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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Los detectives salvajes, Roberto Bolaño: Detectives literarios

El libro propuesto este mes, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, resultó tener una gran complejidad formal que hacía un poco difícil la lectura, pero sus innegables méritos vencieron las primeras resistencias. Fue una sesión larga y rica, para un libro que daría para muchas tertulias.

Un libro poliédrico
“Al plantearme proponer un libro de Bolaño dudaba entre Los detectives salvajes o su otro gran libro 2666, que es una obra forzosamente incompleta porque el autor murió antes de poder acabarla. Trata el feminicidio en Ciudad Juárez y consigue una implicación más profunda del lector, es más emocional, pero preferí Los detectives salvajes porque es una novela más acabada”
“Está repleta de guiños al lector, de referencias veladas, como por ejemplo la cita que en el libro se hace del supuesto autor J.M.G. Archimboldi, un personaje seguramente  creado mezclando al escritor J.M.G. le Clézio y al pintor Beno von Archimboldi”
“El libro mismo es como un mapa-mundi”
“Es un puzle de estilos”
“Debido a la misma estructura del libro, hay partes de él que pueden desgajarse con facilidad”
“Es como si Borges se hubiera dedicado a escribir novelas. El resultado es un libro totalmente abierto, un libro que no tiene orillas, un libro que, podría ser complementado con muchos otros libros sin perder nada”
“Y que además se revisita con placer”
“Está muy bien estructurado, es un acierto poner al final del libro la tragedia que genera la cascada de testimonios que se encuentran en el centro del libro”

Belano-Bolaño
“El mundo que refleja es un poco esperpéntico”
“Hay muchas bromas literarias”
“Aunque el tono es muy humorístico lo cierto es que en él se describe a unos personajes que van cuesta abajo y sin frenos”
“Los dos personajes centrales del libro, Ulises Lima y Arturo Belano, son claramente sosias del mismo autor y de un amigo suyo poeta”
“Yo me creo mucho más el personaje de Belano, seguramente porque lo que cuenta es autobiográfico, con peripecias calcadas a las que vivió el autor. Es verdad, por ejemplo, que fue guardia de seguridad en Barcelona”
“El personaje de Ulises Lima es menos creíble, es sobre todo un personaje inspirador, de un gran atractivo personal, muy sugerente y misterioso. No se explica por qué va de una desgracia a la siguiente, por qué sufre tanto, por qué le timan continuamente. Ese misterio hace que sea menos creíble, y seguramente sea algo buscado porque lo que pretende es que sea sugerente. Da pena pero también divierte, con él es con quien más me reí, con la anécdota que distintos personajes van contando de que leía en la ducha”
“La parte de África de Belano me parece menos creíble. Seguramente porque no es autobiográfica, aunque se tuvo que documentar mucho, hay verdad pero no te lo crees tanto”
“Sí, porque hasta donde yo sé, la imagen que el autor da de la situación africana es bastante coherente y ajustada a la realidad”
“A mí me quedó la duda de si Bolaño trabajó alguna vez como corresponsal en África”
“Seguramente la escribió mapa en mano, como la parte de Sonora, ¿sabéis que nunca estuvo allí? ¿Verdad que no lo parece?”
“Bueno a ver, la verdad es que va desgranando poblaciones así una detrás de otra que canta un poco, sí que me creo que lo hiciera con un mapa”

Un mar de personajes
“Solo va de Belano y Ulises Lima, pero hay muchas voces en el libro y todas perfectamente orquestadas. Es admirable”
“Todos tienen su propia voz”
“A mí me molesta que siempre se presente a Belano como un ángel de bondad y un seductor. Hay un momento, en la parte central, cuando ya han vuelto de Sonora, que Belano y Lima se reencuentran con María Font. Es ella quien narra y dice que nunca los había visto tan seductores y que se los hubiera llevado a la cama allí mismo. Al principio, me molestó, pensé, ya estamos otra vez, Belano-Bolaño, el seductor. Pero luego me di cuenta de que en realidad esa reacción es coherente con el personaje, que entiende así su relación con los hombres”
“Es muy cruda la experiencia de su padre, de Quim Font, cuando está internado en un manicomio. Son partes muy crudas, son pasajes oníricos y mejor porque lo que cuenta es duro. Y está muy logrado. Es otro de esos personajes cuyas reacciones no acabas de comprender”
“¿Y Cesárea Tinajero? Es el motor del libro pero no se la oye, ¿justifica su final la deriva de los protagonistas?”
“Yo creo que sí, está bastante claro que da pie a toda la parte central del libro”
“Pues del final, a mí me gustaría hablar del personaje de Lupe, la mujer fatal del libro, que desencadena la tragedia, pero no se sabe bien por qué”
“Bueno, es una prostituta a quien los protagonistas separan de su “padrote” y eso hace que la violencia se desencadene sobre ellos”
“A mí lo que me parece curioso es que la parte dedicada a García Madero sea tan extensa, ese principio me parecía un rollo, suerte que me animasteis a seguir”
“Ya te dijimos que lo mejor estaba por llegar”
“A mí se me ocurre que García Madero podría reflejar como era el mismo Bolaño en su juventud, un poco pijo, acomodado… a veces insufrible”
“Sí, un ligón, sí, buf, qué creído”
“Y qué hábil es Bolaño de mantenerlo oculto durante toda la parte central del libro, así se te aviva el interés por saber qué ha sido de él. Desaparece del mapa y Bolaño acentúa el efecto al incluir el testimonio de un especialista en literatura que no conoce a ningún García Madero real visceralista. Su desaparición es uno de los motivos por los que te intriga el final”

