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miércoles, 3 de febrero de 2021

Boris Vian, La espuma de los días: Amor surrealista


En la tertulia de este mes hubo problemas de conexión para algunos de los asistentes, el wifi no es infalible, y la sesión empezó un poco alborotada, un tanto surreal, como el propio libro, La espuma de los días, de Boris Vian. Por suerte, al final las aguas volvieron a su cauce y la tertulia pudo normalizarse.

Boris Vian, polímata

“Boris Vian escribía novela negra, aparte de las obras que, como la que hoy comentamos, eran para él un divertimento, pero hasta donde yo sé se ganaba la vida como ingeniero. Hacía un poco de todo, según la Wikipedia era un polímata, lo cual supongo que viene a querer decir que era un poliartista. Por otra parte, murió joven aunque nos dejó una producción literaria muy estimable”

“Si es verdad lo que dicen las fechas en la novela, la escribió en poquísimo tiempo. Y eso muestra una capacidad literaria impresionante”

“Escribía con un estilo un poco extraño pero que también sigue una larga tradición en la literatura, un estilo cuyas raíces serían el dadaísmo y la patafísica, una disciplina que se inventó Alfred Jarry, el autor de Todo Ubú

“Yo había leído de él el libro Otoño en Pekín. Me pareció en aquel momento un buen ejemplo de literatura abstracta, si es que tal cosa existe. La habíamos comentado en novelantes, aunque aquella vez no tuvo demasiado éxito”

“Yo creo que la obra que nos ocupa este mes es sobre todo surrealista y desemboca en un final digno de Kafka”

“A mí es que me gusta mucho más la segunda mitad del libro, la primera casi que sobra”

“La primera parte también se me hizo pesada”

“Pues yo no estoy de acuerdo. A mí me parece que es una obra con mucho humor”

“Bueno, no es que se me hiciera pesada, sino que me desconcertaba, no sabía adónde quería ir a parar, y por eso la segunda parte la disfruté más. Pero me cautivó desde un principio”

“Yo tampoco quiero decir que no tenga humor, pero es un humor muy cruel y hasta diría que de mal gusto”

“Sí, es un humor que cae conscientemente en el mal gusto. Sobre todo cuando trata algunos temas como la religión y la homosexualidad”

Sartre, la superestrella

“A mí me pareció muy divertido cómo aborda la relación de Sartre (Partre) con sus admiradores y que Alise lo asesine para que su novio no se gaste más dinero en sus obras”

“Vian mismo había colaborado con Sartre y con Camus y yo creo que los admiraba a los dos”

“Siendo como fue discípulo suyo, me parece un poco mezquina la crítica”

“Yo no creo que a Sartre le molestara la parodia, es más, debió gustarle, en realidad, no queda mal como autor, de quien se mofa Vian es de sus seguidores”

“Pues ojalá hoy en día hubiera esa admiración por los filósofos. Yo creo que es algo que ya no se encuentra, ya no se tiene tanto respeto por los intelectuales”

“Bueno, hay filósofos con muchos admiradores, se puede ver en las redes sociales”

“Pero no es comparable al movimiento que generó Sartre en Francia”

“Ya, pero nuestro mundo ya no es el que describe Vian, hay un acceso diferente a la información, mucho más segmentado. Es difícil que surjan fenómenos similares” 

La filosofía es la base y la violencia se cuela en la narración

“A mí me parece que el libro de hoy no deja poso, no tiene estructura”

“Eso también pasa con la poesía y el libro de este mes tiene más que ver con la poesía que con la literatura de tesis como sería, por ejemplo, Dostoievski”

“Es una poesía un poco sádica, hay asesinatos, hay tumbas...”

“A mí me molestaba en algunos momentos la violencia, pero también hay humor en esas muertes. Como la que reserva para el ratón al final, es raro y divertido, como todo el libro”

“Es verdad, el ratón, ¿qué significado diríais que tiene? Es una de esas cosas que me desconcertaron”

“Pues yo diría que es una mascota, sin más, como las de las pelis de Disney”

“Ah, pues sí, no sé por qué le daba yo tantas vueltas. Simplemente es tierno, como ese final que crea para él, para cerrar el libro, esa muerte tan rara que busca el ratón”

“Sí, es un personaje tierno, es un protector de la casa e intenta que recupere aquel brillo que tenía, pero se deja las patitas en el intento. Aquí comenzó a engancharme el libro, cuando empieza la decadencia de la casa, cuando empieza faltar la luz. La casa es cada vez más oscura porque es más pobre. Ahí hay belleza y verdad, así son las casas humildes, la luz es lo primero que falta”

“También hay mucha belleza en la enfermedad de Chloé”

“Sí, hay belleza pero también va siendo todo más siniestro, como los trabajos que tiene que buscar el protagonista para cuidar de Chloé. Habla del trabajo en unos términos tan deshumanizadores que da escalofríos”

“Sí, recuerda a la película Tiempos modernos de Chaplin. Y en el libro también se compara repetidamente al trabajo con la muerte. Es algo que en parte le pasó a Vian cuyo padre era rentista y tuvo que empezar a trabajar por culpa de la crisis económica”

“O sea que esa parte del libro es parcialmente autobiográfica”

“Era una preocupación de la época, hoy ya se ha superado esa etapa de la industrialización. De hecho ahora estamos añorándola porque hemos pasado de que el trabajo deshumanizara a una situación peor, que ya no haya trabajo para todos”


miércoles, 7 de marzo de 2012

13 de marzo: La otra guerra


“No se puede contar todo, una vida no se puede desplegar por completo […] Se puede sacudir como una alfombra sucia, pero nadie se alegra si lo hacen en su cara”, afirmó Thomas Bernhard en una entrevista concedida pocos años antes de su muerte. Curiosas declaraciones teniendo en cuenta que es el autor de una de las más reputadas autobiografías del siglo XX. Para quien las recuerda –el escritor Eduardo Escobar–, “Bernhard nos obliga a masticar una sustancia incalificable parecida a la arena […] causa un malestar bien definido más allá del que suscitan las perversiones de su sintaxis plana”.
Complaciente no es el adjetivo que mejor encaja en la obra y estilo de Thomas Bernhard. Hace ya unos años, el Teatre Lliure estrenaba una de sus obras, El hombre de teatro, presentada en esta crónica del programa La Mandragora como una diatriba contra la cultura de la vieja Europa con Lluís Homar como protagonista absoluto:



Tras comentar las de Canetti y Sartre, es el turno de tratar en Novelantes la autobiografía de Thomas Bernhard, en concreto su primer volumen, El origen, que narra la solitaria adolescencia del autor en un Salzburgo de pesadilla bajo las bombas aliadas durante la II Guerra Mundial. Como apunta Jaume Magre en su lectura de la obra, el único momento en que Bernhard parece mostrarse conmovido por Salzburgo es cuando la ciudad, “bajo el frenesí de las bombas durante la guerra […] se muestra desesperada, adquiriendo de ese modo características humanas”.
La fealdad y la degradación, que progresaban rápidamente en esa ciudad no sólo desfigurada por los bombardeos y sus consecuencias sino también transformada por los, al fin y al cabo, millares de fugitivos que caían sobre ella en una ciudad caótica de pies a cabeza, le daban de pronto rasgos humanos, y por eso pude amar realmente con fervor, y amé con fervor, a esa ciudad mía, sólo en esa época, ni antes ni después. Ahora, en la mayor tribulación, esa ciudad era de pronto lo que antes jamás fue: una naturaleza viva, aunque también desesperada, como organismo urbano, el museo de belleza muerto y mentiroso que había sido siempre hasta ese momento de su mayor desesperación se llenó de humanidad, su embrutecimiento petrificado como cuerpo muerto era de repente soportable en su desesperación y falta de esperanza supremas, y yo la amaba así.
Thomas Bernhard, El origen
Más sobre Bernhard en:
  • “El ocaso del comediante”, por Guillem Clua, en El Periódico. Artículo sobre el estreno de Un hombre de teatro en el Teatre Lliure.
  • “Bernhard o el despojamiento”, por Eduardo Escobar, en Revista Universidad de Antioquia. De como Bernhard inspiró la obra de un escritor que ni siquiera lo había leído.
  • “Thomas Bernhard: El artista creado por la ciudad”, por Jaume Magre, en Scriptura. La lectura de El Origen lleva a buscar relaciones entre la ciudad y autores como Baudelaire y Nietzsche, así como una hipotética definición de ciudad en contraposición a la cosmovisión antagónica de pueblo.

lunes, 11 de abril de 2011

Sobre el 8 de marzo: Jean Paul Sartre


La charla sobre Las palabras, de Jean Paul Sartre, derivó en discusión sobre su figura y la de otros filósofos, como Nietzsche, que continúa en comentarios en este blog; también en una exposición sobre la vigencia del existencialismo y las corrientes filosóficas actualmente en boga.

Al estilo de Proust

“Intenta hacer un libro al estilo de Proust”

“Se ha dicho que parodia a Proust”

“Pero el estilo es muy diferente, no aparece, por ejemplo, la comparación típica de Proust”

“Que proviene del Homero de La Iliada

“El estilo es muy sencillo, nada aparatoso”

“El modo de rememorar tampoco tiene nada que ver”

Corto pero elaborado

“Pero a pesar de ser corto, es un libro muy elaborado, fue concebido 10 años antes”

“Es corto, pero también denso. Tiene muy pocos personajes”

“Es muy ambicioso, apenas tiene personajes o argumento”

“Es un libro difícil de hacer, hay que reconocerlo. Tuvo que ser muy duro. Dudo que tuviera esa profundidad que refleja a los 11 años”

“En realidad, me parece una elaboración de los recuerdos”

Ajuste de cuentas

“Tanto el título como los nombres de los capítulos tienen que ver con la literatura, dan pistas sobre lo que pretende: se cuenta la formación de un escritor puro, que vive alienado de la literatura”

“Es una ceremonia de adiós a la literatura por parte del propio Sartre”

“Un ajuste de cuentas con la literatura a la vez que se despide, un canto de cisne”

Escritor a su pesar

“Es un escritor a su pesar, reflexiona sobre ello en su obra”

“Apenas escribe literatura tras La edad de la razón

“Pero no olvidemos que era un filósofo”

“Dostoievksi es un escritor filosófico, pero que no sabía filosofar, no tenía la técnica, Sartre tenía la polivalencia para hacer ambas cosas”

Una lucha contra sí mismo

“¿No es algo exagerado coger un problema como el que él tenía y hacer un libro?”

“Pone al descubierto su génesis como escritor y descubre que no llega a ello por vocación”

“La falta de rebelión contra su padre se convierte en una lucha contra sí mismo”

“Esa lucha es algo que hacen todos los grandes pensadores”

martes, 1 de marzo de 2011

8 de marzo: Memorias de niñez


Aunque no brille en las etiquetas de este blog, Sartre ha sido muy citado en las reuniones de novelantes, sobre todo las últimas (y eso que ya no nos acompaña su principal valedor, aquel que proclamara, en celebrada frase, “yo soy más de Camus y Sartre”). En la sesión de Calígula decidimos que, tanto hablar de él con relación a Camus, bien merecía la suya propia.

El verano pasado, Gallimard publicaba Las palabras, junto con otros escritos autobiográficos de Sartre. Es la resaca del lanzamiento de sus obras completas realizado en 2005, con ocasión del centenario de su nacimiento. “El manuscrito definitivo de Las palabras fue constituido en 1963 muy rápidamente a partir del material existente de Juan sin tierra —comenzado 10 años antes y foliado por Simone de Beauvoir—, retomado o retrabajado y completado con nuevas páginas. Los colores de tinta diferentes, los papeles más o menos amarilleados, cuadriculados la mayoría, permiten apreciar dos épocas distintas de escritura importantes que se distinguen por el trabajo de estilo”, según se explicaba en la exposición que le dedicaron en la Biblioteca Nacional Francesa dentro de los fastos del centenario; por aquí, su figura, un tanto desvaída, fue reivindicada entonces: Joan de Sagarra hablaba de lo olvidado que había quedado el Sartre autor frente al Sartre pensador en un artículo publicado en La Vanguardia (“¿Qué hacemos con Sartre?”, 25 de mayo 2005) en el que repasaba su trayectoria, evolución ideológica y política, y explicaba que el primer libro que había leído de Sartre era La náusea pero recomendaba empezar a leerlo por Las palabras. Y a eso nos hemos puesto. Aquí os dejamos estos párrafos finales de la obra:

Estoy de vuelta, pero no he renegado: sigo escribiendo. ¿Qué otra cosa se puede hacer?
Nulla dies sine linea.
Es mi costumbre y además es mi oficio. Durante mucho tiempo tomé mi pluma por una espada; ahora conozco nuestra impotencia. No importa, hago, haré libros; es preciso. Son útiles, de todos modos. La cultura no salva nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce; sólo este espejo crítico le ofrece su imagen. Por lo demás, este viejo edificio en ruinas, mi impostura, es también mi carácter; podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos. Todos los rasgos del niño, desgastados, borrados, humillados, arrinconados, silentes, han quedado en el quincuagenario. La mayor parte del tiempo se aplanan en la sombra, acechan; al menor descuido levantan la cabeza y salen a la luz bajo un disfraz; pretendo sinceramente no escribir más que para nuestro tiempo, pero no me molesta mi notoriedad actual: no es la gloria, ya que vivo, y eso basta sin embargo para desmentir mis viejos sueños, ¿o será que sigo alimentándolos secretamente? Del todo, no; creo que los he adaptado; ya que he perdido la posibilidad de morir desconocido, me enorgullezco a veces de vivir mal conocido. Grisélidis no ha muerto. Pardaillan sigue habitándome. Y Strogoff. Yo no dependo más que de ellos, que no dependen más que de Dios y yo no creo en Dios. ¡Vaya uno a reconocerse! Por mi parte, no me reconozco, y a veces me pregunto si no estoy jugando al ganapierde y no me empeño en pisotear mis esperanzas de antaño para que se me devuelva todo multiplicado por cien. En tal caso yo sería Filoctetes: este cojo magnífico y apestoso que dio hasta su arco sin condiciones, pero, subterráneamente, puede estarse seguro de que espera su recompensa.
Jean Paul Sartre, Las palabras
Más sobre Sartre en:
  • "Sarte", exposición online. Sitio web de la exposición de la Biblioteca Nacional Francesa dedicada al autor en el centenario de su nacimiento. Entre otros materiales, imágenes del manuscrito de Las palabras.
  • "Conversación con Jean-Paul Sartre", por Jorge Semprún, en Cuadernos de Ruedo ibérico. La web Filosofía.org nos ha permitido rescatar una entrevista hecha al autor en 1965.

domingo, 9 de enero de 2011

Sobre el 14 de diciembre: Albert Camus


Con “la obra de teatro más importante de Camus, la más representada, incluso en la actualidad”, despedimos el año. “Adscrita al ciclo de piezas del absurdo, con El extranjero y El mito de Sísifo”, Calígula fue mimada por Camus (“la empezó en 1937 y fue retocándola con los años”) y elegida por la novelante que la propuso porque le pareció que “daría lugar a debate”. Veámoslo:

¿Loco?
“Leída tiene otro aire, cazas más cosas, en la representación que vi lo que me quedó más claro es la locura de Calígula”
“Resulta más simpático que otros personajes”
“Sí, cuando habla de la luna”
“O en la representación como Venus”
“Pero en todo momento mantiene la lucidez, no es el Calígula de Suetonio”
“Es un personaje poliédrico”
“No lo representa como un loco”
“Estoy de acuerdo, pero creo que Camus se pierde por el camino”

¿Crítica o drama?
“Su idea es criticar la sociedad cómoda, del bienestar”
“Yo no creo que haya crítica social, habla de absolutos”
“Sí, es un drama existencial”
“Aunque hay una crítica de refilón a la moral convencional reflejada en el choque entre los patricios y Calígula”
“Se trata de una pieza que da lugar a muchas interpretaciones”
“Pero el gran tema es la arbitrariedad, el todo vale: para Calígula el hombre vive sin poder ser feliz y finalmente muere, todo es arbitrario”
“Da igual que lo llame la luna o el amor, nada es posible”
“Acude a un silogismo lógico para justificar una ejecución, es la razón llevada a sus últimas consecuencias”
“Asume el nihilismo y pretende extenderlo. Si os fijáis en la obra aparece repetidamente la palabra ‘nada’, desde la primeras líneas, en francés el más sonoro ‘rien”
“Pero es una obra ambigua, fue escrita en varias fases. Aunque la escribió antes, la remató después de la II Guerra Mundial y se nota en las frases finales cuando Calígula viene a decir matar no es el camino, la libertad que yo buscaba no era la correcta…”
“¿Calígula podría llegar a confundirse con Hitler?”
“De ninguna manera, Calígula habla de sí mismo diciendo que no provoca guerras. Tampoco es racista. Lo que quiere es rebelarse contra la propia existencia humana”

La voz de Camus
“Quereas podría considerarse la voz de Camus, un contrapeso ético”
“Representa la réplica frente a Calígula, su valor es replicar, algo muy camusiano: es valeroso quien considera mejor morir que vivir bajo el miedo”
“Se refería a Argelia y España, cómo hay hombres capaces de sacrificar su vida por una idea”
“En la correspondencia con René Char confiesa estar harto de París y sus intelectuales”
“Ante la guerra de Argelia estuvo del lado del Gobierno francés, lo que no aceptó fue la violencia policial. La violencia es lo que nunca aceptó, ni siquiera la de los que lucharon contra los nazis. En la guerra de Argelia se puso del lado del FLN, aunque criticó sus acciones cuando consideró que no eran justas”
“Es una postura que se malentendió y el origen de la pelotera que tuvo con Sartre”
“Las disputas con Sartre eran de otro orden, referentes al comunismo. Según Sartre, quienes no estaban con el comunismo eran perros de la burguesía”
“Sin embargo, a la muerte de Camus, escribió un obituario en el que reconoció todos sus meritos, más allá de las diferencias ideológicas”