con la excusa de la tertulia lo he leído y estoy muy contenta, lo he disfrutado. Ves un librito, parece ligero, pero es una lectura densa, tiene un estilo muy especial, único”
“Utiliza recursos estilísticos que le dan ese aire cómico, hace enumeraciones continuamente, duplas innecesarias a lo largo de todo el libro, no sé qué figura literaria podría designarlo”
“Quizá no acabas de entender lo que cuenta, como ese personaje, Tomzack, es algo ominoso, que aparece a mitad de paseo y, que anuncia ese final, cuando todo se ensombrece”
“Sí, yo tampoco he entendido qué quería decir con ese personaje, pero disfrutas el libro igual”
“Me ha recordado Mrs Dalloway, un libro que tampoco conseguía terminar, también es el paseo es alguien que divaga, ambos siguen la técnica del flujo de conciencia, ¿no?”
“No, en este libro no hay flujo de conciencia. Es un relato con un narrador omnisciente”
“A mí me parece un libro muy alemán, en la línea de Peter Handke, parece que no traten nada pero tratan todo. En El miedo del portero al penalti hay esa divagación. Pero Handke es más abiertamente amargo”
“Anda, nunca hemos leído a Handke, tan polémico como ha sido, ya va siendo hora, ¿no?”

martes, 16 de febrero de 2010

Sobre el 9 de febrero: Zadie Smith


Dientes blancos, de Zadie Smith, en la balanza: “No profundiza”, “No me lo creo”, “Los personajes están poco elaborados”, “No me resulta creíble”. Cuánto rigor se gastan los novelantes al juzgar a una escritora multipremiada, la gran esperanza de la literatura anglosajona, ¿no? Más pesas en este platillo: “Escribe fuegos artificiales y eso despista de los aspectos esenciales, hay mucho humo”, “Está bien que mezcle comedia y drama, pero el comienzo no me gusta, no me parece que refleje la mentalidad de un suicida, yo creo que se mete en un berenjenal”.
¿Y en el otro platillo?: “Escribe extremadamente bien, tiene una facilidad increíble”, “Es ingeniosa, es ocurrente”, “Hace piruetas argumentales muy bien”. En un foro tan severo, cuántas veces se han escuchado halagos como ésos. No hace falta revisar las entradas: muy pocas, quizá ninguna. Y pocas veces un escritor ha dividido tanto a los novelantes. No es la primera vez que se anima la discusión, no faltaba más, esto es un club de lectura. Pero esta vez el debate no surgió entre novelantes, sino en cada uno de ellos: todos de acuerdo en todo, incluso en no saber qué pensar, balanceando, cada uno de ellos alternando reproche y halago.
“No basta con escribir bien, hay que tener cosas que contar”, “Tener algo que decir es lo realmente difícil”. ¿La juventud de la autora como disculpa? “Como se nota que no ha tenido dificultades en la vida, que no sufrido dramas, no sabe reflejar la amargura porque no la ha sufrido”. Sin embargo, “cuando escribió Los Buddenbrook, Thomas Mann también tenía 25 años, y es la memoria de un adolescente cargado de vivencias”
A pesar de errores apuntados, “en un tanque, los soldados no se pueden estar mirando unos a otros, no hay sitio”, fue reconocida su habilidad para sortear los agujeros de la experiencia, “ambientando los capítulos dedicados a la guerra fuera de la conflagración armada”. Y su osadía: “El final está bien trabajado, arriesga mucho y constantemente parece a punto de caer en el abismo, pero no cae”. Y los hallazgos de la novela: “El retrato de los Chalfen es uno de los hallazgos del libro y el otro es recuperar a Dickens”. “Pues no lo cita como influencia, ella se reconoce deudora de Forster, pero es verdad que no encontré semejanzas de estilo con él”. “Porque su influencia es otra, seguro que se ha leído a Dickens enterito”.
Y así, Zadie Smith “sacó a la literatura inglesa de la muerte en que había caído con escritores como Forster o Woolf, la sacó del exceso de introspección, su novela es una reivindicación de un tipo de literatura que había muerto; de todos los atrevimientos de esta escritora, me parece el mejor”, porque “con ella la literatura volvió a la calle, pero de un modo amable, hay escritores de su generación que son más punzantes y es más fácil que vendiera por ser más amable, ella no acusa”.
Quizá ayudara a las ventas el circo mediático que se montó alrededor de su primera novela (“los derechos de edición fueron subastados con gran revuelo cuando todavía no estaba escrita”) y los premios literarios, “con el peso que tienen en Inglaterra”, seguramente también. Pero después de aquel bombazo, ¿qué? “Hay carreras literarias ideales, como Faulkner o Bellow, cuyos primeros escritos apenas leyó nadie. En cambio, Zadie Smith empezó en la luna” y “la presión, la ha bloqueado, ella misma lo ha reconocido”. “Está bien que haga confesiones sobre su labor de escritora”, “aunque no sean de gran profundidad”. “Ya puede escribir artículos, ya, con tres libros en diez años, algo tiene que escribir”. ¿Usar seudónimo? “No lo creo, mucho ego aquí, demasiado para usar seudónimo”. ¿Mucho ego? No parece que Zadie Smith nos esté haciendo caso (“Menos saraos y más escribir”) y se haya centrado en “encontrar su voz”: su último proyecto, una recopilación de relatos de revelaciones literarias como ella, El libro de los otros. ¿Y el tuyo, cuándo?