Bolaño y el mercado editorial
“Yo propuse a Bolaño porque es un autor que arriesga en una época en que la mayoría de los escritores no lo hace”
“Este es un trabajo de años”
 “Y además es un libro muy personal. Ganó el premio Herralde de novela por unanimidad lo cual da idea de su originalidad y profundidad. Uno de los méritos de Bolaño fue poder publicar un libro tan difícil y hasta, me atrevería a decir, meta literario”
 “Yo he llegado a la conclusión de que te puede gustar más o menos pero que lo que es indudable es que dio en la diana editorial, el mercado estaba esperando un nuevo boom de la novela iberoamericana, se le dio mucha cancha”
“Pero no se le puede negar el mérito de escribir en varios estilos literarios, es un crisol de estilos”
“Sí. Y hay todo un repertorio de autores reales escondidos en el libro con unos nombres que mínimamente los esconden”
“Aunque no mucho porque una de las gracias del libro es que el lector los descubra. El lector tiene en realidad todas las pistas para desenmascararlos”
“A mi entender Bolaño es a veces cruel con otros autores”
“Una parte curiosa del libro es la que transcurre en la feria de libro de Madrid. Recuerdo sobre todo la historia de uno de los escritores, que durante años es mantenido por su mujer, una cartera, y en cuanto tiene éxito la deja por una intelectual. Pero sigue oyendo el carrito de cartas de su mujer. Hay ecos de Poe”
“La mayoría de retratos de escritores son despiadados, también lo es el del abogado, y muy divertido a la vez”
“Yo creo que aquí hay muchos ajustes de cuentas”
“También con la mujer que lo dejó y con la que hace infeliz a Ulises… cuánta inquina al retratarlas. A mí, Bolaño como persona creo que no me hubiese caído bien”

Mejor en papel
“Yo echo en falta un poco de poesía en el libro. El autor es muy racional. Es muy poco lírico”
“Sí. Este es un libro muy cerebral”
 “A mí me ha costado mucho entenderlo”
“Eso es porque lo has leído en el ebook. Yo creo que para un libro como este es mejor el formato papel, como Rayuela
“Exacto, si lo lees en papel, vas y vuelves, puedes repasar y volver a mirar lo ya leído de forma selectiva, es lo que yo hice este verano, antes de entrar en la parte de Sonora me dije que tenía que volver a leer la parte central y la disfruté mucho más, descartando los pasajes que recordaba más, como lo que cuenta de las revueltas estudiantiles de México”
“O la historia del abogado, o la del chileno que gana las quinielas… Son esas las historias que decíamos que, al ser cerradas, recuerdas más. Es más complejo seguir las peripecias de Ulises y Belano con los testimonios de quienes los conocieron”
“Sí, es complejo, pero compensa. Por esa complejidad puedes volver una y otra vez, porque como decíais al principio, es un libro sin orillas”

martes, 7 de julio de 2009

14 de julio: Las diversas caras de la luna


Fue íntimo de Charles Dickens y uno de los escritores más conocidos de su tiempo, pero la fama de Wilkie Collins decayó a su muerte mientras que la de su amigo crecía exponencialmente. Borges atrajo la atención sobre él al confesar que había sido una de sus mayores influencias; así se refirió a la novela que comentaremos: “La Piedra Lunar no sólo es inolvidable por su argumento, también lo es por sus vívidos y humanos protagonistas: Betteredge, el respetuoso y repetidor lector de Robinson Crusoe; Ablewhite, el filántropo; Rosanna Spearman, deforme y enamorada; Miss Clack, la bruja metodista, Cuff, el primer detective de la literatura británica”. No obstante, la cita clásica sobre La piedra lunar, inevitable en las numerosas ediciones contemporáneas de la obra, se debe a T. S. Eliot, que la calificó como "la primera, la más larga y la mejor de las modernas novelas detectivescas de Inglaterra".
Para escribir La piedra lunar, publicada por entregas en una revista fundada por Dickens, Collins utilizó recursos que llegaron a ser arquetipos del género. A lo largo de una narración desde múltiples puntos de vista se va desplegando una colorida galería de personajes entre los que destacan dos secundarios: un injustamente desconocido precursor de Sherlock Holmes, el gran Cuff, y esa “bruja metodista” llamada Drusilla Clack, pariente pobre, solterona, beata y tan incomprendida... lo bastante hábil como para detectar que la calva de un familiar lejano es su particular termómetro del mal genio y lo suficientemente osada como para interrumpirlo durante su grado máximo de coloración:
La calva del señor Ablewhite comenzó a pasar del escarlata al púrpura. Jadeó buscando aire y empezó a mirar de un lado a otro, de Rachel al señor Bruff, tan furioso y frenético contra ambos, que no sabía a quién atacar primero. Su esposa, que se había estado abanicando imperturbablemente en su asiento hasta ese instante, trató, sin resultado alguno, de calmarlo. Yo había sentido, durante el curso de esta penosa entrevista, más de una llamada interior que instigaba a intervenir con unas pocas palabras juiciosas, pero me contuvo el temor de un posible desenlace completamente indigno de una cristiana inglesa cuyas miras se hallan puestas, no sobre lo que aconseja una mezquina prudencia, sino sobre lo que es moralmente justo. Al advertir la gravedad de la situación me elevé por encima de toda mera contemplación de las conveniencias. Si me hubiera yo dispuesto a intervenir mediante alguna amonestación de mi propia y humilde cosecha, es posible que hubiera vacilado. Pero la infortunada querella doméstica que se ofrecía ahora a mi vista contaba con una solución maravillosa y bellamente descrita en la correspondencia de la señorita Jane Ann Stamper… Carta número mil uno, titulada: "Paz en el Hogar". Me levanté, pues, en mi modesto rincón y abrí el precioso libro.
—Querido señor Ablewhite —dije—, ¡una sola palabra!
En el primer momento y al atraer por vez primera la atención de todos al levantarme, pude advertir que estaba a punto de decirme alguna grosería. Pero mi fraternal manera de dirigirle la palabra, lo contuvo. Clavó en mí sus ojos con un asombro pagano.
—En mi carácter de amiga y de persona bien intencionada —proseguí—, de persona que cuenta con una gran experiencia en lo que se refiere a despertar, convencer, preparar, iluminar y fortificar a sus semejantes, permítanme que me tome la más inocente de todas las libertades: la libertad de apaciguar su espíritu.
El señor Ablewhite comenzó a recobrarse, estaba ya a punto de estallar…, y hubiera sin duda estallado, frente a cualquier otra persona. Pero mi voz, habitualmente dulce, alcanza un tono alto en los momentos de apuro. En este caso concreto, por ejemplo, me sentí llamada a intervenir con un registro más alto que el suyo.
Levantando mi valioso libro frente a él, señalé con mi dedo índice en la página abierta. Fue impresionante.
—¡No son palabras mías! —exclamé interrumpiéndolo con mi ferviente estallido—. ¡Oh, no supongáis que reclamo vuestra atención para que escuchéis mis humildes palabras! ¡Maná en el desierto, señor Ablewhite! ¡Rocío sobre la tierra calcinada! ¡Palabras de consuelo, de sabiduría, de amor… las benditas, tres veces benditas, palabras de la señorita Jane Ann Stamper!
Wilkie Collins, La piedra lunar

Más sobre Wilkie Collins en:
  • Página personal dedicada a Wilkie Collins, de Manuel Barberán. Este turolense, amante del insigne ilustrador Segrelles y, cómo no, de Wilkie Collins, ha preparado una de las informaciones más completas en la Red sobre el autor y su obra en castellano. No hace falta que probéis el enlace al texto completo de las novelas, no funciona.
  • The Wilkie Colllins Pages, de Paul Lewis (en inglés). Aunque su contenido resulte un tanto decepcionante, el dominio de este sitio lleva el nombre del escritor y ha sido seleccionado como recurso web por la BBC y tiene dos estrellas de la Encyclopaedia Britannica (signifique lo que signifique).

jueves, 13 de noviembre de 2008

Sobre el 11 de noviembre: Bioy Casares


Bioy Casares, ¿influido o influencia? Ni con treinta grabadoras se hubieran podido registrar todas las referencias que recorrieron esta reunión de Novelantes, ¡menudo repaso a la ciencia ficción! Novela influyente, La invención de Morel es “cita constante cuando se habla de realidad virtual” (y no podemos dejar de anotar una curiosidad: un personaje de Perdidos, Sawyer, la lee en un capítulo de la serie). Aquí insistiremos en la referencia más repetida durante la reunión; influencia, en este caso, pues fue para Bioy Casares un maestro: Jorge Luis Borges.

