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domingo, 8 de mayo de 2011

Sobre el 12 de abril: Luis Piñer


Esta entrada reflejará menos que nunca lo expresado en la sesión dedicada al Recordatorio de Ramón Cuesta. Un librito de corta extensión, pero que originó una gran tertulia

Entre Rimbaud y Borchert

“Me ha costado y me ha gustado”

“Es que no hay nexos, no es descriptivo, no cuenta una historia”

“Al menos hay un orden cronológico. Algunos de los relatos ya habían sido publicados, pero en otro orden, conLa bodega en primer lugar, pues es la que justifica la obra”

“En ese relato dice que los prisioneros inician su ‘saison a l’enfer’. La inspiración confesa es esa obra de Rimbaud, tanto en su estructura, en ocho partes, como en el tema: transfigurar lo vivido para convertirlo en otra cosa. Recuerda mucho a Rimbaud, es una obra rimbodiana”

“También hay referencias a Baudelaire y Dante y una referencia explícita a Alberti, el reloj sobre el muerto”

Como Rimbaud, hace un esfuerzo por transfigurar lo sórdido, las experiencias trágicas”

Aparte de Rimbaud, a mí sólo me ha recordado a Wolfgang Borchert, un escritor que desertó en la Alemania nazi, es un poco más kafkiano, pero encuentro que tienen un talento literario similar”

“Yo os recomiendo sus ensayos sobre poesía, Tres ensayos de teoría, son muy interesantes, recuerdo que cita sobre todo a Friedrich Hölderlin”

Hallazgos poéticos

“Mi favorito es el número 8, Ahora y en la hora, una reflexión sobre la propia muerte”

“Y cómo quedan reducidos a una condición animal”

“Mi favorito es Pequeño Beethoven, sobre todo los párrafos finales, son deslumbrantes”

“Sí, pero todo el libro está repleto de hallazgos poéticos”

“En ese relato expresa su sentimiento de que la muerte ha elegido mal, ha elegido al políticamente inocente, en un paralelismo respecto a lo que sintió Alberti a la muerte de Lorca”

“Me pregunto qué quería lograr con el último relato, La casa, es muy distinto a los otros, el estilo es muy plano, nada poético”

“Es un intento por describir cómo descubre el mundo con ojos nuevos”

“Describe un remanso de paz, que tiene una correlación estética en un estilo limpio”

La tragedia de la dictadura

“Es una obra que hubiera merecido mayor eco, me pregunto por qué pidió que se publicara póstumamente”

“Yo creo que se debe a que sentía que había adoptado un papel poco gallardo, sentía un complejo por haber sido salvado por un falangista y haber seguido viviendo, quizá se sentía corrompido”

“Es la tragedia de la dictadura, que no somete sino que corrompe”


Todavía más sobre Piñer en:


martes, 5 de abril de 2011

12 de abril: Herida abierta


En 1991, gana el Premio Nacional de Poesía la obra de un autor casi desconocido. Tenía 81 años. El profesor de la Universidad de Deusto Juan Manuel Díaz de Guereñu realizaba su tesis sobre Juan Larrea cuando conoció a Luis Álvarez Piñer en 1983 y lo animó a publicar una antología de su obra poética, que el propio autor había condenado al silencio durante décadas.
En 1928, con 18 años, Luis Álvarez Piñer conoció a Gerardo Diego, profesor suyo en el Instituto Jovellanos de Gijón. Justo antes de la Guerra Civil publicó su primer poemario, Suite alucinada, influenciada por el creacionismo, movimiento en el que también se inscriben Diego y Larrea.
Adscrito al bando republicano, la guerra truncó su carrera. Escribió, no obstante, toda su vida. Tras su muerte, en 1999, Díaz de Guereñu por fin pudo publicar un secreto compartido con el poeta: Recordatorio de Ramón Cuesta, el libro en que Luis Álvarez Piñer reunió la prosas breves en que dejó anotados sus recuerdos de vencido en la Guerra Civil. Como recuerda el profesor en la introducción del Recordatorio, Piñer se negó repetidas veces a que fuera publicada en vida esta obra, que “comienza rememorando ‘la tarde última’, la de aquel 21 de octubre de 1937 en que Gijón cayó en manos del ejército nacional y Piñer emprendió con tantos otros la huida frustrada que lo había de conducir al campo de concentración”, explica Díaz de Guereñu: “Habla también de ‘la caída’ la noche del mismo día del Alicia, el pesquero en que hubo de embarcar tras haber perdido el barco en que debía haber sido evacuado, en su calidad de Secretario Técnico del Departamento de Propaganda del Consejo de Asturias y León, porque se entretuvo en destruir papeles que podían comprometer a sus subordinados. Se refiere luego al encierro en las bodegas del carguero Aríchachu, que navegó de puerto a puerto durante cinco días para eludir las inspecciones del Comité de No Intervención rumbo a Galicia, y a otras experiencias de prisionero. Y alude en fin a la noche del 7 al 8 de junio de 1938 en la que, pese a haber sido ya juzgado y absuelto de la acusación de rebelión militar ante el Tribunal n.º 1 de Asturias, en el campo de concentración de Camposancos, fue incluido en una saca de presos que fueron asesinados al amanecer, destino del que lo libró en última instancia la intervención de un falangista gijonés que lo conocía”.
La portada del libro se ilustra con un dibujo que realizó el poeta desde el campo. Esta entrada la cerramos con los párrafos finales de “Pequeño Beethoven”, la elegía en prosa de un compañero fusilado que Piñer redactó, al poco de su muerte, y que copiaron otros prisioneros de Camposancos:
En la hora final, el verde póstumo fue en sus ojos su huerto de los olivos. Las manos vacías, los brazos caídos por el peso del saludo infinito que ya no pudo dar. Y así hasta el borde de las sombras.
“La hora más oscura es la que precede al alba” repetía él gustoso. Y la luna no se atrevió, tal vez por ello, a caer sobre su frente cuando él se acostó, allí tan cerca, convencido por las cuatro o seis sílabas que para él pronunciaron los fusiles.

El alba venía, en efecto, detrás, desinteresada, alegre, estúpida, como siempre, corriendo como loca, empujando las horas más sombrías. Y el viento en ella estaba tan lleno de cosas, que no se oían las notas finales de la balada, que terminaba allí, en el piano abierto de sus dientes que sonreían.
Luis A. Piñer, Recordatorio de Ramón Cuesta

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