miércoles, 2 de mayo de 2012

8 de mayo: De carne y hueso


Que levante la mano quien no haya leído El lobo estepario, Siddhartha o Demian, que levante la mano quien no haya sido adolescente. Recordamos a uno de los novelistas más influyentes de la historia a través de una de sus obras menos conocidas: la autobiográfica En el balneario.
La obra se abre con una cita de Nietzsche: “La ociosidad es el comienzo de toda psicología” y un prólogo en defensa propia: “Al convertir la mentalidad personal de mi edad y mi condición de enfermo de ciática en un tipo, en una norma general, al dar la impresión de que no hablo únicamente en mi nombre, sino en el de toda una generación y una edad determinada, soy plenamente consciente, al menos por unos momentos, de que es un craso error […] No me dejo robar el placer de considerar «correctos» y justificados mis pensamientos e ideas, pese a que el mundo circundante intenta sin cesar convencerme de lo contrario; no me importa tener contra mí a la mayoría, y me inclino más a darme la razón a mí mismo que a ella, como en el caso de los grandes poetas alemanes, a quienes no respeto, amo y utilizo menos porque la gran mayoría de alemanes actuales haga lo contrario y prefiera los cohetes a las estrellas […] Y mientras yo, pequeño poeta actual, emprendo la tarea de esbozar la estancia en un balneario, pienso en las muchas docenas de viajes y excursiones a balnearios que han sido descritos por autores buenos y malos, y pienso con embeleso y veneración en la estrella entre todos los cohetes, en la moneda de oro entre todos los billetes de Banco, en el ave del paraíso entre todos los gorriones, en el viaje al balneario del doctor Katzenberger; pero no por ello permito que este pensamiento aleje a mis cohetes de la estrella y a mis gorriones del ave del paraíso. ¡Vuela, pues, gorrión mío! ¡Asciende, mi pequeña cometa!”
A su llegada a Baden, y antes de vérselas con el doctor, se enfrenta el autor a un primer dilema, la elección de su dormitorio: 
Así pues, la elección de un dormitorio es para nosotros una empresa en extremo delicada, importante y hasta casi imposible, hay que pensar en veinte cosas a la vez, en cien posibilidades. En una habitación hay armario de pared, en otra hay calefacción, en la tercera, un tocador de ocarina puede ser la fuente de sorpresas acústicas. Y como se sabe por experiencia que en ninguna habitación del mundo es posible determinar la existencia de la tan ansiada paz que nos garantice el sueño, como la habitación de aspecto más tranquilo puede ocultar sorpresas (¿acaso no había vivido ya en un solitario cuarto para la servidumbre en el quinto piso, a fin de asegurarme de que ningún vecino alteraría mi paz, para encontrar, en vez de un ruidoso coetáneo, una buhardilla infestada de ratas?), ¿no sería mejor acabar renunciando a toda elección, tirarse sencillamente de cabeza en brazos del destino y dejar decidir a la casualidad? En lugar de atormentarse y afligirse, sólo para rendirse a lo inevitable pocas horas después, triste y decepcionado, ¿no sería más inteligente dar carta blanca al ciego azar y aceptar la primera habitación que nos ofrecen? Sí, no hay duda de que sería más inteligente. Sin embargo, no lo hacemos, o lo hacemos muy raramente, porque si la inteligencia y la evitación de emociones dirigieran todos nuestros actos, ¿cómo sería nuestra vida? ¿Acaso ignoramos que nuestro destino es innato e inescapable, y pese a ello nos aferramos esperanzados a la ilusión de la elección, del libre albedrío? ¿No podría cada uno de nosotros, cuando elige al médico para su enfermedad, su profesión y lugar de residencia, su amante o su novia, dejarlo todo, tal vez con mayor éxito, a la pura casualidad, cuando, por el contrario, opta por la elección y dedica a todas estas cosas gran cantidad de pasión, de esfuerzos, de inquietudes? Quizá lo hiciera ingenuamente, con entusiasmo infantil, creyendo en su poder, convencido de que puede influenciar al destino; pero también es posible que llegue a hacerlo con escepticismo, profundamente convencido de la inutilidad de sus esfuerzos, pero igualmente convencido de que la acción, las ambiciones, la elección y el sufrimiento son más hermosos, vibrantes, decorosos o al menos divertidos que no inmovilizarse en una pasividad resignada. Pues bien, del mismo modo actúo yo, demente buscador de habitación, cuando pese al profundo convencimiento de la inutilidad y absurda insensatez de mi proceder me enfrasco cada vez en largas negociaciones sobre la elección de mi cuarto, investigando concienzudamente la cuestión de vecinos, puertas, puertas dobles, y todo lo imaginable. Es un juego, un deporte para mí el entregarme cada vez en esta cuestión insignificante y vulgar a la ilusión y a ficticias reglas de juego, como si asuntos de esta índole merecieran una actuación lógica. Mi comportamiento es tan inteligente o tan insensato como el de un niño al comprarse golosinas o el de un jugador que basa sus apuestas en cálculos matemáticos. Sabemos perfectamente que en tales situaciones estamos en manos de la casualidad, y ello no obstante actuamos, por profunda necesidad espiritual, como si la casualidad no existiera y todo en este mundo dependiera de nuestra razón y nuestro gobierno.
                                                                     Herman Hesse, En el balneario

Más sobre Hesse en:
  • Portal Hermann Hesse. Este Portal, creado por una caja de ahorros de Baden, se presenta como la oferta de información en línea más completa sobre la persona, la obra y las repercusiones de este premio Nobel, “uno de los poetas de idioma alemán más conocidos y queridos en todo el mundo”.

jueves, 26 de abril de 2012

Sobre el 13 de marzo: Thomas Bernhard

© 2009 thomasbernhard.at (Andrej Reiser) 
Intensidad, lucidez y un estilo especial: la autobiografía de Thomas Bernhard nos llevó a hablar del origen y la caída del nazismo, pero también a tratar su peculiar forma de escribir, su capacidad para describir la cotidianeidad del horror.

Intensidad
“Es muy intenso, cuesta mucho leerlo”
“Es un estilo especial, te vas acostumbrando poco a poco a él”
“Da mucha importancia al ritmo de la frase, debe de tener alguna teoría al respecto”
“En el segundo tomo el estilo es diferente. Es el que más me gusta, se mete a aprendiz en una tienda en el barrio más marginal de Salzburgo y, sorprendentemente, no es huraño, tiene muy buena mano con los clientes, cuenta cómo se hace cargo del negocio con solo 17 años y es muy divertido cómo da vuelta a la situación. Luego enferma y los siguientes tomos se centran en su estancia en los sanatorios”
“Al estilo de La montaña mágica
“Lo recuerda, pero no hay dialéctica entre los personajes, todo se centra en el personaje principal, que permanece inalterado. Hasta la cuarta progresan en orden cronológico pero la quinta (El niño) va atrás, hacia su infancia, trata la relación con su madre, que fue complicada. En el primero ya se anuncia, se dice que es una mujer excepcional. No es que fuera una mala relación, sino difícil”

Lucidez
“Lo que cuenta en este primer tomo es durísimo, hay partes pasadas de vueltas”
“Es un observador que puede hacer sentir incómodo al lector”
“Es lúcido”
“Hay mucha frialdad al tratar los bombardeos, parece un tratado científico”
“Yo aprecio más la descripción de la cotidianeidad del horror que un lenguaje grandilocuente. El aparente distanciamiento refuerza más que una profusión de adjetivos. Requiere mayor esfuerzo literario”
“Cuando habla de los bombardeos es cuando encuentra el tono, porque antes, al hablar de los suicidios, que dice que lo hubiera hecho, pero con tanta tranquilidad…”
“Las dos partes en que está dividido empiezan en falso”
“A mí me sorprendió que usara los mismos adjetivos referidos a la ciudad y la familia, recuerdo al menos 'perturbador'. En ocasiones veo impostura, sobre todo al  principio de la segunda parte”
“Yo veo sinceridad. Hay pocos escritores en los que vea tanta capacidad para percibir el sufrimiento de los demás”

Nacionalsocialismo
“En la segunda parte me ha llamado mucho la atención la relación que hace entre nazismo y catolicismo”
“La conexión está muy bien justificada. La raíz del nacionalsocialismo, el odio al judío, viene del catolicismo, aunque en nazismo sea pagano, uno de sus pilares tiene mucho que ver con las enseñanzas católicas”
“Da una visión de la guerra desde el punto de vista de los perdedores y es muy crítico con Austria, siempre tuvo una relación muy mala con la prensa por eso”
“¿Qué pasa en Austria? El director Michael Haneke también es muy crítico con la sociedad austriaca y también Jelinek, el escritor en cuya obra se basa una de sus películas, La pianista
“El nazismo fue financiado por grandes familias alemanas, Hitler llegó al poder a través de elecciones y era muy popular, si triunfó fue porque hubo un caldo de cultivo”

jueves, 5 de abril de 2012

10 de abril: miedo


Nueva York, 3 de octubre de 1951. América se prepara para construir uno de sus mitos: the shot heard 'round the world. El jugador de los New York Giants Bobby Thomson logra la home run (cuadrangular, según los entendidos, jonrón, para la Real Academia) que otorga la victoria a su equipo en un partido que daban por perdido frente a los Dodgers. Gracias a un aficionado que grabó la retransmisión, hoy en día podemos escuchar al locutor Russ Hodges desgañitarse, “Los Giants ganan el título”, radiando el que se convertiría en “el golpe que se oyó en todo el mundo”. Según cuenta la leyenda, aquella carrera recibió ese poético apelativo, inspirado en Emerson, porque el partido fue escuchado masivamente en la Radio de las Fuerzas Armadas por los soldados norteamericanos destinados en Corea.



El alarido de Hodges, “Los Giants ganan el título”, aparece una y otra vez repetido en el prólogo de Submundo, que relata el partido. Décadas después de la mítica carrera, Don DeLillo realiza, en la novela que lo consagró, un viaje desde su presente hasta aquel pasado no tan remoto, siguiendo la pista de la pelota perdida en las gradas. El destino de aquella pelota se desconoce hoy en día, pero en el universo Delillo su viaje de mano en mano es la excusa argumental que le permite pintar un fresco sobre la historia reciente de los Estados Unidos, un país tan capaz de construir mitos como paranoias. El 3 de octubre de 1951 la Unión Soviética llevaba a cabo su primera prueba nuclear, acontecimiento sobre el que es puntualmente informado Hoover, que se encontraba en aquel momento en las gradas del Polo Grounds disfrutando del partido, según relata DeLillo. Con esta reflexión de Russ Hodges decide el autor finalizar el prólogo de la novela:

Russ piensa que se hallan ante una historia diferente. Piensa que se llevarán de aquí algo que los unirá de un modo extraño, que los vinculará a un recuerdo dotado de poder protector. En la avenida Amsterdam la gente trepa a las farolas y en Little Italy hace sonar las bocinas. ¿Acaso no es posible que este instante de mediados de siglo penetre en la piel de un modo más duradero que las vastas estrategias de conformación de líderes eminentes, de acerados generales con gafas de sol: las visiones cartografiadas que taladran nuestros sueños? Russ quiere pensar que algo como aquello nos mantiene a salvo de un modo indeterminado. Esto es lo que pulsará en su mente cuando sea viejo y vea doble y se maree: la sensación de euforia, el brinco de espectadores que ya estaban en pie, ese relámpago de sonido y de gozo cuando entró la pelota. Esta es la historia del pueblo y posee una carne y un aliento que se aceleran bajo la fuerza de ese viejo y amable juego nuestro. Y los hinchas que hoy acudieran a los Polo Grounds podrán contar a sus nietos –serán ancianos flatulentos apoyados en el siglo que viene e intentando convencer a quienes quieran escucharles, insistiendo con su aliento oloroso a medicina– que estaban aquí cuando sucedió.
El borracho de la gabardina está corriendo de base en base. Le ven rodear la primera, palmeando el aire con las manos para no desviarse al campo derecho. Se aproxima a la segunda hecho un remolino de faldones y extremidades y cordones sin atar y cinturón colgante. Advierte que va a resbalar y se detienen para ver cómo despega.
Todos los fragmentos de la tarde se arremolinan en torno a su forma en vuelo. Gritos, chasquidos de bates, vejigas llenas y bostezos aislados, la abundancia, como granos de arena, de cosas que no se pueden enumerar.
Todo va depositándose indeleblemente en el pasado.
Don DeLillo, Submundo
Más sobre DeLillo en:
  • "Submundo de Don DeLillo", crítica de la novela por Gonzalo WW, en Hislibris. “Submundo sacó a Don DeLillo de la relativa oscuridad en la que escribía para colocarle entre los narradores más prometedores de Norteamérica. ¿Qué tiene este libro para atraer tal interés?” Esta extensa crítica aporta unas cuantas respuestas a la pregunta.
  • "¿Dónde vas, Don DeLillo?", por Álvaro Cortina, en El Mundo. Posteriores novelas del autor no han logrado la resonancia y éxito crítico de Submundo.
  • "Fascinación surgió del miedo que masticamos", por Julio Valdeón Blanco, en El Cultural. El propio autor se defiende: “Yo no podía escribir Submundo II y luego Submundo III. Necesitaba explorar nuevos caminos”. Alérgico a las entrevistas, al parecer su consigna es una por libro y país, recientemente concedió esta por la publicación en España de una de sus primeras novelas, Fascinación (Running dog).

domingo, 25 de marzo de 2012

Sobre el 14 de febrero: Yukio Mishima

“Me ha encantado, es una delicia”; “A mí también, aunque es muy clásico”, “Y a mí, pero es un ejercicio literario”. Posturas en la misma línea para la reunión dedicada a El rumor del oleaje y muchos aspectos tratados: desde el talento y la extraña personalidad del autor, Yukio Mishima, hasta las traducciones que leímos, en particular la catalana, en la que el traductor opta por hacer hablar a los habitantes de la isla en un dialecto que no corresponde con ninguno real del catalán, solución que no fue del gusto de todos.

Experimento
“Me ha gustado, sí que es un estilo clásico, decimonónico, en las descripciones, la narración en tercera persona… al estilo de Balzac, y la situación está muy bien buscada, pero es un experimento literario, se trata de un ejercicio literario de mucho nivel pero todo es artificial. Es un buenísimo escritor y eso hace que quede mitigado, el nivel profundo es muy sutil, va con carga de profundidad, pero el libro tiene lo que tiene”
“Bueno, desde luego no tiene crítica social, es de derechas, como siempre pasa con los libros que propongo”
“Hombre, no hay muchos escritores que hayan hecho un golpe de Estado”
“Ideológicamente se nota su carácter conservador, seguramente porque lo sabes”
“Y aquí está el experimento, se trata de reproducir todo lo bueno del Japón”

Paraíso
“Si de lo que se trata es de retratar un paraíso, lo consigue, puedes visualizarlo con sus descripciones, con muy pocas palabras lo estás viendo”
“Sus descripciones son muy visuales, muy detalladas, se visualiza perfectamente el santuario, los pinos torii…”
“En la descripción de los momentos de descanso de las buceadoras me parecía estar ante un cuadro de Gaugin”
“Sí, puedes meterte allí, yo me sentía al lado de las buceadoras. Y en las descripciones hay expresiones muy bonitas: el agua cristalina cayendo sobre el musgo, las escaleras brillantes como si estuvieran cubiertas de barniz… No es poético, es realista, pero es muy bonito”

Artificio
“Encuentro que hay una disonancia temporal, el retrato de la isla parece que esté ambientado hace siglos, pero luego cuenta la vida fuera de la isla y te das cuenta de que son los años 50”
“El libro responde al típico esquema de las historias japonesas, chico tímido frente a chico descarado, según Ruth Benedict, la antropóloga autora de La espada y el crisantemo, el libro que Mishima siempre recomendaba a los extranjeros”
“Los occidentales, al escribir historias de amor, suelen fijarse en los estados psicológicos de los personaje y describirlos, aquí no pasa”
“Por eso a mí me ha extrañado que lo relacionaras con Balzac. A mí me ha recordado Una habitación con vistas, que es una historia de amor entre dos jóvenes, como esta, contada también por un homosexual, y en ninguna de las dos hay romanticismo”
“Se trata de un ejercicio literario de mucho nivel pero todo es artificial. Es un homosexual contando una historia de amor heterosexual. Parte de una historia de amor para demostrar que Japón sabe resolver solo sus propios problemas, como queriendo decir: así arreglamos los japoneses nuestros conflictos. Le interesa describir un personaje no corrompido por el intelecto y exaltar su fortaleza física”
“Pero no es tanto que lo presente como a un pazguato, sino como a alguien muy prudente, con una sensibilidad no intelectualizada y un gran conocimiento de las personas”
“A mí me pareció que se excede en su afán por retratar su inocencia y la de la chica, hasta llegar a extremos grotescos como cuando se despiertan desnudos frente a la hoguera, se empeña tanto en acentuar su inocencia que queda artificial”

Suicidio, violación y humor
“Me ha llamado la atención que los personajes se refieren varias veces y con mucha naturalidad al suicidio, debe de ser un rasgo característico de la cultura japonesa y de hecho el propio autor se suicidó”
“Cuando se suicidó, los periodistas occidentales no se lo creían al principio, pensaron que era una de sus boutades
“Otra cosa que también me llamó la atención es su curioso sentido del humor, como el intento de violación, que acaba siendo divertido con la irrupción de la avispa me sorprendió mucho, me pareció que solo de una personalidad muy peculiar podía salir algo así”

Talento y obsesión
“Fue un autor muy prolífico y sus novelas tienen estilos muy diferentes. Sol y acero es su ensayo más revelador. En su obra, las obsesiones permanecen y también los arquetipos de belleza pero es lo único. Por ejemplo, en Confesiones de una máscara hay también un personaje fuerte idealizado al estilo de esta, Omi, pero no tiene nada que ver en cuanto al estilo. Nieve de primavera es más parecida, recuerda a Thomas Mann, que era su escritor favorito”
“El mismo Kawabata, que ganó el premio Nobel cuando en todas las quinielas estaba Mishima, reconoció que un talento como el de Mishima solo surge cada dos o tres siglos”

miércoles, 7 de marzo de 2012

13 de marzo: La otra guerra


“No se puede contar todo, una vida no se puede desplegar por completo […] Se puede sacudir como una alfombra sucia, pero nadie se alegra si lo hacen en su cara”, afirmó Thomas Bernhard en una entrevista concedida pocos años antes de su muerte. Curiosas declaraciones teniendo en cuenta que es el autor de una de las más reputadas autobiografías del siglo XX. Para quien las recuerda –el escritor Eduardo Escobar–, “Bernhard nos obliga a masticar una sustancia incalificable parecida a la arena […] causa un malestar bien definido más allá del que suscitan las perversiones de su sintaxis plana”.
Complaciente no es el adjetivo que mejor encaja en la obra y estilo de Thomas Bernhard. Hace ya unos años, el Teatre Lliure estrenaba una de sus obras, El hombre de teatro, presentada en esta crónica del programa La Mandragora como una diatriba contra la cultura de la vieja Europa con Lluís Homar como protagonista absoluto:



Tras comentar las de Canetti y Sartre, es el turno de tratar en Novelantes la autobiografía de Thomas Bernhard, en concreto su primer volumen, El origen, que narra la solitaria adolescencia del autor en un Salzburgo de pesadilla bajo las bombas aliadas durante la II Guerra Mundial. Como apunta Jaume Magre en su lectura de la obra, el único momento en que Bernhard parece mostrarse conmovido por Salzburgo es cuando la ciudad, “bajo el frenesí de las bombas durante la guerra […] se muestra desesperada, adquiriendo de ese modo características humanas”.
La fealdad y la degradación, que progresaban rápidamente en esa ciudad no sólo desfigurada por los bombardeos y sus consecuencias sino también transformada por los, al fin y al cabo, millares de fugitivos que caían sobre ella en una ciudad caótica de pies a cabeza, le daban de pronto rasgos humanos, y por eso pude amar realmente con fervor, y amé con fervor, a esa ciudad mía, sólo en esa época, ni antes ni después. Ahora, en la mayor tribulación, esa ciudad era de pronto lo que antes jamás fue: una naturaleza viva, aunque también desesperada, como organismo urbano, el museo de belleza muerto y mentiroso que había sido siempre hasta ese momento de su mayor desesperación se llenó de humanidad, su embrutecimiento petrificado como cuerpo muerto era de repente soportable en su desesperación y falta de esperanza supremas, y yo la amaba así.
Thomas Bernhard, El origen
Más sobre Bernhard en:
  • “El ocaso del comediante”, por Guillem Clua, en El Periódico. Artículo sobre el estreno de Un hombre de teatro en el Teatre Lliure.
  • “Bernhard o el despojamiento”, por Eduardo Escobar, en Revista Universidad de Antioquia. De como Bernhard inspiró la obra de un escritor que ni siquiera lo había leído.
  • “Thomas Bernhard: El artista creado por la ciudad”, por Jaume Magre, en Scriptura. La lectura de El Origen lleva a buscar relaciones entre la ciudad y autores como Baudelaire y Nietzsche, así como una hipotética definición de ciudad en contraposición a la cosmovisión antagónica de pueblo.

domingo, 5 de febrero de 2012

14 de febrero: Amor a la japonesa


Yukio Mishima es unánimemente aclamado por la crítica como uno de los mejores escritores en lengua japonesa, no obstante me atrevería a decir que en Occidente es mucho más famoso por su suicidio ritual que conocido por sus obras.
Así lo relata Paul Shrader en su película, Mishima, una vida en cuatro capítulos, que estrenó poco más de una década después de la muerte del autor:

Sin embargo, creo que es importante que lo conozcamos como escritor, que catemos una de sus obras, que intentemos entenderle en esa faceta. En este libro que comentamos vemos en él a alguien muy atento a la belleza y a las descripciones detallistas; también se revela en El rumor del oleaje como un enamorado de su Japón natal, observad que idílica es su isla de Utajima, como sus héroes son esforzados y atentos, como siguen, sin decirlo, la perfecta filosofía del bushido, en el universo de la isla, todo es perfecto, hasta que la maledicencia lo corrompe, claro, en todo caso la solución está en la demostración por parte del héroe de que él como persona posee unas cualidades morales superiores. Pero miremos con qué amor describe Mishima a un personaje no tan encumbrado, la mujer del encargado del faro:
La señora de la casa era de verdad una buena persona y también una gran lectora. No sólo había sido en el pasado maestra en una escuela femenina rural, sino que los muchos años de su vida transcurridos en diversos faros habían estimulado todavía más su amor por la lectura, hasta tal punto que ahora poseía un conocimiento sobre casi todo rayano en lo enciclopédico. Igual que sabía que la Ópera de La Scala estaba en Milán, también sabía que determinada actriz cinematográfica de Tokyo se había torcido un tobillo, así como el lugar donde había sucedido el percance. Discutía con su marido hasta tenerlo acorralado, y entonces, como para compensarle, concentraba toda su atención en zurcirle los calcetines o prepararle la cena. Cuando tenían visitantes, la mujer charlaba por los codos. Los lugareños escuchaban embelesados a la elocuente señora de la casa, e incluso algunos la comparaban desfavorablemente con sus taciturnas esposas y sentían una simpatía un tanto impertinente hacia el farero. Pero éste albergaba un gran respeto por los conocimientos de su mujer.
Yukio Mishima, El rumor del oleaje
Más sobre Mishima en:

jueves, 26 de enero de 2012

Sobre el 10 de enero: Orson Scott Card


“Me encantó este librito. Narrativa breve y efectiva, un tentempié muy recomendable si lo que se desea es una lectura adolescente y sin complicaciones formales.” Abrimos este resumen de la reunión sobre El juego de Ender con un comentario elogioso de la novela dejado en este blog, para compensar lo que viene a continuación: en la sesión, incluso quien lo había propuesto, abrumado por categóricos “no me ha gustado” o “no lo he leído”, confesó: “No puedo defenderlo.” Según él, la segunda parte de la saga es la que realmente vale la pena, ¿lo intentamos?

El juego de Ender: el cuento
“Al leerlo por segunda vez, sabiendo que hay un cuento, he imaginado qué cortaría y me parece evidente que sería el comienzo y el final, el último capítulo es prescindible, parece escrito para enlazar con la siguiente entrega de la saga”
“A mí me gustó mucho la novela y por eso me he puesto a leer el cuento para venir y me gusta también porque en el cuento justifica por qué utilizan niños para ir a la guerra”
“En la novela también se justifica”
“Pues yo no lo he visto justificado en la novela y todavía no lo entiendo”
“Otro cuento que da lugar a una novela es La casa de canto, pero parte de un error, que todo el mundo interpreta igual la música”

Diálogos y videojuegos
“Lo bueno de este autor son los diálogos, son muy vivos y hacen avanzar la acción”
“Él lo sabe y por eso inicia los capítulos con diálogos”
“Esa me parece la fortaleza del libro, aparte de la fantasía”
“Al principio no se sabe quiénes hablan, yo iba perdida. El principio prometía, pero luego no me ha gustado nada, creo que si no te gustan los videojuegos es difícil que te guste esta novela, porque describe hasta el último detalle”
“Yo no lo ha leído, pero, por lo que decís, recuerda a James Ellroy, en sus descripciones de combates de boxeo, que son de un nivel de detalle que a mí me aburre soberanamente, pero le reconozco el mérito”
“Todas las batallas las va describiendo y es muy aburrido, yo no lo entendía y me lo saltaba”
“Coge una estructura y la repite 50 veces”

Básico de la ciencia ficción
“Sin embargo yo creo que esa fue la razón de su éxito, porque cuando se publicó, en los 80, comenzaba la fiebre por los videojuegos”
“Los personajes dan bandazos psicológicamente hablando, toman posiciones muy extremadas. Es un autor que cultiva la exageración”
“Pero el niño evoluciona, como cuando pasas de pantalla”
“Hay un momento en que piensas que lo de los insectores es un invento”
“Cuando habla por ejemplo de aparatos de vídeo, a mí me pareció un poco ridículo, un futurismo superado”
“Ese es precisamente el encanto de la ciencia ficción”
“Y este libro es un básico de la ciencia ficción”