Todavía más sobre Zadie Smith
  • "Nombres propios", por Pablo Martínez Zarracina, en El norte de Castilla. Crítica de la recopilación de relatos coordinada por Zadie Smith, que Salamandra acaba de publicar aquí.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sobre el 8 de septiembre: Virginia Woolf


“Ya estaban servidos todos, dejó el cucharón dentro de la olla. Había alcanzado, pensó, esa región inmóvil que yace en torno al corazón de las cosas por la que puede uno moverse a sus anchas o descansar; podía quedarse quieta al acecho de la conversación, como ahora, o bien, de repente, al igual que el gavilán que se precipita desde las alturas, volver a bajar con las alas desplegadas, a sumergirse sin dificultad en la risa de los demás, a dejarse caer con todo su peso sobre lo que estaba diciendo su marido al otro extremo de la mesa, algo acerca de la raíz cuadrada del mil doscientos cincuenta y tres, que resultaba ser casualmente el número de su billete de ferrocarril.”
Pero qué falta hubiera hecho que la digna señora Ramsay sobrevolara la mesa de Novelantes, cual gavilán, para proteger a su amada hija en la reunión que le dedicamos.
La sesión de Virginia Woolf trajo consigo cuatro (dos por dos) novedades: acudieron dos novelantes nuevos (¡bienvenidos!) y otros dos novelantes que no pudieron venir nos hicieron llegar, a distancia, su valoración de Al faro. Ambos destacaron la primera parte de la novela, “su habilidad técnica (no envejecida en un mundo de escritores acomodaticios)”, para Palimp, y su “capacidad evocadora”, para Midnight. ¿Y los novelantes presentes, todo alabanza también?
Pues Woolf se llevó varias broncas. La primera se extendía a otras autoras que han pasado por nuestro cartel, llegaba hasta Atwood e incluso Atkinson: “En esta novela, todo lo malo es para los hombres, me gustaría que en alguno de los libros que se propusieran en la tertulia los hombres quedaran bien.”
También hubo protestas respecto al estilo: “Literariamente es irreprochable, pero ahí está el problema. La mayor pesadilla que yo podría tener es que toda la literatura fuera esto, fuera Woolf. Su obra es un ejercicio de esteticismo continuo y nunca fue tan audaz como Joyce, no se atrevía, la anarquía que pretendía era de sofá, su caos está muy ordenado, es muy uniforme su estilo, es una autora que deja muy poco margen para la crítica, también recuerda a Proust, pero él tenía más gracia, era más picante y tenía sentido del humor. Esta autora no lo tiene, su gran defecto es que no tiene defectos.” Curiosa protesta, ¿verdad? Y así se alegó: “En realidad, que una autora no deje margen para la crítica y que no tenga defectos no debería ser considerado un defecto. No todo va a ser desorden, Proust, Joyce o Faulkner… Pero es verdad es que con ella me parece estar viendo cuadros prerrafaelitas, imágenes muy bellas, pero distantes, como congeladas en el tiempo.” “Algo así dice Anthony Burgess en un artículo que leí en el que la comparaba con Joyce”, apostilló otro novelante. “Es que Joyce es más sensual, es carne y hueso, en cambio Woolf es una luz que no llega, rebota”.
Por fortuna, no faltó defensa para Woolf, hubo quien destacó la gran intensidad del final de la novela, cuando Lily Briscoe descubre que está llorando al recordar a la señora Ramsay, tributando, con sus lágrimas (y como la propia novelista), un homenaje al faro, a la madre. Woolf emocionó, no pareció fría a todos, el fragmento arriba reproducido fue citado como ejemplo: “En la novela hay metáforas muy bellas, como cuando habla de las alas que cubren las risas durante la cena.” “Sí, la cena es un momento muy revelador, demuestra mucha habilidad para ir contando todo de forma que confluya en la señora Ramsay, que es retratada como una persona muy autoritaria.” Y ahí volvimos al punto de partida, eso de que las mujeres quedan bien… “Sí, es cierto, pero la señora Ramsay no es autoritaria en las formas, yo diría que la pinta como una mujer muy obsesiva, empeñada en tenerlos a todos bajo su ala protectora”. Ala protectora, sí, pero de gavilán.

Todavía más sobre Woolf en:
  • ¿Quién teme a Virginia Woolf?, por Anthony Burgess, en El País. El artículo en el que el autor de La naranja mecánica pone a caer de un burro a nuestra querida escritora.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

8 de septiembre: Cazando fantasmas


“Las palabras, las palabras del inglés, están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado.” Estas palabras de Virgina Woolf han llegado a nosotros en lo que parece ser la única grabación que existe de su voz, una colaboración para la serie de la BBC Las palabras me fallan (Words fail me) que data de 1937, pocos años antes de su muerte.



Su voz, tan frágil como su aspecto, a juzgar por las fotografías, parece quebrarse a cada momento, cansada de pelear. No es extraño que su colaboración radiofónica se dedicara a la lucha con las palabras, Woolf gastó más papel en reflexionar sobre la dureza del proceso literario que en la escritura misma.
La novela que comentaremos le salió, sin embargo, de un tirón, según confesó en su diario: “La novela me agita como un vendaval a una vieja bandera. En toda mi vida, nunca había escrito con tanta rapidez y facilidad como ahora [...] Vivo sumergida en la novela y cuando emerjo a la superficie estoy tan ausente, que muchas veces no se me ocurre nada”. Al faro ha sido considerada la más autobiográfica de sus obras. Las semejanzas entre los Ramsay y los Stephen son demasiadas como para pensar otra cosa. Con el hogar ya vacío, exorcizar demonios familiares debe de ser un buen acicate para la creación literaria.
La casa se quedó sola, desierta. Se quedaba como una concha en una duna de la playa: para llenarse de granitos de sal secos, ahora que la había abandonado la vida. Parecía que hubiera descendido una prolongada noche: los aires enredadores, juguetones, los aires con olor a marisma, inquietos, parecían haber triunfado. La cazuela estaba oxidada, la estera estaba deteriorada. Habían entrado sapos. Perezosamente, sin propósito definido, el chal se movía a un lado y a otro. Un cardo se había alojado entre las tejas de la despensa. Las golondrinas anidaban en el salón, el suelo estaba sembrado de paja, el yeso se caía a puñados, se veían las vigas, las ratas se llevaban esto o aquello para roerlo tras los zócalos. De las crisálidas nacían mariposas Vanesa (pavón diurna) que agitaban su vida contra el cristal de la ventana. Las amapolas se sembraban solas entre las dalias; en el césped ondeaban las altas hierbas; sobresalían alcachofas gigantes por encima de las rosas; un clavel reventón florecía entre los repollos; mientras que el delicado golpear de una hierba contra la ventana se había convertido, en las noches de invierno, en un repicar de sólidos árboles y espinosos brezos que volvían verde la habitación en verano. ¿Qué fuerza podría oponerse a la fertilidad, a la insensibilidad de la naturaleza?
Virginia Woolf, Al faro

Más sobre Virginia Woolf en: