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lunes, 9 de enero de 2012

Sobre el 13 de diciembre: Saul Bellow


El legado de Humboldt nos unió, una novela que empieza y acaba con una exhumación, del mismo cadáver, y nos hizo pensar y reír a partes iguales. La experiencia Bellow, éxito total: para quienes no lo conocían, un nuevo autor que leer; para quien lo propuso, la satisfacción de escuchar un “nada que objetar”.

Entre vivos y muertos
“Es una novela escrita a dos niveles, el tema principal es la condición humana, la relación entre vivos y muertos, el resto son anécdotas que enmarcan esas reflexiones”
“Los argumentos respecto a la vida tras la muerte no son originales, parecen extraídos de Unamuno”
“Otros temas son la relación del artista con el poder, en el pasado y en el presente”

Crítica desde la simpatía
“Constata en lo que se ha convertido Estados Unidos, un país de abogados, financieros… Las dos tramas representan las dos tendencias: económica e idealista”
“Pero no es muy crítico con el país, es de derechas aunque coqueteara con el trotskismo”
“Es una crítica desde la simpatía”
“Se le ve el plumero desde el punto de vista político”

Nada que objetar
“Es muy buen escritor, no se le puede objetar prácticamente nada, quizá hacer los personajes más brillantes de lo que deberían”
“Me gusta el estilo del libro, su fluidez”
“Y las referencias culturales son colaterales están hechas con habilidad”
“Es muy divertido, sobre todo en la segunda mitad”
“Todas las partes de Cantabile lo son”
“Con lo que más me he reído yo es con la madre de Renata”
“Si le tuviese que poner alguna pega es que como esoterista no me resulta creíble, los que yo he conocido no son así”

Entre Woody Allen y Dostoievski
“Su gran referente es Dostoievksi, la galería de personajes y el modo de ver la vida, los temas: la muerte, el sentido de la vida…”
“A mí, su humor me recuerda al de Woody Allen”
“Sí, Bellow fue uno de los que hizo un cameo en Zelig, se prestó a la broma”
“Se parece sobre todo en las broncas con sus mujeres”
“Hay magia en la descripción de personajes, también en la de ambientes”
“Hay momentos en que tienes que parar, como pasa también con Dostoievski, porque te abruma”
“Toda su familia era rusa y esa herencia cultural se nota. Es el más ruso de los escritores norteamericanos”
“En la descripción de personajes es Dostoievksi puro”
“Pertenece a la estirpe de escritores rusos intelectuales que vierten sus reflexiones filosóficas en sus novelas con total tranquilidad”

jueves, 8 de diciembre de 2011

13 de diciembre: NY 50s


Galardonado con el Pulitzer en 1976 por la novela que comentaremos y unos meses después con el Nobel, el reconocimiento mundial de Bellow llegó tarde aquí; al parecer, malas traducciones tuvieron la culpa. Sucede con muchos autores pero, en este caso, “la mala traducción no se limitaba a dificultar la lectura, sino que la transformaba en algo inexplicable: una delicada sinfonía mental que era interpretada por una orquesta cuyos miembros hubiesen intercambiado sus instrumentos”, según el crítico literario Pablo Martínez Zarracina, que resume la grandeza de Bellow en tres grandes rasgos: una erudición incontenible, un estilo apabullante y unos personajes memorables a la vez que humanos.
Junto con Las aventuras de Augie March, Herzog y Más mueren por desamor, publicadas al ritmo de una por década, El legado de Humboldt constituye una de las grandes novelas de Bellow, “el Eclesiastés reescrito en versión humorística”, según Philip Roth. En todas ellas, afirma otro estudioso del autor, Bellow sigue un mismo esquema narrativo: “El típico protagonista belloviano, alter ego del propio Bellow, está en conflicto permanente con una mujer a la que adora aunque se siente maltratado y vampirizado por ella; a su vez se entretiene con una o varias amantes; lucha dialéctica y trágicamente por salvarse y por salvar a la humanidad, fracasando cómicamente en este empeño y quedando en estado de suspensión final.” Aquí os dejamos con Charlie Citrine, divaga que te divaga recordando a su viejo amigo Humboldt Fleisher:

Me gustaría saber por qué soy tan leal con los muertos. Oyendo hablar de sus muertes, a menudo me digo que debo seguir adelante en su nombre y hacer su trabajo, terminar su tarea. Naturalmente, eso no podía hacerlo. En lugar de ello, me encontré con que algunas de sus características comenzaban a imprimirse en mí. A medida que avanzaba el tiempo, por ejemplo, descubrí que me iba convirtiendo en un ser absurdo al estilo de Von Humboldt Fleisher. Cada vez más, se hizo evidente que él había actuado como mi agente. Yo mismo, una persona de amable disposición, había tenido a Humboldt expresándose salvajemente por mi culpa, por satisfacer alguno de mis deseos. Esto explicaba mi inclinación hacia ciertos individuos: Humboldt o George Swiebel, e incluso una persona como Cantabile. Este tipo de delegación psicológica puede tener sus orígenes en el gobierno representativo. Sin embargo, cuando un amigo expresivo moría, las tareas delegadas volvían a mí. Y como yo era también el delegado expresivo de otras personas, esto acaba por convertirse en un auténtico infierno. ¿Continuar por Humboldt? Humboldt deseaba rodear de resplandor al mundo, pero no disponía de suficiente material. Sus intentos terminaban en el vientre. Lo que colgaba debajo, desnudo y peludo, es bien conocido. Humboldt era un hombre encantador y generoso, con un corazón de oro. No obstante, su bondad era la clase de bondad que actualmente la gente considera anticuada. El resplandor que él conocía era el resplandor vetusto, y escaseaba. Lo que necesitábamos era enteramente una nueva luz.
Saul Bellow, El legado de Humboldt

Más sobre Bellow en:
  • "Saul Bellow, entre el modernismo y el posmodernismo", por Francisco Javier González, en VVAA: Actas de las primeras jornadas de lengua y literatura inglesa y norteamericana (Logroño, 1990). Pese a que la crítica ha incluido a Bellow en el modernismo, el posmodernismo, el realismo tradicional, el naturalismo americano e incluso el neorromanticismo, según el autor, Bellow no encaja bien en ninguna de esas corrientes, aunque tiene algo de todas ellas.
  • "El legado de Bellow", por Pablo Martínez Zarracina, en El Correo. Artículo publicado con ocasión de la “magnífica traducción” de Vicente Campos para Galaxia Gutenberg de El legado de Humboldt , quizá la novela “más asombrosa” de Bellow.

martes, 16 de febrero de 2010

Sobre el 9 de febrero: Zadie Smith


Dientes blancos, de Zadie Smith, en la balanza: “No profundiza”, “No me lo creo”, “Los personajes están poco elaborados”, “No me resulta creíble”. Cuánto rigor se gastan los novelantes al juzgar a una escritora multipremiada, la gran esperanza de la literatura anglosajona, ¿no? Más pesas en este platillo: “Escribe fuegos artificiales y eso despista de los aspectos esenciales, hay mucho humo”, “Está bien que mezcle comedia y drama, pero el comienzo no me gusta, no me parece que refleje la mentalidad de un suicida, yo creo que se mete en un berenjenal”.
¿Y en el otro platillo?: “Escribe extremadamente bien, tiene una facilidad increíble”, “Es ingeniosa, es ocurrente”, “Hace piruetas argumentales muy bien”. En un foro tan severo, cuántas veces se han escuchado halagos como ésos. No hace falta revisar las entradas: muy pocas, quizá ninguna. Y pocas veces un escritor ha dividido tanto a los novelantes. No es la primera vez que se anima la discusión, no faltaba más, esto es un club de lectura. Pero esta vez el debate no surgió entre novelantes, sino en cada uno de ellos: todos de acuerdo en todo, incluso en no saber qué pensar, balanceando, cada uno de ellos alternando reproche y halago.
“No basta con escribir bien, hay que tener cosas que contar”, “Tener algo que decir es lo realmente difícil”. ¿La juventud de la autora como disculpa? “Como se nota que no ha tenido dificultades en la vida, que no sufrido dramas, no sabe reflejar la amargura porque no la ha sufrido”. Sin embargo, “cuando escribió Los Buddenbrook, Thomas Mann también tenía 25 años, y es la memoria de un adolescente cargado de vivencias”
A pesar de errores apuntados, “en un tanque, los soldados no se pueden estar mirando unos a otros, no hay sitio”, fue reconocida su habilidad para sortear los agujeros de la experiencia, “ambientando los capítulos dedicados a la guerra fuera de la conflagración armada”. Y su osadía: “El final está bien trabajado, arriesga mucho y constantemente parece a punto de caer en el abismo, pero no cae”. Y los hallazgos de la novela: “El retrato de los Chalfen es uno de los hallazgos del libro y el otro es recuperar a Dickens”. “Pues no lo cita como influencia, ella se reconoce deudora de Forster, pero es verdad que no encontré semejanzas de estilo con él”. “Porque su influencia es otra, seguro que se ha leído a Dickens enterito”.
Y así, Zadie Smith “sacó a la literatura inglesa de la muerte en que había caído con escritores como Forster o Woolf, la sacó del exceso de introspección, su novela es una reivindicación de un tipo de literatura que había muerto; de todos los atrevimientos de esta escritora, me parece el mejor”, porque “con ella la literatura volvió a la calle, pero de un modo amable, hay escritores de su generación que son más punzantes y es más fácil que vendiera por ser más amable, ella no acusa”.
Quizá ayudara a las ventas el circo mediático que se montó alrededor de su primera novela (“los derechos de edición fueron subastados con gran revuelo cuando todavía no estaba escrita”) y los premios literarios, “con el peso que tienen en Inglaterra”, seguramente también. Pero después de aquel bombazo, ¿qué? “Hay carreras literarias ideales, como Faulkner o Bellow, cuyos primeros escritos apenas leyó nadie. En cambio, Zadie Smith empezó en la luna” y “la presión, la ha bloqueado, ella misma lo ha reconocido”. “Está bien que haga confesiones sobre su labor de escritora”, “aunque no sean de gran profundidad”. “Ya puede escribir artículos, ya, con tres libros en diez años, algo tiene que escribir”. ¿Usar seudónimo? “No lo creo, mucho ego aquí, demasiado para usar seudónimo”. ¿Mucho ego? No parece que Zadie Smith nos esté haciendo caso (“Menos saraos y más escribir”) y se haya centrado en “encontrar su voz”: su último proyecto, una recopilación de relatos de revelaciones literarias como ella, El libro de los otros. ¿Y el tuyo, cuándo?

Todavía más sobre Zadie Smith
  • "Nombres propios", por Pablo Martínez Zarracina, en El norte de Castilla. Crítica de la recopilación de relatos coordinada por Zadie Smith, que Salamandra acaba de publicar aquí.