Anda que para no ir a discutirle a Borges —como decíamos en la anterior entrada— ese prólogo en el que califica de perfecta la trama de La invención de Morel… Incluso a un novelante a quien le gustó la novela (bienvenido, por cierto) le chirrió: “La trama tiene un defecto, pasa demasiado tiempo desde que el protagonista descubre la invención hasta el final”. Si ya lo decía el propio Borges, “perfección es ausencia de defectos, no presencia de virtudes”. Acabáramos, qué fácil es burlarse de las palabras, ¿no?

Quien propuso esta lectura comenzó indicando que La invención de Morel “podría considerarse la novela que nunca escribió Borges”. Sí, sí, le contestaron, pero “un Borges borracho”. A semejante correctivo replicó que él mismo se había sentido decepcionado en la segunda lectura: “No comulgo con la forma, parece que todo se tenga que cerrar en cada punto, las frases son muy cortas, intentado aportar el máximo.” Hubo acuerdo al respecto y una nueva comparación con Borges, que “sin perder densidad, es más claro”.

El abogado de Bioy Casares se atrevió a apuntar que para el año en que se escribió, 1940, resultaba original (también lo decía Borges, pero, vigilemos las palabras, él hablaba de imaginación razonada en lengua castellana) y esa nueva defensa fue respondida aún más rápidamente: La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells, es anterior. “De acuerdo, la idea es la misma pero La invención de Morel es una vuelta de tuerca y es más metafísica”, contestó. Esta vez la réplica fue terminante: “¿Has leído a Borges? Eso sí que es metafísica”.

Metafísica o no, ésta es una novela dedicada a “dar vueltas sobre la memoria y los recuerdos” y eso suena bastante metafísico: “¿Somos lo que recordamos o aquello por lo que esperamos ser recordados alguna vez?” Lo que se plantea en su argumento resulta cruel: “El protagonista nunca puede relacionarse con los demás habitantes de la isla, todo lo vive en su imaginación. Nunca sabe dónde está, rodeado de fantasmas, ¿lo es él mismo?”

La invención de Morel puede verse como “una obra formal, correctita, con muchísimas influencias y muy minuciosa en las descripciones, una novela que demuestra oficio, pero no tiene alma”. La máquina de Morel puede verse como un intento fallido de otorgar verosimilitud a lo narrado, que así les pareció a algunos, pero también, alegó la defensa, como la “hilazón de la novela, mientras su protagonista observa que su propio cuerpo se descompone”. Y le da igual. “Éstá condenado al olvido en una isla y busca remedio. En la última página condensa toda su vida y deja un ruego”, una plegaria conmovedora para quien ha asistido a su drama.

“Quédate con eso, quédate con lo que te dejó esa novela la primera vez que la leíste, entiendo que te marcara, intenta no perderlo”, le aconsejaron. ¿Vale la pena luchar por conservar la emoción sentida en una primera lectura en vez de quedarse con la decepción vivida en la segunda?

martes, 4 de noviembre de 2008

11 de noviembre: Memoria de la realidad


"En español, son infrecuentes y aún rarísimas las obras de imaginación razonada. Los clásicos ejercieron la alegoría, las exageraciones de la sátira y, alguna vez, la mera incoherencia verbal; de fechas recientes no recuerdo sino algún cuento de Las fuerzas extrañas y alguno de Santiago Dabove: olvidado con injusticia. La invención de Morel (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo. He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta." Lo dijo Borges es su prólogo a La invención de Morel y no seremos nosotros quienes se lo discutamos.

La invención de Morel, un clásico de la literatura latinoamericana, es quizá la obra más famosa de Adolfo Bioy Casares; su protagonista, un fugitivo sentenciado a cadena perpetua por "un error de la justicia" que huye a una isla desierta y, asustado por la sorpresiva música de un fonógrafo y la súbita aparición de un grupo de personas, debe ocultarse en los pantanos para no ser descubierto. ¿Pero era necesario esconderse?

En la imagen, la portada de la primera edición de la novela, que Bioy Casares dedicó, por cierto, a Borges. Ellos se lo guisan... Y así comienza:

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. El verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa clama. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Huí por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana.

Bioy Casares, La invención de Morel

Más sobre Bioy Casares en: