
Careció de hilo conductor la sesión dedicada una novela en la que “la falta de un hilo cronológico dificulta la lectura”. Hay un cuentista con pico de oro, por eso fue considerada una especie de Las mil y una noches, pero no convenció “un narrador que duda, que no acaba de ser omnisciente”. Porque Rushdie plantea “intriga en todas direcciones pero el resultado es decepcionante”, la trama se resiente: “Alarga demasiado el misterio, hubiera sido mejor para la dinámica del libro se resolviera antes.”
El resultado de esa batidora de historia y personajes que Rushdie pone en marcha fue indigesta para todos los que la leyeron: “La mezcla de imaginación e historia no me convence, no me convence la vena fantasiosa.” “A mí lo que me resultó indigesto fue la conjugación de ambos mundos, porque la descripción del ambiente oriental es rica, divertida, mientras que la recreación de occidente es ortopédica. En la bibliografía, la mayoría de títulos se refieren a historia de occidente, ahí se ha tenido que documentar más y se nota.”
Un novelante se quedó en el camino, con apenas 40 páginas leídas, desmotivado por las declaraciones del autor: “En una entrevista indica que quería que se conocieran personajes históricos que coincidieron en el tiempo pero nunca llegaron a encontrarse y eso me quitó las ganas de leerla”; sin embargo, otro, que se había enfadado en una conferencia de Richard Ford, “me pareció un paleto”, se vio deslumbrado por Rushdie, “todo lo que decía era interesante”, y, no obstante, también le decepcionó La encantadora de Florencia. A ver si no vamos a poder volver a “El valor de la paraula”… ¿Es malo que un escritor hable tanto de su propia obra?
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